- Tripulantes hicieron más de 80 experimentos
César Muñoz Acebes
Washington/EFE.-La misión del Columbia fue calificada como un “maratón” científico, y la más ambiciosa en muchos años en términos de investigación, pero gran parte de los datos que acumuló se perdió junto con las vidas de los astronautas que los obtuvieron.
Durante los casi 16 días que el transbordador estuvo en el espacio, los siete tripulantes realizaron 80 experimentos, trabajando en dos grupos, en turnos de 12 horas para no detenerlos.
Los astronautas estudiaron desde los efectos de los viajes espaciales en sus propios cuerpos hasta el olor de las rosas fuera de la Tierra.
No todo se perdió. “Afortunadamente, con la transferencia de datos por satélite desde el transbordador pudimos obtener gran cantidad de información”, declaró Bill Readdy, administrador adjunto de vuelos tripulados de la NASA.
No obstante, los transbordadores no pueden enviar datos a la Tierra de forma continua, y las ventanas de tiempo para hacerlo son muy cortas.
Francisco Díez, investigador del Departamento Aeroespacial de la Universidad de Michigan, se lamentó de sólo haber podido recobrar un 5 por ciento de los resultados del experimento sobre combustión que diseñó su equipo.
Hideaki Moriyama, una bioquímica de la Universidad de Nebraska, ni siquiera sabe cuánto se salvó de los suyos. “Espero que puedan recobrar algo”, dijo. “Tardamos cuatro años en preparar esos experimentos”.
El Columbia transportaba las ampollas de proteínas preparadas por Moriyama para estudios sobre el Sida, Alzheimer y la enfermedad de Huntington.
La misión STS-107 de la NASA fue la primera en tres años en concentrarse en experimentos científicos, en lugar de combinarlos con el trabajo en la estación espacial internacional o el telescopio Hubble.
En total, la nave cargaba cuatro toneladas de equipamiento científico, además de ratas, arañas, abejas, gusanos de seda y células cancerígenas para las investigaciones.
“En términos científicos, este vuelo ha sido absolutamente fantástico”, afirmó el astronauta Michael Anderson tres días antes de que su nave se desintegrara hace una semana en pleno vuelo. “Hemos visto cosas que nunca habíamos esperado ver”.
Entre ellas estaba una llama flotante que duró 90 minutos. Este tipo de llamas son los fuegos más débiles posibles, ya que utilizan muy poco combustible, y en la Tierra existen durante tan sólo unos segundos.
Mohamed Abid, ingeniero aeroespacial de la Universidad del Sur de California, dijo que el propósito del experimento, en cuya preparación trabajó, era estudiar modelos de combustión que permitiesen diseñar motores de automóviles, aviones y cohetes que utilicen menos combustible y contaminen menos.
El equipo del Columbia creó la llama más débil conocida, de una potencia 200 veces menor que la de una cerilla, que producía menos hollín —una materia nociva para la salud— que una llama normal.
David Warmflash, un investigador de la NASA, esperaba los resultados de un estudio sobre la capacidad de las bacterias para sobrevivir en rocas en el espacio, que fue diseñado por un joven israelí y otro palestino que estudian en EE.UU., pero para él hay cosas más importantes.
ÚNICO
Tal vez el experimento más inesperado fue el encargado por una empresa de perfumería, que pagó a la NASA para que los astronautas extrajesen la esencia de seis capullos de rosa y una flor de arroz con aroma de jazmín, ya que las fragancias huelen de forma diferente en el espacio. Su objetivo era recrear el perfume en la Tierra y venderlo. Los tripulantes del transbordador también realizaron experimentos ideados por estudiantes de EE.UU., Australia, China, Israel, Japón y Liechtenstein.
