- El sistema digestivo de los pequeños es muy delicado y lo que tú puedes pensar son malestares comunes, pueden terminar por ser fatales, por lo tanto es necesario estar atento a cada malestar
La flora intestinal es el órgano más grande del cuerpo humano. Está constituida por millones de bacterias que se alojan en el tubo digestivo desde el nacimiento. Cuando el niño atraviesa el canal vaginal durante el parto, adquiere las bacterias que la madre tiene en sus genitales y ano.
El gastroenterólogo y nutricionista infantil Milton Mejía, explica que la flora intestinal tiene una función importantísima, pues evita que las bacterias que están en el medio ambiente, la colonicen y produzcan diarreas e infecciones en el organismo. Por otro lado, degrada los alimentos ingeridos y hace cambios oportunos en sustancias indispensables para el cuerpo. “En otras palabras, la flora intestinal es una barrera de protección”, dijo.
Existen varios factores que con facilidad pueden alterar la flora intestinal. Uno de ellos es el abuso de antibióticos, que por lo general son administrados sin receta médica. “Sucede que a veces el regente de la farmacia no está y alguien no capacitado recomienda antibióticos para cualquier problema viral, lo que se convierte en un arma de doble filo porque los antibióticos no sólo matan las bacterias propias del organismo, sino que lo dejan indefenso ante la invasión de bacterias patógenas”, detalló el médico.
Esta situación, muy a corto tiempo, produce diarreas crónicas en los niños y en el peor de los casos, una enfermedad conocida como disbacteriosis, donde las bacterias patógenas se hospedan en otras partes del cuerpo y generan una infección en la sangre llamada “sepsis”.
“Estas bacterias, al generar lesiones en el intestino, hacen que las uniones entre las células de la mucosa intestinal se rompan, formando úlceras, que luego permiten el paso de sustancias macromoleculares a la sangre producentes de alergias a las proteínas de la leche de vaca”, explicó el especialista pediátrico.
Las diarreas también pueden crear daños en las vellosidades intestinales, cuya función consiste en favorecer la absorción de carbohidratos. Según el médico, el mal funcionamiento de la flora intestinal acaba por provocar intolerancia a la lactosa y alimentos.
Parámetros de detección
“Un signo de alerta es cuando el niño o niña presenta un cuadro diarreico crónico y deja de tolerar ciertos alimentos. En este preciso momento, la madre debe recurrir al centro de salud más cercano o visitar un gastroenterólogo para iniciar el tratamiento adecuado”, aconsejó.
De la misma enfermedad se deslinda la pérdida de peso, la generación de heces con moco y sangre, distensión abdominal (gases), eritema anal (ronchitas rojas y dolorosas en el ano y genitales) y heces explosivas.
¿Cómo manejarlo en el hogar?
Una vez que ha confirmado que su hijo sufre de infección en la flora intestinal por medio de exámenes especiales de orina y heces orientados por el médico, el gastroenterólogo Milton Mejía recomienda un proceso colateral de sanación, el cual comienza en casa.
“Lo primero es mejorar los hábitos higiénicos y alimenticios. Esto significa lavarse las manos con suficiente agua y jabón antes de preparar los alimentos y luego de ir al baño. Si hablamos de niños de 0 a 1 año, la madre debe continuar dándole el pecho materno a su bebé”, explicó.
Otra de las medidas consiste en garantizar que los biberones estén debidamente hervidos antes de preparar la fórmula, que en muchos casos es sustituida por productos sin lactosa.
Si el niño tiene más de un año debe empezar a digerir alimentos probióticos o simbióticos, que reciben este nombre por contener bacterias y gérmenes vivos que ayudan a mantener la flora intestinal en su estado normal. Según el doctor Mejía, pueden encontrarse en yogurt, leche agria, medicamentos y fórmulas en polvo.
