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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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José Jirón Terán… uno de “los raros”

César Anzoátegui [email protected]

Hablar de José Jirón Terán, quienes le conocemos de siempre por su magnífica trayectoria de caballero y amigo sincero, por su eterna pasión y su incansable labor de descubrir y darnos a conocer lo desconocido del príncipe de las letras castellanas, del genio sobresaliente de la poesía de la lengua de Cervantes, que trascendió en América, haciéndola universal en un apoteósico palpitar y sublime del Padre del Modernismo.

José, con su vigorosa inquietud y su inclaudicable deseo por buscar apasionadamente por todos los puntos cardinales de Centroamérica, México, América del Sur y del Norte, en Europa, y especialmente en España, nuestra madre Patria en donde Rubén vivió por varios años, y fue allí que encontró el gran amor de su vida, su Paca Sánchez, a quien amó con divina locura y a quien le dedicó su verso que comienza: “Ajeno al dolor y al sentir artero/, lleno de ilusión que da la fe,/ lazarillo de Dios en mi sendero,/ Francisca Sánchez acompáñame”, para terminar con su cuarteto: “Seguramente Dios te ha conducido/ para regar el árbol de mi fe;/ hacia la fuente de noche y de olvido,/ Francisca Sánchez, acompañame…”. José, con su vigorosa inquietud y su inclaudicable ilusión, fue buscando, hurgando, preguntando en muchísimas bibliotecas y librerías, sin importarle gastar tiempo y dinero, el que daba satisfactoriamente en su eterno peregrinar para darnos a conocer lo desconocido de nuestro Rubén y así tener la más numerosa biblioteca sobre Rubén Darío en América, a cuya casa concurrían numerosos intelectuales ávidos por conocer sobre la vida y escritos del ilustre panida, que José con esa amabilidad y gentileza tan suya que siempre lo ha caracterizado, recibía y abría generosamente las puertas de su hogar y de su corazón sensible y sensitivo a todas las inquietudes de sus visitantes, prestando sus libros y respondiendo acertadamente con sus conocimientos a las preguntas de sus inquisidores.

Fue cuando Rubén Darío edita en Chile su libro Azul, escrito en la Isla Martín García en el año 1895, e impreso en la Imprenta Excélsior, Serrano 14, para el aniversario de la República Argentina, que lo envía a su amigo don Juan Valera, y éste después de leerlo lo prologan con magníficos comentarios y notable elegancia, diciendo que Rubén “sacó del alambique de su cerebro una rara quinta esencia” para convertirse en el genio universal de la poesía castellana, lo que influyó grandemente en el modernismo de nuestro idioma con el innegable y bello ritmo de su rima. Sin embargo, como siempre sucede, los rayos de los envidiosos y calumniadores caen sobre las cimas más altas, se oyeron críticas y voces discordantes criticando sin ningún fundamento su libro, apegados fanáticamente en la métrica de los versificadores españoles que según ellos era inviolable en su estilo.

Y es Rubén quien rompe la métrica con la incomparable y bella Marcha Triunfal, que “canta, que ríe y enamora”, escrita en la República Argentina el 23 mayo de 1895, en la Isla Martín García de la República Argentina y publicado en un Suplemento de La Nación. Cronológicamente los libros capitales de Rubén Darío, fueron publicados de la siguiente manera:

Azul: Primera edición, Valparaíso, Chile en el año de 1888.

Azul: Segunda edición, en Guatemala, con las cartas incluidas de don Juan Valera en el año 1888.

Prosas Profanas y otros poemas, en Buenos Aires, Argentina, 1896 Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas, Madrid 1905.

El Canto Errante, en Madrid 1907.

Poema del Otoño y otros poemas, en 1910.

Canción de Otoño en Primavera, es un poema y no un libro.

Coloquio de los Centauros y Responso a Verlaina, son poemas que están incluidos en su libro Prosas Profanas.

Nuestro muy querido y siempre bien recordado Rubén, ahora universalizado por sus grandes méritos en la poesía de la lengua de Cervantes, fue y seguirá siendo por los siglos de los siglos, el más relevante e insigne poeta mundial.

Sin embargo, afirmaba con su eterna modestia, “Yo no tengo literatura mía, quien siga servilmente mis huellas, perdería su poder”. Acertadamente dijo T.S. Eliot, que la verdadera evolución de un poeta no comienza sino cincuenta años después de su muerte.

Nos entristece aún y lamentamos con mucho sentimiento, que los que gobernaron en aquel entonces nuestra Patria, tan querida y nunca olvidada por él, no hayan tenido la cultura y el ideal de darle su merecimiento, que lo tenía en grado superlativo, por la siempre baja y servil politiquería que asqueaba y sigue asqueando nuestra adolorida Patria.

Gracias José Jirón Terán, amigos que nacen muy de vez en cuando porque Dios es bueno, que con infinita alegría y profundo entusiasmo nos diste a conocer a los amantes rubendarianos los poemas desconocidos de quien ahora mora en las regiones celestiales. Si “la pena de los dioses es no alcanzar la muerte”, Padre Rubén Darío, tu nombre es inmortal, porque además de escribir tu inspiración con alma y corazón, tu arte fue la exaltación de tu espíritu en sublime resonancia con la belleza inmarcesible de tu estro.

El autor es investigador  

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