Terror, aventuras y lo que pueden llegar a hacer las personas por no perder lo que tienen veremos en las salas de cine a partir del próximo jueves. “El Barco Fantasma”, segunda película del director de 13 Fantasmas; “Fuera de Control”, cinta protagoniza por Ben Affleck y Samuel L. Jackson, nos dará una lección de cómo se comporta el ser humano, independientemente del estrato social y nivel cultural, con tal de alcanzar su objetivo; y la cinta “Minicampeones” es una comedia infantil sobre el sueño de un niño de jugar en la mejor liga de básquetbol profesional del mundo.
El Barco Fantasma
La tripulación de salvamento del remolcador Arctic Warrior es la mejor del ramo. Bajo el mando del capitán Sean Murphy (Gabriel Byrne), y con la pericia de la jefa del equipo de salvamento Maureen Epps (Juliana Margulies), del primer oficial Greer (Isaiah Washington) y de los técnicos Dodge (Ron Eldard), Munder (Karl Urban) y Santos (Alex Dimitriades), pueden localizar cualquier navío abandonado, repararlo hasta que esté en condiciones de navegar y llevarlo de vuelta a tierra… a cambio de un precio.
Cuando el piloto de la fuerza aérea canadiense Jack Ferriman (Desmond Harrington) recluta al equipo para investigar un misterioso navío que ha descubierto flotando a la deriva frente a la costa de Alaska en una zona remota del Mar de Bering, descubren los restos del legendario Antonia Graza, que se creía perdido en el mar desde hacía más de 40 años.
Se trata de un hallazgo sensacional – solamente los derechos de salvamento podrían valer una fortuna. Y según la ley del mar, cualquier navío descubierto en aguas internacionales puede ser reclamado por quienquiera que sea lo suficientemente afortunado de encontrarlo y tenga la destreza suficiente para llevarlo de vuelta a puerto.
Pero una vez a bordo del fantasmagórico y tenebroso barco, la tripulación del Arctic Warrior descubre que el barco en descomposición no está desierto ni mucho menos. Alberga algo más mortífero y espantoso que cualquier cosa con la que se hayan encontrado en todos los años que han pasado en el mar.
Ahora la tripulación debe descubrir la verdad sobre el pasado del barco y desentrañar el misterio que amenaza a su propia supervivencia
El centro de atracción del Antonia Graza era su opulento gran salón de baile, donde las parejas podían danzar toda la noche a los acordes de una orquesta. Los chefs laboraban noche y día en la cocina preparando las delicadezas de la cocina italiana que se servirían en el elegante comedor, y atentos miembros del personal estaban siempre a la orden, ansiosos de proveer a sus huéspedes cualquier cosa que desearan. Era verdaderamente un viaje único en la vida.
Pero cuando el Antonia Graza zarpó para América en la primavera de 1962, sus dichosos pasajeros no tenían idea del terrible mal que pronto se cerniría sobre ellos, sellando su destino y asegurando que este viaje fuera el último.
Barco Fantasma es una película con un corte clásico, es decir, varias personas en un entorno en donde pasan cosas. Esta premisa es, posiblemente, la más utilizada en el género y como consecuencia de esto casi siempre suelen aflorar las mismas cosas, tales como maldiciones, pasados oscuros, personajes poco profundizados.
Todo esto se ha unido al universo de las películas de terror, más concretamente a las conocidas como “de casas encantadas”. Steve Beck, cuya opera prima nos llegó hará un año, con 13 Fantasmas, vuelve a retomar el que parece que es su género preferido, el de las anteriormente mencionadas casas. Pero como lo de hacer otra película igual quedaba feo, ahora ha optado por el mar.
El impresionante (por lo que impresiona visualmente) arranque de esta película y unos originales títulos de crédito (para tratarse de un filme de estas características es original) ponen de manifiesto el gusto estético de Beck, que además de contar con un magnífico equipo para realizar los decorados y demás efectos, ha conseguido además escenas que ya poco miedo causan a los experimentados.
Fuera de control
Ben Affleck y Samuel L. Jackson interpretan a dos personajes de diferentes estratos sociales que están por vivir el día más problemático de sus vidas en este retrato de la paranoia urbana contemporánea, dirigido por el responsable de Un lugar llamado Notting Hill (Notting Hill, 1999).
Por un lado, Gavin Banek es un abogado socio de una de las fundaciones altruistas más importantes de Nueva York, y debe asistir a la corte para firmar algunos documentos antes de meterse en severos problemas. Por el otro, Doyle Gipson es un hombre cuya ex mujer quiere quitarle la custodia de sus hijos debido a su alcoholismo y se dirige al tribunal para impedirlo.
Para su poca fortuna, ninguno de los dos puede llegar a la cita cuando sus autos chocan en un cruce. Muy al estilo de Un día de furia (Falling Down, 1993), las consecuencias de su retraso harán que ambos personajes monten en cólera y lleguen al extremo de sus actos, olvidándose de toda civilidad y consideración para con el causante de ver sus vidas prácticamente arruinadas: ese otro culpable del accidente.
Minicampeones
Calvin Cambridge, un joven huérfano de 14 años y a quien le encanta el básquetbol tiene un sueño: Ser un famoso jugador de baloncesto para ser uno de los mejores de la NBA. Pero su diminuta estatura difiere mucho de los gigantes jugadores con habilidades atléticas inigualables.
Después de ponerse un misterioso par de tenis viejos que tienen inscritas las descoloridas iniciales “MJ”, Calvin da un salto al estrellato, encestando tiros a 7 metros de distancia, pasando la bola por detrás de su espalda y haciendo devastadoras clavadas en la canasta. A lo largo de esta travesía, Calvin le enseña a su incrédulo compañero de cuarto y jugadores del equipo algunas lecciones no relacionadas al deporte.
