Cefas Asensio Fló[email protected]
Es muy común escuchar que al convertir a Centroamérica en una zona de libre comercio se incrementarán las exportaciones y mejorará la balanza comercial, histórica y crecientemente deficitaria; pero la realidad hace que este escenario optimista sea observado y funcione bajo determinadas condiciones.
Declarar una zona de libre comercio supone la desarancelización de los productos que entran y se mueven dentro de esa zona o región, y esta facilitación se traducirá en un incremento de las importaciones de bienes y servicios; pero si las exportaciones de los productos regionales no se incrementan en mayor proporción que las importaciones el déficit comercial se mantendrá o se ampliará.
Lo anterior implica para nuestros países el tener que considerar simultáneamente políticas y estrategias de incremento de la productividad y promoción de las exportaciones que permitan hacer competitivos nuestros productos en el mercado internacional, lo cual requiere de inversiones nacionales y extranjeras.
La pregunta es ¿qué tipo de inversiones son las que realmente contribuyen a este propósito? Ciertamente no los llamados capitales golondrinas que sólo aprovechan oportunidades de corto plazo para llevarse jugosas ganancias; se requiere de capitales estables que a la par de considerar sus ganancias —a las que tienen derecho— también consideren, o la legislación local les haga considerar, la reinversión, el desarrollo de capacidades locales y repatriaciones moderadas de capitales, de modo que también nuestros países fortalezcan su productividad a mediano plazo.
En particular, el desarrollo de capacidades locales parece no estar siendo la virtud principal de las empresas multinacionales, por lo que, entre otros, es necesario desarrollar la visión de conglomerados de empresas nacionales alrededor de aquellas multinacionales que se establezcan en nuestros territorios, de modo que sean nuestros países los que aseguren la cadena de valor de sus productos.
Además, para ser más competitivos en las exportaciones, es necesario aprovechar las capacidades de las empresas regionales especializadas en las importaciones a favor también de las exportaciones, y es preciso considerar los tipos de productos que se intercambian.
Lógicamente, no es prudente favorecer el incremento de importaciones de un producto donde hay competitividad local, sino más bien enfocarse en aquellos productos que son necesarios y no se producen localmente. Por lo que siempre hay que preguntarse ¿qué recibirán nuestros países a cambio de las facilitaciones que se hacen o harán a los países industrializados para que comercien sus productos en nuestra región? ¿Se incrementarán las cuotas de nuestros productos en sus mercados? ¿Mejorarán los precios de nuestros productos?
La decisión de acordar los términos del intercambio debería tomarse siempre que el saldo neto global sea positivo para nuestras exportaciones, en el corto plazo; pero más aún en el mediano plazo, teniendo claridad de cómo la competitividad asegurará el incremento, variedad y calidad de las mismas.
Por otro lado, de la integración comercial centroamericana se tiende a asumir como un hecho que nos hará crecer económicamente y con el crecimiento económico se resolverán las inequidades sociales en educación, salud, vivienda y otros. Supongamos por un momento que se ha logrado un plan de desarrollo comercial concertado con uno de producción y competitividad, ¿se producirá automáticamente el goteo económico hacia los sectores deprimidos?, ¿el incremento de ingresos a los hogares se reflejará en mejor salud, más educación, mejores viviendas, especialmente para las familias pobres? ¿integrará estos planes a las micro, pequeñas y medianas empresas?
La historia del desarrollo económico indica que si no se involucra desde un inicio a estos sectores como parte de un plan de desarrollo, entonces la equidad será solamente un discurso o un sueño romántico. Las experiencias exitosas de desarrollo en países con pequeñas o medianas economías indican que es necesario desarrollar simultáneamente con estrategias de crecimiento económico (como lo son las propuestas de libre comercio) políticas y estrategias incluyentes y distributivas, tales como las fiscales progresivas y cuyos ingresos sean destinados a invertir inteligentemente en sectores sociales que lo requieren, o educacionales que aseguren la participación estratégica y no excluyente de todos los sectores en este crecimiento, así como las de inserción inteligente de las micro, pequeñas y medianas empresas que cuentan con capital social y humano.
El autor es consultor en Investigación y Desarrollo Social.
