Edgard Rodríguez C. [email protected]
Los Cachorros de Chicago no ganan una Serie Mundial desde 1908. No participan en un clásico de octubre desde 1945. Desde ese año al 2002, han pasado 57 temporadas y sólo en 16 de ellas han registrado más victorias que derrotas.
Desde 1945, sólo tres veces han pasado a los play offs. En 1984 los eliminó San Diego. En 1989 los derrotó San Francisco, y en 1998, Atlanta los despachó rapidito. En tres de las últimas cuatro campañas, han perdido más de 90 partidos.
Tienen tanto color de perdedores, que los expertos del béisbol consideran en sus análisis lo que ellos llaman el “factor cachorro”, que significa, que entre más ex jugadores de ese plantel tiene un equipo, sus opciones de perder son más altas.
Han buscado desesperadamente ganar, que le hacen reverencia a una cabra. Resulta que un señor llegó al estadio con su mascota (una cabra) y no se la dejaron entrar. Disgustado se marchó y les dijo que nunca serían ganadores. Tienen el día de la cabra y nada.
A ese equipo, es al que dirigirá Dusty Baker.
Para muchos, el popular mentor que guió a los Gigantes a la última Serie Mundial, ha colocado sobre sus hombros el más grande reto jamás asumido en su carrera. Llega a un club que registró récord de 67-95 este año y nadie se sorprendió.
“Amo el béisbol y me gustan los desafíos”, ha dicho Baker. Y ciertamente tiene uno grande en sus espaldas. Se ha amarrado por cuatro años con los Cachorros con un contrato de 16 millones, superado sólo por Joe Torre de los Yanquis.
Baker ha sido exitoso. En los últimos seis años con los Gigantes, tuvo un promedio de 91 éxitos por campaña. Sin embargo tendrá que echar manos de sus mejores recursos para sobrevivir con un equipo que no escapa de la mediocridad.
¿Podrá el factor Baker superar al factor cachorro? Lo esencial será las movidas que haga este club. Si le cumplen la promesa a Baker, de traer el mejor personal posible, entonces Chicago podrá pelear y a la vez dejará de ser el hazmerreír de los demás.