- Nació y se crió en la comunidad de Miraflor, a 32 kilómetros al norte de Estelí, su niñez transcurrió en medio de la pobreza campesina que la obligó a trabajar desde los ocho años. Hoy en día es reconocida como una de las mejores catadoras de café de Latinoamérica a sus cortos 22 años. Tiene una hermana gemela que no es idéntica, quien trabaja en un laboratorio que fabrica insecticida orgánico.
Gustavo Ortega Campos [email protected]
De origen campesino, Marbelly García López, en este año ha viajado a tres países a los que nunca se imaginó conocer: Noruega, Suecia y Brasil. Este viaje no lo pensó ni en los sueños que mantuvo en su difícil infancia, época en la que logró tener su primeramuñeca hasta los 10 años, gracias a la campaña electoral de 1990.
Hoy en día es toda una experta catadora reconocida a nivel internacional, más aún por su corta edad: 22 años, lo que la convierte en la más joven del país y probablemente de toda la región.
De estatura baja, con el color campesino natural, Marbelly conoció el café cortándolo en compañía de sus padres, dos campesinos que junto a sus cuatro hijos trabajaban en los surcos de las fincas en la zona de Miraflor, Estelí. “Aprendí a catar chupando los granos desde niña”, dice en medio de risas.
Orgullosa resalta que a pesar de la pobreza, su madre, a quien ahora mantiene con los réditos de su ocupación, se preocupó porque estudiara, al punto que hoy en día es una bachillera con muchas intenciones de profesionalizarse en turismo.
Tiene un hermano, el único varón entre cuatro hermanas, que también se dedica a la catación en las cooperativas de Estelí.
¿Cómo lograste el arte de catación siendo solo una bachillera?
Con el apoyo de la Unión de Cooperativas Agropecuarias (UCA) ingresé en el Instituto Secundario de Miraflor, estudie mi bachillerato y la carrera técnica en agroecología, bajo la modalidad sabatina, lo que me permitía en los días de semana trabajar en el movimiento de jóvenes. Desde estos espacios de trabajo logré apropiarme de la importancia de la protección de los recursos naturales, aprender sobre ecoturismo, salud ambiental, relaciones entre géneros y en ese proceso fui seleccionada para participar en una capacitación intensiva para catación de café, financiada por la UCA Miraflor e impartido por Unicafé (Unión Nicaragüense de Cafetaleros).
Ahí ya saliste a trabajar, ¿quiere decir que es fácil?
No, seguí estudiando, me integré a los cursos con el proyecto Thanksgiving Cofee de la AID (Agencia Internacional para el Desarrollo) por año y medio, pasé el curso y me quedé haciendo las actividades con los jóvenes, me quedé con la teoría y no la práctica. Pero se me presentó la oportunidad de trabajar en Jinotega, donde recibí la capacitación. Llegué en diciembre, ya voy a cumplir un año de estar en la Sociedad de Pequeños Productores Exportadores de Café (Soppexca).
¿Y cómo empezaste, con nervios?
(Risas), yo no sabía cómo agarrar la práctica, o sea llevaba toda la teoría, probaba la taza, identificaba daños, pero no sabía cómo sacar una muestra… con el tiempo fui aprendiendo, vino el certamen Taza de la Excelencia 2002 donde nos invitaron a todos los catadores nacionales, llegamos 27, ahí nos enseñaron un formulario que ninguno conocía, fue la primera vez que lo mirábamos y era para valorar a todos los catadores y luego seleccionaron 12, los que pasamos a formar parte del jurado nacional del certamen.
Lograste llegar al certamen, ¿qué te pareció la experiencia?
Pues seleccionamos 285 muestras y seleccionamos hasta llegar a los 48 mejores cafés. Eran dos catadores los que se iban a seleccionar para formar parte del jurado internacional del concurso y salimos tres…
Seguíste triunfando…
(Risas), quedaron dos varones y yo, de los tres era la de menos experiencia porque sólo llevaba dos años de aprendizaje. Pasando la competencia hubo un viaje a Noruega, viajamos una brigada (delegación) conformada por los productores ganadores del certamen y yo, andábamos en una conferencia de cafés especiales y nos dieron un espacio para promover el café nicaragüense.
Te cruzaste “el charco”…
¡Sí!, fuimos también a Suecia, posteriormente, el 13 de noviembre, fui a Brasil por gestión de don Roberto Bendaña (presidente del Comité Organizador del certamen Taza de la Excelencia y viceministro Agropecuario y Forestal), fui invitada a formar parte del jurado internacional del certamen Taza de la Excelencia de Brasil.
¿Qué tal el portugués, no tuviste problemas?
Noooo, entendía más portugués que inglés. Ahí llegué a formar parte del jurado internacional pues cuando llegué uno de los catadores nacionales no llegó, inicié como jurado nacional reponiendo al ausente y luego estuve en el jurado internacional. Nos hicieron varias evaluaciones y quedé en el tercer lugar de los catadores de Brasil, en medio de los mejores.
FELICIDADES…
Hay más, también evaluaron el jurado internacional, seleccionamos los mejores 18 cafés de Brasil y quedé en el tercer lugar entre los 35 catadores internacionales que estábamos, el primer lugar lo obtuvo el juez principal, George Howell; el segundo lugar lo logró el catador principal de Brasil y luego quedé yo.
¿Qué pensás de estos triunfos?
Que así demostramos que en Nicaragua hay capacidad de competir.
