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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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¿Era sólo Rosita o eran en realidad dos niños?

Humberto Belli [email protected]

Rosita ya abortó. Pero el debate continuará porque habrá más Rositas y porque hay posiciones encontradas sobre lo que la ley debe o no permitir. En el corazón de la polémica está determinar si eso que palpitaba dentro del vientre de Rosita no era más que un tejido, que crecía como los tumores, o si era una vida humana. Si fuese lo primero se podría respirar con tranquilidad, pensando que la niña logró deshacerse de un pedazo de carne molesto que hoy se pudre en la basura. Pero si era un ser humano se ha matado a un niño por nacer.

El problema es que decisiones como la que ahora comento se están tomando sin que medie la certeza que no se están destruyendo vidas humanas. Porque ni aún entre los partidarios del aborto se encuentra argumentaciones que traten de demostrar la no humanidad del embrión, lo cual es muy sorprendente. Lo que ellos hacen es alegar que hay diferentes opiniones dignas del mismo respeto, o bien que es imposible llegar a conclusiones objetivamente válidas para de aquí saltar a la conclusión que cada quién debe quedar en libertad para hacer lo que le dé la gana. Dada la trascendencia y gravedad del caso conviene analizar las premisas y la conclusión de este alegato.

Que haya distintas opiniones sobre algo importante no es nuevo. Lo malo es no preguntarse si hay forma de distinguir las malas de las buenas y exigir para todas el mismo respeto. Si quienes así piensan fueran coherentes consigo mismos, tendrían que aceptar la mutilación del himen que practican algunas tribus africanas, la discriminación brutal de los talibanes contra las mujeres, y el sacrificio en la hoguera de las viudas hindúes. Si todas las opiniones son igualmente respetables, ¿por qué se va a imponer a estas gentes las opiniones occidentales?

El otro argumento abortista es que todas las opiniones sobre la naturaleza del feto proceden de las creencias personales o religiosas de los contendientes y no de argumentos científicos u objetivos. Esta afirmación la expresó Mario Vargas Llosa, en LA PRENSA del 8 de diciembre pasado: “Decidir si el embrión de pocas semanas es ya la vida o sólo un proyecto de vida, no es algo que los médicos o los biólogos decidan en función de la ciencia. Eso es algo que deciden en función de su fe y sus convicciones…” Su conclusión, por tanto, es que debe haber “una tolerancia recíproca donde cada cual actúa en este campo de acuerdo a sus propias convicciones.”

La primera dificultad del argumento es que contradice el testimonio de la genética moderna y declaraciones de científicos muy distinguidos. Desde el momento en que el óvulo es fertilizado ha comenzado una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre. Tan pronto como los veintitrés cromosomas paternos se encuentran con los veintitrés cromosomas maternos, está reunida toda la información genética necesaria y suficiente para determinar cada una de las cualidades innatas del nuevo individuo. El ser que va desarrollando a partir de ese momento tiene un código genético distinto y puede tener un sexo y un tipo de sangre diferente que el de la madre. Abundan, al respecto, las citas de científicos prominentes. Jean Rostand, premio Nobel de biología, afirma, por ejemplo, que “existe un ser humano desde la fecundación del óvulo. El hombre entero ya está en el óvulo fecundado. Esta todo entero con sus potencialidades…” (Conf. , Revista Palabra n. 173, Madrid, 1980) Estas no son opiniones teológicas extraídas de la Biblia, sino conclusiones de hombres de ciencia derivadas de la observación empírica.

La segunda dificultad, del argumento abortista expresado por Vargas Llosa, es asumir que las ideas sobre la naturaleza humana que no proceden directamente de la observación científica, son meras creencias que obligan únicamente a quienes la profesan. Ignora que las ideas más importantes que rigen las vidas de las naciones civilizadas con título de obligatoriedad, son creencias. Por ejemplo; la convicción sobre la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. ¿Qué sustento biológico o científico tiene esta creencia? Ninguno. Su origen es la especulación filosófica, no la biología. Esta, a lo sumo, puede mostrar que hombres y mujeres tienen similitudes pero también diferencias. Sin embargo todos consideramos dicha convicción legítima y aplicable a todos, (incluso a los talibanes)

La tercera dificultad del argumento es su pretensión de convertir las dificultades que supuestamente existen para determinar la naturaleza del embrión, en licencia para aventurarse, en lugar de razón para ser prudentes. Si no hay forma de determinar científicamente quién tiene la razón, como ellos alegan, esto no significa que todos estén errados, sino que no hay criterios objetivos para determinar quién se equivoca y quién no. En este caso subsistiría la duda sobre la humanidad del embrión, y por tanto se debería imponer la prudencia. ¿Por qué quién, en su sano juicio, podría decretar la destrucción de algo que tenga alguna probabilidad de ser una preciosa vida humana?

El autor es rector de la Universidad Ave María College.

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Entre el derecho de dos y la muerte de uno

El derecho a nacer

El flagelo contra Rosa  

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