Claudio Gutiérrez Huete*
Managua llega al 23 de diciembre de 1972 prácticamente en las mismas condiciones tecnológicas que en marzo de 1931: ausencia de vigilancia sísmica; muy pocos datos de nuestra realidad sísmico-tectónica; pocas construcciones con diseño antisísmico; sin un Código de Construcción y sin control en los materiales de construcción. Esto explica la catástrofe de esa madrugada.
En los primeros años posterremoto se ejecutó gran cantidad de estudios geológicos. Se estableció un Código de Construcción que se aplicó estrictamente hasta los años 79 u 80. Se estableció que no se debía construir edificios sobre fallas geológicas y se comenzó a exigir un estudio geológico para cada nueva construcción. Esto condujo en los años posteriores a numerosos estudios locales que aportaron mucha información sobre la geología de Managua.
En 1992 Nicaragua tenía solamente dos estaciones sísmicas en todo el territorio nacional para la vigilancia sísmica. A partir de ese año se inició la reconstrucción de la Red Sísmica, actualmente constituida por 37 estaciones sísmicas telemétricas; 22 estaciones acelerográficas; 2 estaciones de banda ancha y una autónoma digital. En un radio de 25 km alrededor de Managua se tienen 11 estaciones y 5 acelerógrafos y la Central Sísmica monitorea permanentemente el funcionamiento de la Red.
Gracias a esta Red ahora conocemos que desde 1975 la ocurrencia de sismos en el área de Managua es relativamente baja cuando se le compara con la alta densidad de epicentros al sureste y noroeste de la capital. La causa de esta relativa calma sísmica todavía no es clara y es válido preguntarse: ¿Existían esas mismas condiciones desde antes del terremoto de 1931 y antes del terremoto de 1972?
Con el apoyo del Servicio Geológico de la República Checa se elaboraron en 1997 mapas geológicos y de la amenaza geológica de Managua. En el Estudio de Microzonificación Sísmica de Managua (1999-2000) no se encontró grandes diferencias en el comportamiento del suelo entre las distintas zonas de Managua y se propone clasificar el área sobre la base de la cercanía a fallas activas y a los bordes de cráteres volcánicos.
En el período 2001-2002 se realiza la actualización del Mapa de Fallas Geológicas de Managua en un área de 252 km2 que es el más completo disponible a la fecha. Incorpora la información de los trabajos inmediatos posterremoto, los estudios efectuados por instituciones extranjeras y geólogos privados y nuevos análisis a partir de trabajos de campo e interpretación de fotografías aéreas. Managua cuenta ahora con una herramienta indispensable para la planificación de su desarrollo urbano y de gran utilidad para las empresas de servicios públicos, lo mismo que para geólogos privados y la ciudadanía en general.
Gracias a estos trabajos Managua es actualmente la única capital en Centroamérica que cuenta con un mapa actualizado de sus fallas geológicas, y un Sistema de Información Geográfica con múltiples capas de información, al cual sus ciudadanos pueden tener acceso directo vía internet (www.ineter.gob.ni).
El ordenamiento del uso del suelo urbano; la actualización del Código de Construcción; la información y educación a la población; la elaboración de planes de emergencia para antes, durante y después del desastre; y en fin, ejecutar todas las acciones para disminuir el riesgo, hasta donde sea humanamente posible, requiere de un conocimiento sólido de la amenaza geológica con la que tenemos que convivir. El conocimiento de la amenaza geológica nos permite diseñar mejor las acciones de prevención y mitigación para reducir nuestra vulnerabilidad ante fenómenos inmutables de la naturaleza que el hombre no puede influenciar ni manejar.
Para ello es necesario continuar con el estudio de las fallas geológicas en aquellas zonas que no están incluidas en el último mapa e investigar, poco a poco, las características geométricas y estructurales de las principales fallas.
Asimismo, es deseable aumentar la densidad de estaciones sísmicas telemétricas en el área urbana de Managua y tener al menos 20 estaciones para detectar y localizar microsismos en las fallas y complejos volcánicos.
En el futuro se debería establecer la vigilancia de las principales fallas mediante la instalación de redes geofísicas, geodésicas y gravimétricas para investigar la ocurrencia de posibles señales premonitoras.
Es necesario el establecimiento de una Central Sísmica alterna en El Crucero para evitar la interrupción la vigilancia en el caso de un evento extraordinario que inutilice la actual Central Sísmica.
En los próximos meses se iniciará con financiamiento del Banco Mundial y bajo los auspicios del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (SINAPRED), entre otros proyectos, la actualización del Código de Construcción y la determinación de la vulnerabilidad sísmica de Managua, que incluye el análisis estructural de edificaciones importantes y de los servicios básicos vitales.
Es necesario formular un plan de uso del suelo urbano sobre la base de la información geológica ahora disponible; asegurar el estricto cumplimiento del Código de Construcción; establecer el control de calidad de los materiales de construcción; y mantener una campaña permanente de información y educación formal, que debe iniciarse desde la educación primaria y dirigida también a la población en general, sobre la amenaza geológica de Managua.
Decir que en la Región del Pacífico o en Managua pueden ocurrir sismos fuertes en cualquier momento no significa ningún descubrimiento ni constituye predicción alguna. Científicamente, no existe todavía la posibilidad de predecir la fecha, el lugar y la magnitud de un terremoto. Ante esta realidad, que no podemos ni debemos olvidar, es imperativo invertir en la prevención y la mitigación. Por ello, debemos estar siempre preparados no solamente cuando los sismos, pequeños o grandes, cercanos o lejanos, se encarguen de recordarnos esta realidad. Es una premisa y condición sine qua non para Managua y los managuas del Siglo XXI.
* El autor es director de Ineter.
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