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Lilliam del Carmen López Sáenz.

Hasta Dios utilizan para robar

Por tratar de hacer una buena obra, una mujer fue despojada de los únicos 120 córdobas que poseía para la alimentación de sus hijos Elízabeth Romero Con las manos vacías y en plena calle capitalina se encontró desconsolada Lilliam del Carmen López Sáenz de 25 años, después que dos hombres la estafaron al invocar su […]

  • Por tratar de hacer una buena obra, una mujer fue despojada de los únicos 120 córdobas que poseía para la alimentación de sus hijos

Elízabeth Romero

Con las manos vacías y en plena calle capitalina se encontró desconsolada Lilliam del Carmen López Sáenz de 25 años, después que dos hombres la estafaron al invocar su solidaridad.

La mujer, con el rostro bañado en lágrimas relató ayer cómo fríamente fue despojada de los 120 córdobas que guardaba celosamente en su puño, debido a que representaba el alimento de una semana de sus dos hijos que habitan en Masaya.

La mujer trabaja como doméstica en una casa del Reparto San Juan, donde había recibido el dinero en mención por su trabajo desarrollado en una semana.

A eso de las 8:30 de la mañana de ayer, López Sáenz se dirigía al Mercado Roberto Huembes, para abordar un autobús que le conduciría a su casa en Masaya, cuando dos personas se le acercaron.

“Yo miro que está platicando un muchacho, “¿Señor, no sabe quién me puede cambiar estos dólares que tengo a mi papá enfermo y vengo desde San Rafael del Sur? No señor, no ande haciendo eso, si fuéramos otros ya se lo hubiéramos robado”, relató la mujer que ese fue el intercambio de palabras que escuchó entre los dos desconocidos, ignorando que se trataba de una actuación para timarla.

LADRONES CRISTIANOS

Uno de los hombres, el de mayor edad, se le acercó y le pidió que junto al más joven le ayudara a cambiar el dinero y hasta le ofreció 200 córdobas, como recompensa a cada uno.

“Yo soy cristiano, si le hago el favor, Dios me lo puede hacer a mí, si quiere yo lo llevo a Rubenia”, habría ofrecido el hombre más joven, que de paso le mostró su cartera al otro de más edad, con 1,500 córdobas en su interior.

A López le pareció tan real escuchar hablar al más joven de los hombres, como una persona desinteresada y con principios cristianos que decidió ayudar.

A cambio ella dejó en prenda los únicos 120 córdobas que portaba. Igual que el otro hombre le dejó al anciano una pulsera.

Pero la mujer estaba lejos de pensar que todo era una trampa. Al llegar al lugar, el hombre que le acompañaba se le desapareció e intentó retornar al lugar donde se habían encontrado, para regresarle los supuestos dólares que envueltos en un pañuelo le había entregado el desconocido para que se los cambiara.

“Cuando regresé al punto, ya no los encontré”, lamentaba la perjudicada, quien añadió que decidió abrir el pañuelo para contar el supuesto dinero, pero la sorpresa que llevó fue mayúscula, puesto que en lugar de dinero portaba pedazos de periódicos. “Nunca me imaginé, porque yo iba a hacer una obra, si he sabido no les hubiera hecho caso”, dijo la mujer.  

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