Andrés Mendoza
Limitar la chontaleñidad a la voluntad o capricho de los políticos de turno es mutilar una identidad que orgullosamente trasciende los límites del actual Departamento de Chontales.
Existen pueblos que por siglos se han identificado, que tienen una historia común y conservan su identidad en medio de la diversidad de la cultura nicaragüense. Pretender crear un nuevo sentimiento con la segregación departamental es olvidar que nacimos con una identidad no limitada a un determinado municipio, que por lógica siempre tendrá sus intereses, sueños y esperanzas.
La chontaleñidad es toda una forma de vida, de cultura, de historia, es el quehacer cotidiano de sus habitantes del campo y la ciudad. Hablar de Acoyapa, Camoapa, Comalapa, Cuapa, Juigalpa, es recordar la raíz común de estas tierras que siempre han mantenido una identidad regional.
Los pioneros socioculturales de nuestra chontaleñidad nunca se limitaron al municipio de Juigalpa. Por el contrario, se recorre todo un territorio que trasciende las barreras municipales. En esa titánica labor chontaleños como el doctor Salvador Guadamuz y la profesora Salvadora Moncada Estrada, fundaron el Instituto Nacional de Camoapa, el 17 de agosto de 1962, siendo uno de los primeros centros de secundaria creados en un municipio no cabecera departamental.
Toda una historia, tradición y cultura de la chontaleñidad. Bien lo manifiesta Camilo Zapata, en “Caballito chontaleño”, al expresar que se lleva a su novia a Comalapa y si allí se desespera, se la lleva a Camoapa.