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Guarda su edad como un tesoro, que ni en horas de agonía prevé sacar a luz. Aunque su rostro ya delata cierto camino recorrido que bien le suman sus 30 y pico de años.
Sobre esto, Traversari sólo se limita a confesar su vigorosidad. “Me siento en buen momento. Sigo disfrutando mi quehacer y soltería”, comenta el también artista.
A propósito de tu intimidad ¿qué tan precoz te consideras, sexualmente hablando?
“Desde pequeño fui travieso. Creo que haber nacido en Nicaragua me abrió los ojos en muchas de mis vivencias, porque este país es muy sensual ¡es de volcanes! ¿Me entendés? Y creo que por eso, soy una persona sumamente apasionada”.
Fue aquí, donde experimentaste tu primera vez…
“Si estamos hablando de relaciones inocentes, de aquellos primeros amores, creo que fue en México donde me entusiasmé por primera vez. Recuerdo haber conocido a dos chicas, una que sí me hizo caso y otra que en la vida me volvió a ver y era ésta la que me interesaba.
Y bueno, ni modo, anduve con la que menos me gustaba y cuando estaba con ella soñaba que era la otra”.
Refiriéndonos a tu primer “rito” sexual en sí… ¿en qué acertaste y en qué no?
“Mirá, cuando vivís esos primeros momentos, quizás te apresurás demasiado y no saboreás tanto la vivencia. Uno se pone tan nervioso, tan incierto al punto que tropezás.
De manera que no hay control de la situación porque más que todo estás explorando pero no disfrutando…”
Años después ¿qué tal?
“(Se ríe). Bueno, me he perfeccionado de muchas maneras. Aunque lo más excitante de un encuentro carnal a veces es lo que sucede previo a éste. Me refiero a la seducción.
A ese intercambio de miradas, a los movimientos sugestivos que es lo que crea el furor y el deseo de consumar. En este sentido creo que lo más lindo y lo que mejor he logrado hacer es ese poder de incitación”.
Todo bien con tu libido sexual…
“No necesito mucho para estimularme. Ni siquiera como alimentos afrodisíacos para lograrlo. Para mí el sexo es muy psicológico, depende mucho de si hay química o no sin importar cuán bella es una mujer”.
¿Y qué te estimula?
“No sé, hay cosas diversas. A veces puede ser un rasgo físico, hasta un lunar en un lugar poco común; o el contacto, es decir, la manera en que te tocan, en que te besan, las cosas que te dicen, las cosas que no te dicen.
A mí por ejemplo me encanta que me susurren al oído, desde chavalo eso me estimula mucho. Inclusive hubo un par de personalidades que me susurraban al oído de niño, y eso me traumó de una buena manera”, sostiene.
“Soy honesto”
Traversari también se declara leal. “No soy mujeriego. Más bien soy un tanto solitario, siento que no he sido confeccionado para mantener una relación estable.
Sin embargo, algunas relaciones me han funcionado. Yo siempre trato de ser honesto y por mis experiencias previas, lo primero que discuto con quien me interesa es mi personalidad y mis tipos de necesidades. Siempre trato de ser franco, antes de que las cosas se pongan serias”.
Pero habrás tenido tus aprietos…
“He tenido momentos embarazosos. Pero en el fondo no me gusta herir a nadie, soy demasiado bondadoso. A veces siento que tengo que tomar una decisión: o le soy infiel a mis instintos o a mis relaciones. Entonces prefiero, ser sincero”.
Entonces, entiendo que optás por el amor libre.
“Yo he tenido pocas relaciones serias. Las que en realidad han merecido de mi atención y tiempo las traté de mantener. Aunque te confieso me sentiría muy mal si mi pareja me dijese: haz lo que quieras pero yo también tengo derecho hacerlo… porque soy posesivo y muy celoso”.
¿Hasta qué punto?
“No soy violento, pero tengo un temperamento fuerte y puedo herir con mis palabras. Pero no lo hago ni muy a menudo ni muy adrede… y por eso elijo estar solo. Mis celos nada tienen que ver con los machistas, yo no tengo prejuicios”.
Hablando de eso ¿qué opinás sobre las relaciones prematrimoniales?
“Mientras las dos personas estén conscientes de lo que están haciendo, exista un amor o una atracción, no hay nada de malo con que se unan previo a un matrimonio”.
¿Vos lo harías?
“Sí, para estar más seguro y no equivocarme”.
En cuanto al aborto ¿estás a favor o en contra?
“Eso no lo tengo claro. A veces hay situaciones extremas, por ejemplo, cuando la mujer es violada en ese caso ella decide si lo tiene o no, supongo que en ese caso ella tiene derecho a decidirlo, por esa amarga experiencia.
Sin embargo, está el otro aspecto, la vida de una criatura inofensiva que ya es un ser viviente. Y para mí hacerlo sería actuar como un asesino”.
¿Acerca de la eutanasia?
“Si la persona ya no tiene incentivo para seguir adelante, y en realidad no tiene remedio y su vida es un sufrir constante, si es con compasión tampoco hay que ir en contra de su voluntad.
Si yo llegase a ese punto y llegara a pedirle a alguien que me ayudara a morir, lo que menos esperaría es que lo hiciera”.
¿Cómo actuarías si te ocurriera lo de Magic Johnson, el basquetbolista con SIDA?
“Hace algunos años conocí a Pedro Zamora, un cubano que salía en televisión quien desde los 14 años se enteró que tenía SIDA y murió diez años después. El tenía dos opciones o echarse a la depresión o asimilar el hecho y extraer lo positivo de la situación.
Zamora acabó tomando el segundo camino y se convirtió en un educador, en un modelo haciendo conciencia sobre la enfermedad. Creo que yo también tomaría ese curso”.
¿Sos creyente?
“Soy espiritual. Crecí en la religión católica y disfruto de algunos de sus rituales. Sin embargo, abrazo muchas filosofías, porque todas acaban en lo mismo: en un Dios verdadero”.
¿Qué hay de los ateos?
“Tienen derecho a no creer, aunque sería lindo que uno me dijera que ha recorrido la vida y que no hay poder mayor al cual recurrir…”
