- El público puede ser determinante
Wilder Pérez [email protected]
La creencia de que jugar en casa representa una ventaja, no habría dejado de ser un mito, de no ser por el elemento primordial: los fanáticos.
Cuando se posesionan de sus butacas preferidas en un estadio, su poder es tal, que son capaces de subir o bajar el ánimo de cualquier jugador en el terreno. Por eso se dice que hay que tener garra y sangre fría, cuando se trata de una serie final.
Esa podría ser la razón, por la que hay conjuntos como el Rivas, y recientemente Granada, que han llegado a tener fama de “invencibles en su patio”, aunque para muchos, éste no es un juicio lógico.
Sin embargo, los estudiosos de la sicología de masas y colectiva, podrían no pensar así, ya que se considera que la segunda llega por la influencia de la primera.
Aníbal Vega, el inicialista de los Tiburones, no estudia la mente humana, pero considera que el público, actúa como un “décimo jugador”.
VALIOSO
“Pienso que algo que nos ha ayudado a nosotros a llegar hasta donde hemos llegado, es nuestra fanaticada, nos debemos mucho a ellos, porque son los que nos han levantado, nos han dado espíritu cuando hemos estado abajo, nosotros vamos a hacer nuestro trabajo, pero la inyección del público es lo que nos va a hacer salir adelante”, comenta Vega.
Él es casi un niño cuando está frente a su público, interactúa con ellos, y puede pensarse que su caso es especial. No obstante, el leonés Ariel “Panal” Delgado, uno de los jugadores más serios, fogueados y respetados por los fanáticos, piensa igual que su colega.
“Nosotros nos debemos a ellos, sin ellos no somos nada… El apoyo te incentiva, te da ese aliciente para continuar adelante, te da esa motivación para hacer las cosas mejor, y así buscar cómo ganar, cómo jugar mejor hoy”, asegura el veterano.
Por eso el receptor de León, que ahora juega con Granada, Julio Vallejos, se adelanta a señalar que “uno de los peloteros más felices que hay en esta final soy yo”. Asegura que lo dará todo por su equipo, pero si éste pierde, al menos quedará la satisfacción que su ciudad natal está de fiesta.
De manera que no se necesita ser apostador, ni dueño del equipo, para incidir en el comportamiento de los peloteros. Basta con ponerse ropa cómoda, alistar la garganta, y llegar a hacer bulla el estadio, acompañado de todos sus correligionarios.
