Sardes
Mañana cuando crezcas
y tengas unos años más
cuando ya hayas vivido bastante
y hayas ganado mucho,
cuando tengas todo lo que has querido
y hayas gozado lo suficiente,
cuando te hayas reído de todo y de todos
después de recorrer mil caminos
y lugares y de haber vivido plenamente
cada instante, cuando la frescura
de tu rostro y la firmeza de tu cuerpo
hayan mermado, y la vida te haya
enseñado más, cuando logres entender
lo que ahora desconoce, cuando prestes
atención a los detalles y valores más
a los seres y a lo que ellos te puedan dar
cuando te detengas a escuchar
y abras tu corazón al hablar;
cuando aprendas a disfrutar
de la sencillez y la simplicidad
de cada cosa, podría ser de una rosa
cuando desees colmarte de ternura
y se la quieras entregar a una dama;
cuando te sientas vacío, que nada
te llena, que todo se pasa, que
nada te queda, tal vez quieras
enamorar a una mujer y no lo
consigas, tal vez desees decirle que la amas,
que la extrañas, que la necesitas y
esas frases no saldrán de tus labios
porque no puedes, porque jamás fuiste así,
porque tal vez nadie te enseñó y
tampoco quisiste saber, porque todo
se te dio y nada te costó, tal vez
la vida fue dura pero el placer lo compensó,
sólo entonces te acordarás de mí,
aquella que quiso ser alguien en tu vida,
poco más que un capricho, aquella
niña que te quiso entregar todo,
que trató de enseñarte a valorar lo auténtico
de la vida; que se mostró diáfana
de alma y cuerpo, que intentó mil veces
penetrar tu corazón con ternura, con pasión…
que quiso ayudarte a crecer y trató
de hacerte más humano y menos superficial;
esa que deseó cambiar tu vida
con besos y abrazos, que te llenó de
atenciones y dulzura. Esa mujer
que tan sólo fue en tu vida
un deseo insatisfecho, alguien que pasó
sin dejar huellas.
Pude ser el amor,
pude haberte hecho feliz,
pude haberlo dado todo,
pude cambiar el rumbo de tu vida
y pude ser tu historia,
tu mejor experiencia,
pude serlo todo y no fui nada,
y entonces te dirás:
¿Por qué la dejé marchar?