LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Canto a Rubén Darío

Jorge Calderón Gutiérrez

El 18 de enero de 1867 lanzó Darío su vagido de reto a la inmortalidad de los mundos y el 6 de febrero de 1916 alzó postrera su copa de bohemio en un aciago brindis con la muerte.

Podrán pasar los años. Se vestirá de rosas primavera y el estío deshojará sus pétalos en un reprise eterno. El tiempo —la anestesia sutil de la memoria— sumirá en el olvido muchas glorias fugaces, pero Rubén quedará vibrando eternamente en las hojas doradas del Goethe de la poesía universal.

Sus trece años lo perfilan promesa de las Musas al componer un lied primoroso y juguetón que vio la luz en Rivas:

“Yo vi un ave
que suave a la orilla
de los mares sus
cantares entonó
y voló…”

Y como si ese lied fuese un poema visionario de su sol peregrino, el joven trovador batió sus alas de Cóndor gigantesco en pos de otros nidales donde labró su merecida gloria: Honduras, Costa Rica, Guatemala, Panamá, El Salvador: Portales amigos donde el poeta tendió su fatiga marinera y tejió la radiante cadena de sus versos de oro:

“Vibre el plectro sonoro
que haga temblar la cítara en la mano…”

Y Hungría, Francia, Bélgica, Inglaterra… Tierras que el pie andariego de Rubén holló en pos de su sino de eterno peregrino del ensueño:

“Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo…”

Y España, Cuba, México, Brasil… Países que apuraron el recio pensamiento del gran Bardo, y cuyos suelos el Genio abandonaba dejando tras de sí la luminosa estela de sus rimas:

“Ínclitas razas ubérrimas! ¡Sangre de Hispania fecunda! ¡Espíritus fraternos! ¡Luminosas almas! ¡Salve!

Y Austria, Alemania, Italia, Nueva York… Lejanos lares donde ancló el alma golondrina de Rubén por siempre cincelando su inmortal obra de genial panida:

“¡Tened cuidado! ¡Vive la América Española! ¡Hay mil cachorros del león español!…”

Y en Chile gestó Azul, Abrojos y las sonoras rimas, y otrora, en Argentina la colosal estatura del poeta se yergue gigantesca conquistando a las reacias antiguallas con la luminosa sonoridad de sus versos marciales;

“¡Ya viene el cortejo! ¡Ya se oyen los claros clarines!…”

¡Oh tú, Rubén!, hermano de PAN mismo. Golondrina viajera. Trilogía de Asceta, sibarita y panida. Erraste por el mundo deshilando tu madeja de ensueños. Cada paso una huella. Cada huella unos versos. Tu obra audaz, viril, renovadora, desafió constante, sin cuartel y sin tregua, las normas de tu era:

“De las epidemias, de las academias, ¡Líbranos, Señor!

…Pero muy bien sabías que portabas un numen por capelina de tu gloria.

Retornaste a tu Patria. Una vez. Y otra vez. Y otras tantas levantabas el vuelo, incomprendido, solitario, mustio. Te asfixiaba el ambiente. Rencorosa tu gloria. Y partías de nuevo en busca de tus cimas, porque tú, como águila, no podías vivir en las llanuras.

…Pero un día “te aullaron los canes de la muerte, y silenciosamente, como una flor enferma, te fuiste con los últimos fulgores de una tarde”. Un año te debatiste en la cruel agonía de tu mal sin remedio, y un 6 de febrero de 1916 alzaste postrera tu copa de bohemio en un aciago brindis con la muerte.

Hoy tus viejos amigos: Vargas Vila, José Martí, Menéndez y Pelayo. Tus antiguos cofrades: Nervo, Rueda, Unamuno. Tus hermanos del verso: Núñez, Wilde, Campoamor, ya departen contigo en las ignotas zonas de lo eterno. Benavente y Valera te alientan como antaño, y Moreas te abraza como en los viejos tiempos. Carrillo y Castelar reanudaron sus charlas contigo en tu serrallo de musas primorosas, y me parece verte con un cáliz de absintio en otra lid de ingenio con Lamberti.

¡Oh tú, Rubén!: Despierta de tu sueño. Despierta de tu sueño y ríe como tu Eulalia al sentirte vivir en el recuerdo. Abandona tu lecho de convulsos copos blancos y ven: ven rayo, trueno, brisa, viento, lluvia, a presenciar tu gloria en el último rincón de Nicaragua y del mundo. Y retorna después a tu región celeste envuelto en el cortejo alado de las palmas que hacen salvas el aire de milenios darianos.

¡Ah, Rubén!: Los bronces de la augusta Catedral de León tañeron lúgubres el responso final para tus sueños. Pero no se te olvida. Escribo estas líneas en tu honor, y finalizo escribiendo la plegaria que nos dejó el Maestro hace ya dos mil años. La misma que tú pusiste en boca del Hermano descalzo de los bueyes en uno de tus poemas inmortales:

“Padre Nuestro que estás en los Cielos…”  

×