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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Eso de escribir en el periódico

León Núñ[email protected]

Yo generalmente escribo mis artículos para La PRENSA sobre temas que nacen de mis observaciones de la realidad. Es decir, que yo no escribo sobre el mundo del “deber ser” ni sobre la “genialidad de los poderosos”; yo no escribo sobre “la política como servicio” ni sobre la “teoría geométrica de la moral”.

Yo escribo sobre temas más concretos, porque quizás no observo a las personas ni veo las cosas desde posiciones abstractas o universales, ni siquiera desde perspectivas provincianas. Todavía la provincia es muy grande, muy extraña, para mí. Yo veo todo con ojos de pueblerino —yo soy esencialmente un pueblerino— aunque a veces veo las cosas con los ojos burlescos del aldeano.

Quizás la influencia de la “teoría psicológica del vecindario”, pero de un vecindario de pueblo, explica mi incapacidad mental para escribir artículos sobre el “estado de derecho”, “la democracia representativa”, “la democracia participativa”, “la justicia social”, “la libertad”, “la independencia de los poderes del Estado”, “la gobernabilidad”, “la institucionalidad”, “la modernización del Estado”, “la estrategia de reducción de la pobreza”, “la visión de nación”, “el proyecto nacional”, “la Nicaragua posible”, etc, etc.

Si yo escribiera sobre estos temas me iba a dar la impresión de estar repitiendo todo lo que abundantemente se ha escrito, y se sigue escribiendo, sobre dichos temas. Así que prefiero escribir “a mi manera” —seguir observando la realidad— que escribir artículos abordando los grandes “temas de nuestro tiempo”.

Para mí sería más cómodo escribir “de otra manera” —escribiendo generalidades o adulando a todo el mundo— pero no puedo. Es más, cuando yo escribo no estoy pensando con quiénes voy a quedar bien ni con quiénes voy a quedar mal; no estoy pensando si mi artículo me va a perjudicar o me va a beneficiar; no estoy pensando en lo que me están pagando, porque yo no gano nada por escribir artículos.

Yo escribo libremente, sin ataduras de ninguna clase, y siempre he estado consciente que mis artículos son del agrado de unos y del desagrado de otros. Por esta razón, nunca he dejado de estar preparado para asimilar los “insultos” que por sí o por interpósita persona me puedan mandar los burócratas, los cuales, como dice acertadamente Guillermo Rothschuh Tablada, forman una clase social de sentimientos y piel delicados que no soportan ni la más suave corrida de espuelas.

Esto explica porqué comprendo los insultos que a veces recibo de unos y el porqué también comprendo con satisfacción intelectual los elogios que recibo de otros. Yo suelo repetir que mi más firme posición intelectual ha sido la de “primero comprender, antes que juzgar”. Esta posición me ha permitido ser tolerante y tener una gran comprensión por los insultos, a los que me gusta llamar “puntos de vista”.

Con motivo de la publicación de mi artículo titulado “De los Ministros” recibí por medio del correo electrónico varios mensajes conteniendo diferentes “puntos de vista”, siendo el mensaje que más me llamó la atención el que dice que yo siento odio por la genealogía, por la investigación genealógica, porque yo tengo un “apellido de m…..”; porque soy “un don nadie”.

Realmente es interesante este “punto de vista” genealógico. Se trata de un punto de vista metafórico que contiene un gran sentido del humor. Yo no estoy en contra de la investigación genealógica. Lo que sucede es que no me interesa, aunque reconozco su importancia para los nicaragüenses que quieren ser descendientes del Cid Campeador.

Mis conocimientos sobre mi genealogía familiar no pasa de mis abuelos, pues de mi bisabuelo paterno, de apellido Núñez, se manejan en mi pueblo dos tesis diferentes, de las cuales no sé cual de ellas es la cierta. La primera dice que mi bisabuelo paterno llegó a Acoyapa, procedente de León, a mediados del siglo XIX, y que era maromero, desconociéndose si era el volatinero o el dueño de la maroma, y la segunda tesis es la de que era “truchero” y que había llegado a Acoyapa procedente de Masaya.

Sea cual fuere la tesis verdadera, de lo que no hay duda es de mis ancestros plebeyos. Y aunque actualmente pertenezco a la nobleza de Acoyapa, no tengo interés en hacer investigaciones genealógicas para emparentar con los Reyes Católicos. Yo ni siquiera quiero averiguar si mi bisabuelo paterno tenía el mismo linaje de Firuliche y me da exactamente igual si el apellido Núñez tiene o no tiene su origen en donde termina la trayectoria anatómica del intestino grueso.

Yo no me siento ofendido con los “puntos de vista” que recibo a través del correo electrónico. Tampoco me amedrentan las amenazas de “acabarme”. Los altos funcionarios gubernamentales no deben molestarse por una crítica, y mucho menos si es humorística, pues deben comprender que, por su condición de servidores públicos los nicaragüenses tenemos el derecho a “observarlos con lupa”.

Los que me insultan pierden su tiempo, pues yo seguiré imperturbable, escribiendo mis artículos sobre temas relacionados sobre lo que yo siga observando, y lo haré en la medida que mis ocupaciones diarias me lo permitan y con la misma libertad con que lo he venido haciendo desde hace muchos años.

El autor es abogado y escritor, miembro del Consejo Editorial

de LA PRENSA  

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