¿Tomás café?
No, antes de ser catadora sí tomaba café.
¿Es requisito?
No, hay catadores que toman café, bueno para mí es mejor no tomar porque se puede grabar (en la memoria) y eso podría afectar al momento de una catación, para mí es preferible no tomarlo.
Dicen que sos la catadora más joven de la región centroamericana…
En las competencias nacionales sí lo soy, igual en Brasil.
Basada en tu experiencia, ¿qué tan bueno es el café nica?
Es el mejor, sin duda alguna, es de gran calidad. Brasil sacó 18 lugares (en su concurso Taza de la Excelencia), pero no de la calidad como la de Nicaragua, tal vez puede ser el mayor productor del mundo, pero en calidad no nos mete la mano. En Centroamérica también estamos en el primer lugar. Hay que sacar en alto a Nicaragua.
Te trasladaste de Miraflor (Estelí) a Jinotega, ¿ya te adaptaste a estar lejos de tu tierra natal?, porque en tu conversación se te nota nostálgica, con “cabanga”…
(Sonríe con timidez), vivo en una casa que tiene la organización donde trabajo, los fines de semana me voy a Estelí… mi madre no trabaja y yo invierto todo en mi familia, mi papá trabaja a medio tiempo, por eso vivo pendiente de ellos.
Sos bien joven, 22 años, ¿qué hacés para distraerte? ¿tus pasatiempos cuáles son?
No tengo casi tiempo libre, a veces trabajo hasta los domingos, pero cuando pasa la temporada me encargo de guardar muestras de los productores para confirmar los resultados hechos en las pruebas preliminares…
¿En tu niñez pensaste llegar a ser una gran catadora ?
No, al principio ni me gustaba, con el tiempo me fue gustando mucho, aquí en Nicaragua habemos pocos catadores y la gente ni sabe lo que hacemos.
¿Para lograrlo se nace o se estudia?
Yo no pensaba serlo, cuando estudié era de las que menos participaba y opinaba, había mejores alumnos que yo, pero la práctica te hace mejor. La catación son 100 lecciones y cada una se aprende en un año, una palabra la aprendemos cada día, todo es práctica…
¿Quiere decir que para ser lo mejor tenés que estudiar 100 años?, ¡eso es imposible!
(Risas), sí, yo no puedo decir que soy una experta catadora, porque cada días se va aprendiendo.
¿Qué tanto te diferencias de tu hermana gemela?, decís que no son parecidas…
Ella es alta y delgada, yo soy más chaparra… ella es más seria, yo soy más habladora.
¿Y los novios?
No tengo, pienso seguir estudiando, estudiar una profesión, licenciatura en turismo, ahora se están abriendo nuevas oportunidades, el café puede ser fuente de turismo y además quiero estudiar inglés.
¿Es bien pagada la profesión?
Los catadores en Nicaragua ganan hasta 900 dólares, yo gano 400, para mi está bien pues antes no tenía la oportunidad de ganarlos, pero lo mas importantes son las relaciones y contactos.
Dicen que sos la mejor…
Voy aprendiendo, pero tal vez más adelante sí me voy a considerar la mejor catadora del país, ahorita no lo siento así.
LOS “MANDAMIENTOS”
Un catador está restringido de muchas cosas para evitar afectaciones en su labor que requiere de mucha concentración.
– No debe ingerir licor.
– No debe fumar.
– Cuando se realiza la catación no se deben usar perfumes de ningún tipo y las mujeres no deben usar maquillaje.
– No pueden estar cercanos a ruidos de ningún tipo
– La catación debe realizarse dos horas después de tomar o comer para evitar la confusión de sabores.
– Todo el proceso de catación puede durar como promedio entre cuatro y cinco horas, e inicia con la selección de las muestras.
Toda una experta
Cuando Marbelly García habla de la catación, lo hace con toda la seriedad del caso. Así demuestra categóricamente que sabe de su profesión, pese a que ella considera que aún le falta mucho por aprender.
Con una elocuencia natural explica que un laboratorio de catación sirve para identificar los daños y características de una muestra de café.
“Una taza de café a analizar debe estar compuesta de 30 granos, y si hay un solo grano malo afecta al resto”.
En el proceso de catación se observan cinco características, una de ellas es la fragancia que se comprueba al momento de tostar y moler el grano, “aquí se analizan los volátiles que lanza la muestra”, detalla la experta.
“Luego se echan 120 gramos de café (molido) en un vaso de 180 mililitros de agua a una temperatura de 90 grados (centígrados), esto para analizar el aroma, o sea se identifican los gases que desprende al momento de hacerse la infusión”.
El tercer paso es “quebrar” la taza, es decir que se introduce una cuchara en la taza y se retiran las partículas de café que quedaron arriba tras verter el agua caliente, “olemos si tiene un defecto o algo especial, luego limpiamos la taza (retiran la nata de encima) y posteriormente procedemos a identificar el cuerpo, que es la pesadez que queda alrededor de la lengua luego de cinco segundos de haber probado el café”.
Luego de identificadas la fragancia, el aroma, el cuerpo, se identifica la acidez, proceso que se realiza con la punta de la lengua. “podemos compararla con cítricos” y por último se analiza el sabor.
Sin embargo explicó que cuando se realizan competencias se agregan tres análisis más: la dulzura, limpieza y el grado de daños. “Generalmente buscamos daños pero no identificamos el volumen de éstos”.
