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Itza Helen Castillo M.

Chicos materiales

¿Por qué a Susanita le compraron la casa de Barbie y a mí no? Pedrito tiene Play Station y yo sigo con Nintendo. Reclamos como éstos son los que tienen que escuchar los padres que no satisfacen todos los caprichos de sus pequeños La especialista en psicología infantil, Mariela Martínez, afirma que “generalmente muchos tutores […]

  • ¿Por qué a Susanita le compraron la casa de Barbie y a mí no? Pedrito tiene Play Station y yo sigo con Nintendo. Reclamos como éstos son los que tienen que escuchar los padres que no satisfacen todos los caprichos de sus pequeños

La especialista en psicología infantil, Mariela Martínez, afirma que “generalmente muchos tutores toman una actitud cómoda al darle todo lo que el niño quiere sólo para que guarde silencio o que deje de molestar. Cuando el niño llega a chantajear emocionalmente al padre con ponerse a llorar y hacerle un “berrinche”, estamos malcriándolo”.

Uno de los factores que influye en este tipo de problemas es el hecho que el niño desde sus primeros meses de vida sabe que llorando obtiene algo, es el efecto de acción y reacción que le impulsa a exigir lo que quiere.

“Muchos padres se vuelven ambiguos en la educación de sus hijos porque existen núcleos familiares donde el padre es el duro y la madre es flexible, esto provoca contradicciones, porque el niño encuentra siempre un refugio en una de las dos partes, por lo tanto no hay un nivel de seriedad”, afirma la especialista.

Martínez asegura que es determinante que los padres se pongan de acuerdo en la forma de cómo van a educar a sus hijos en todos los aspectos de la vida. La madurez del niño o la niña, depende de la madurez de los padres. Los problemas de los niños son reflejo de los conflictos de los padres.

Desde los primeros meses de vida se le enseñan las formas de obtener las cosas, si bien es cierto, que ellos no pueden hablar, es necesario que tomen en cuenta que el menor responde por instinto, acción y reacción. El niño sabe que llorando obtiene lo que quiere.

“Esto cambia cuando el niño se va haciendo mayor, y no llora para expresar una necesidad sino para conseguir imponer su voluntad. Es decir, cuando el llanto deja de ser una señal de alarma para convertirse en un arma, lo cual suele ocurrir cuando comprueba que “por no oírle llorar” sus padres ceden, y le consienten aquello que previamente le habían negado”, expresa el doctor Pedro Barreda, pediatra especializado.

Soluciones

Recordemos que los modelos para el comportamiento de estos niños somos los adultos. Por tal motivo es necesario que los padres se examinen y descubran el problema. Inicien una vía de comunicación de calidad, procurando que el niño se sienta valorado. Es necesario escuchar las razones de su comportamiento. A veces esa exigencia es sinónimo de vacío emocional, argumenta la psicóloga.

“Es recomendable aprovechar la inquietud del niño por obtener objetos y motivarle a adquirir aquellos juguetes que le sean beneficiosos en su educación. Por ejemplo, cuando el niño empiece a leer es recomendable que le compre cuentos que reflejen valores morales. Los juegos interactivos son de mucha ayuda ya que combina la diversión con el aprendizaje”, expresa el director General de Hispamer, Jesús de Santiago y Blanco.

Corrija en el momento adecuado. No haga la corrección únicamente cuando usted está sulfurado. Evite llegar a los lugares donde el niño se vea tentado a exigir algo que le gusta. Trabajar desde la conciencia del niño y explicarle la falta que está cometiendo, recuerde que nunca un objeto o una diversión va a llenar el amor y el cariño de un padre y una madre.

Consecuencias

Muchos de estos niños llegan a ser infelices porque en la vida real se darán cuenta que no siempre obtendrán lo que quieren. El chantaje sólo funciona con sus padres. Estos niños en su vida de adulto no serán capaces de enfrentar los problemas cotidianos a los cuales se verán expuestos, afirma la psicóloga Martínez.

En la adolescencia corren el riesgo de volverse violentos hasta el punto de transgredir cualquier norma social sólo por conseguir lo que desean. Es en ese momento que los padres se dan cuenta de que lo que hicieron fue crear un ser desprovisto de toda disciplina.  

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