Daniel Puértolas
En el caso de la niña nicaragüense de nueve años embarazada, se deben realizar todas las diligencias necesarias para evitar que los colectivos feministas logren que la niña se someta a un aborto, ya que éste no le acarreará ninguna consecuencia positiva sino que añadirá un segundo trauma. El mal llamado “aborto terapéutico” no existe, ya que no cura nada. Los problemas sociales deben afrontarse desde la óptica social, no quirúrgica. Se debe tener la capacidad de ofrecer a esta niña un futuro mejor, y tras el aborto, no hay futuro.
El derecho a la vida forma parte de nuestra Carta Magna, por lo que atentar contra la vida de ese bebé, supondría una quiebra legal y moral. Espero que las gestiones que se realice sean de testimonio para afianzar los valores de este país.