Pablo Rodas [email protected]
Después de Chile y Singapur, la administración Bus escogió a Centroamérica para suscribir un FTA. De inmediato surge la interrogante: ¿Por qué esos cinco pequeños países? ¿Por qué no un país más grande como Brasil, Argentina, o los países andinos en el hemisferio americano, o por qué no otro país extra-regional de las dimensiones de Australia, con quien también se ha decidido entrar en negociaciones?
La importancia de Centroamérica radica en su cercanía geográfica con los EE.UU., lo que repercute en cuatro frentes. Primero, Centroamérica es una de las regiones que expulsa mayor población hacia los EE.UU. Según estadísticas del US Census Bureau, mientras en 1970 había solo 11.2 centroamericanos por cada 100 mexicanos, en 1990 la proporción había cambiando a 28.4 por cada 100 mexicanos. Mientras en 1970 el 0.9 por ciento de extranjeros que vivían en los EE.UU. provenía de Centroamérica, en el 2000 esa cifra había aumentado a 8.3 por ciento. Los centroamericanos fluyeron durante los 80 a causa de las guerras civiles que asolaron esos países, pero el flujo no disminuyó una vez llegó la paz en los 90. La principal motivante para migrar es la brecha en los estándares de vida. El TLC ciertamente no parará la migración, pero al menos puede aminorar su ritmo al permitir un aumento en el comercio e inversión.
Segundo, la cocaína que se produce en Sudamérica encuentra su vía hacia los EE.UU. a través de Centroamérica o el Caribe. Según el Office of National Drug Control Policy, la producción mundial estimada de cocaína entre Perú, Bolivia y Colombia fluctuó cerca de las 300,000 toneladas métricas desde 1987 a 1994; en 1995, sin embargo, la producción comenzó a subir, y ya para el 2000 se estimaba que superaba las 650,000 toneladas métricas. Los EE.UU. tienen que permitirle a Centroamérica aumentar sus exportaciones de otros productos, si se quiere desestimular una colombianización de sus economías.
Tercero, el TLC forma parte de la estrategia hemisférica de los EE.UU. para lograr la suscripción del FTAA. Después de la negociación del TLC con Chile, los EE.UU. buscarán una negociación rápida con Centroamérica. Seguidamente seguramente vendría República Dominicana y los países andinos. El mensaje que los EE.UU. estarían enviando al Brasil del Presidente Lula, por tanto, sería claro: no hay otra opción sino el ALCA, lo firman o Brasil se irá quedando solo pues los EE.UU. negociarán TLCs con los demás países de la región. Además, en la misma forma que el TLC con Centroamérica no es sino un hilo en el tejido estratégico de los EE.UU. para lograr el ALCA, este último no es sino es parte de la estrategia de los EE.UU. para presionar a la Unión Europea para que se llegue a concretar la Ronda Doha de la WTO.
Cuarto, aún cuando no lo pareciera, Centroamérica —si se excluye a México— en conjunto es uno de los principales socios comerciales de los EE.UU. en Latinoamérica. Según la Office of Trade and Economic Analysis, los EE.UU. exportaron 8,990 millones de dólares a los cinco países en el 2001, lo cual es casi el 57 por ciento de lo que los EE.UU. exportaron hacia Brasil durante el mismo año. En relación a importaciones, el peso de Centroamérica es mayor todavía: en el 2001 los EE.UU. importaron 11,085 millones de dólares de los cinco países, que equivale al 77 por ciento de lo que se importó desde Brasil ese mismo año. El TLC con Centroamérica, por tanto, no es solo una iniciativa para ayudar a que los países de la región crezcan y salgan de la pobreza, también representa oportunidades de negocio para empresas norteamericanas. La inversión de los EE.UU. en Centroamérica también podría aumentar sustancialmente después de un TLC. En el 2001 solo llegó a 3,958 millones de dólares de acuerdo a estadísticas del Bureau of Economic Analysis, apenas el 1.5 por ciento de las inversiones totales de los EE.UU. en Latinoamérica. Con el TLC esa cifra fácilmente se podría duplicar.
El TLC, asimismo, será la vía por la cual los EE.UU. lograrán consolidar otros objetivos no-económicos en la región. La embestida contra la corrupción que ha llevado a la cancelación de visas a ex funcionarios en Guatemala y al apoyo irrestricto al Presidente Bolaños de Nicaragua para enjuiciar al ex Presidente Arnoldo Alemán, podrá afianzarse con el TLC.
La decisión de los EE.UU., asimismo, respalda procesos como la integración centroamericana. En 1960 firmaron el tratado de integración económica, en el cual mencionaban ya la posibilidad de que años más tarde pudieran llegar a concretar una unión aduanera. Esta es la fecha en que la unión aduanera aún no se ha materializado. Con el anuncio del TLC con los EE.UU., sin embargo, los países de la región se fijaron metas ambiciosas y esperar finalmente alcanzar la unión aduanera en el 2004. A los beneficios directos del TLC, por tanto, habría que agregar también sus beneficios indirectos.
I>El autor dirige el Proyecto “Centroamérica en la Economía Mundial del Siglo XXI”,
con base en Guatemala: www.asies.org.gt/ca
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