- Caballito de ojos azules es el centro del rifirrafe
entre Francisco Cifuentes y Guillermo Argüello
Eduardo Marenco [email protected]
Nadie habría imaginado que un inocente “pony” ojos azules sería fuente de discordia entre el empresario Francisco Cifuentes y el contralor Guillermo Argüello Poessy, pero en verdad lo ha sido y la agria desavenencia continúa siendo apasionada.
Esta historia inició hace más de tres años, cuando Cifuentes obsequió el pony al contralor, con quien tiene vínculos cercanos.
“Me unen vínculos familiares políticos con él, su esposa Fátima Argüello es prima de mi esposa Leyla Román Rocha, es una relación de amistad muy vieja”, reconoció el doctor Argüello. Además, Ernesto Rizo Pallais es casado con Berta Argüello, hija del contralor. El pony era un obsequio para la nietecita del contralor, quien le recordó a Cifuentes que la niña también es su sobrina.
Cifuentes negó tener parentesco con Argüello Poessy, asegurando en una carta al contralor que si bien es tío de su yerno, la filiación con éste es por afinidad y no consanguinea. “Es decir, ni pretendo ni he pretendido ser pariente suyo… es más, usted es de Granada (orgulloso y único, insustituible), yo soy de León, un poco diferente y un poco más sencillo, aunque no tan pinche, porque hasta le di el caballo que tanto me pidió”, dijo en la misiva del siete de febrero que aún no recibe el contralor.
El doctor Argüello aseguró que aunque el caballito es hermoso, no le sirvió para nada. “Estaba pequeñito, jamás lo usé para nada, lo único que hice fue darle de comer concentrado, porque no hay ninguna duda de que es caballo de rico como él lo es, ese caballo no es para pobres, entonces mejor se lo devolví”.
“Yo nunca he dicho que el caballito no era lindo”,agregó Argüello Poessy, quien lo cuidaba para su nieta, “ese caballito evidentemente no era para mí, ¡yo con doscientas libras, lo mato!”
LA DEVOLUCIóN
Cifuentes dijo hace tres años que Argüello Poessy “ya me tenía loco”, insistiéndole que le regalara el caballito, de modo que decidió obsequiárselo.
Cuando el contralor se enteró que se habían utilizado fondos públicos de la Cementera, presidida por Cifuentes, para obsequiar dos ponys al ex presidente Arnoldo Alemán, prefirió devolverlo, para “no tener problemas con nadie”.
“Yo no me he enriquecido en ninguna forma con el caballito que aparentemente compró el señor Cifuentes cuando compró con el dinero de la Cementera los que le regaló al presidente Alemán”, insistió Argüello.
Agregó el contralor: “Toda su molestia es porque se le señaló una responsabilidad civil por el uso indebido de los recursos públicos para comprar esos caballitos, eso es todo. ¿Qué es lo que he hecho de forma indebida?, el que ha hecho algo indebido es él, porque usó los recursos de la Cementera para hacer un regalo de quince mil dólares al presidente Alemán”.
“¿Por qué siendo don Francisco un hombre tan rico, dueño de “El Establo” y de otras cosas, por qué no se metió la mano a la bolsa y se lo regaló él? Yo nunca regalo nada si no es mío… fue una decisión unánime de la Contraloría, ¿por qué se mete sólo conmigo? Él quiso quedar bien con sombrero ajeno, yo no he usado un centavo del Estado para quedar bien con nadie”, añadió Argüello Poessy.
¿COIMA?
En la última carta de esta febril controversia, Cifuentes acusó al contralor de solicitarle una coima cuando dijo que al devolverle el pony, estaba en la obligación de pagarle el gasto por alimentación de los últimos tres años. El contralor negó estar solicitando una coima y dijo: “¡Pues que no me devuelva nada y que me deje en paz con su caballo”.
Cifuentes insistió en la carta, que si Argüello Poessy le hubiese devuelto antes el caballito, no tendría que haber gastado tanto en alimentación en los últimos siete meses, pues desde el 31 de julio del 2002, informó a la Contraloría que había regalado un pony al contralor, cuando se realizaba la auditoría en la Cementera por los ponys obsequiados al ex presidente Arnoldo Alemán.
Argüello Poessy, por su parte, arremetió contra Cifuentes: “Él nunca declaró probidad en la Cementera y ahora se molesta porque la Contraloría le ha señalado tres veces responsabilidades, de las cuales siempre se ha amparado: por las compras de unas llantas a Miami que nunca entraron a la Aduana, él se amparó; por unas dietas, se amparó; y ahora por el caballito, supongo se amparará también, ¿qué culpa tengo yo?”
Cifuentes, por su lado, interpeló a Argüello Poessy: “Yo no compro voluntades… ni me gusta tampoco andar pidiendo caballos. Usted puede hacerlo. Está en todo su derecho. Es más, le recomiendo que siga insistiendo con el doctor Arnoldo Alemán para que lo “designe” magistrado de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia”.
“¿Y qué voy a quererla ahora (la magistratura) que estoy enfermo? ¿y qué posibilidades tiene el doctor Alemán de nombrarme? ¡Ay Dios mío!”, contestó el contralor.
Cifuentes también le sugirió que el ex presidente Alemán podía regalarle un pony. “Si me lo regala, esa es cosa del doctor Alemán y no cosa mía”, ripostó el contralor.
¿PUESNÓ O CHICO?
Según el contralor Guillermo Argüello Poessy, “al caballito, mis sobrinos le pusieron Chico, por Chico Cifuentes”. Pero el empresario dice que fue bautizado por el doctor Argüello Poessy como “Puesnó”.
-Según el contralor, es un caballito guapo pero necio: “En mi finca de Rivas ese caballo peleaba con los gansos y se comía todo lo habido y por haber”.
-José “Chepe” López, mandador de la finca del contralor en Rivas, donde se crió el caballito de ojos azules, también lo confirmó: “Se llama Chico, como no tenía nada que hacer más que darnos trabajo, se ponía a pelear con un perro, peleaba con tres gansos, cuando íbamos a sacar el tractor si uno no se ponía vivo le mordía las canillas porque era chiquito; no dejábamos de divertirnos con él, pero gracias a Dios ya se lo llevaron, porque varias veces se salió a la carretera y lo escaparon de matar”.
UN PRECIO SIMBÓLICO
Al final de la carta, Cifuentes hizo una oferta a Argüello Poessy: “Si por esas cosas de la vida, usted se encariñó con el caballito que tantas veces me pidió y que se lo regalé, considero muy seriamente vendérselo en un precio simbólico… es más, hasta podría prestárselo mensualmente para que aprecie al equino que le ha traído tantos problemas en los últimos días”
