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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Los errores de los asesores

El Presidente de la República, don Enrique Bolaños, en declaraciones para el programa Buenos Días de Canal 12 de Televisión, el viernes pasado, comentó el editorial de LA PRENSA de esa misma fecha (“Grandes problemas y peores asesores”) en el que criticamos el argumento que puso el Primer Mandatario en su veto al Presupuesto, de que los diputados violaron la Constitución al hacer cambios sustantivos al proyecto que él les envió para su aprobación. Y suponiendo que eso fue un error mal aconsejado por algún asesor presidencial, señalamos que el Presidente debería tener cuidado con sus consejeros y despedir a quienes lo “embrocan” como en este caso.

“Nadie es supermán ni super sabio, no hay asesores infalibles, en la mayoría de los casos han atinado pero pueden equivocarse porque son seres humanos, como también LA PRENSA puede equivocarse”, exclamó el Presidente Bolaños en defensa de sus asesores. Pero nosotros insistimos en que esa acusación a la Asamblea Nacional fue un error, porque más bien la Constitución en sus artículos 112, 138 y 150 faculta a los diputados de manera expresa a modificar el proyecto de ley presupuestaria, siempre y cuando no cambien los techos de ingresos y egresos.

Sin dudas que el Presidente Bolaños tiene razón al decir que todos nos equivocamos. Pero la diferencia es que nosotros no somos el Gobierno, mientras que las decisiones equivocadas por consejo de los asesores gubernamentales perjudican a todos los nicaragüenses. Además, cada vez que nosotros nos equivocamos lo reconocemos de manera privada y pública y ofrecemos disculpas a nuestros lectores, en tanto que los gobernantes nunca reconocen sus errores y siempre justifican lo que hacen, aunque sea desastroso.

Y por cierto que en este mismo caso debemos reconocer que nos equivocamos porque dijimos que fue por culpa de los asesores que el Presidente acusó erróneamente a la Asamblea Nacional de violación constitucional, pero el Presidente Bolaños asumió la responsabilidad por ese disparate pues según él la dirección de la política económica del país es potestad del Poder Ejecutivo y por lo tanto los diputados no pueden hacer modificaciones importantes al proyecto de Presupuesto.

Ciertamente, la Constitución (artículo 150, inciso 13) establece como atribución del Presidente de la República: “Dirigir la economía del país, determinando el programa económico y social”. Pero la Constitución no dice que por esa responsabilidad del Presidente de dirigir la economía del país el Poder Legislativo no debe hacer cambios al Presupuesto. Por el contrario, el mismo artículo 150, inciso 5, dice expresamente que la atribución del Presidente es elaborar el proyecto de Presupuesto y presentarlo a la Asamblea Nacional para que ésta lo apruebe. Y además, el artículo 112 constitucional señala literalmente que “La Asamblea Nacional podrá modificar el proyecto de Presupuesto enviado por el Presidente de la República…”

O sea que el Presidente de la República dirige la política económica del país con un instrumento presupuestario que no le corresponde a él aprobarlo, (sólo elaborarlo y ejecutarlo) sino a la Asamblea Nacional.

Y en este caso lo malo no fue que los diputados modificaran el proyecto de Presupuesto, sino que los cambios que hicieron rompen los acuerdos con el FMI y podrían conducir al país a una catástrofe económica y social.

A propósito de asesores, alguno de ellos debería recordarle al Presidente Bolaños que en la democracia las funciones de los gobernantes están limitadas por la Constitución y la ley, y divididas en responsabilidades de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Que el sentido fundamental de la democracia es que los ciudadanos pueden hacer todo, salvo lo que les prohíbe la ley, pero que el gobierno sólo puede hacer lo que le está señalado por la ley, y nada más.

Don Enrique Bolaños, quien ha dicho que quiere pasar a la historia como el mejor presidente de Nicaragua no debería hacerle caso a los asesores que lo inducen a arrogarse más atribuciones de las que realmente tiene. Y debería recordar que es autoridad y no poder lo que él debe ejercer. O sea, capacidad de conseguir que la gente haga voluntariamente lo que él quiere, no por imposición sino por la influencia del ejemplo, la moderación, la humildad y la integridad personal.  

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