- “No lo hagas ni por curiosidad”, fue el consejo que Luis Manuel Martínez le da a los jóvenes…
Él perdió a su mejor amigo quien poco a poco fue convirtiéndose en un muchacho triste y apagado todo debido a la droga… conoce este y otros
testimonios
Angélica Martínez y Ricardo cuadra garcíaEspecial para “Aquí Entre Nos”
Su comportamiento cambió repentinamente. El muchacho alegre y normal que conocía desde mi niñez se convirtió en un tipo agresivo que se enojaba con mucha facilidad. Se notaba que algo andaba mal en él y de inmediato sospeché que se trataba de un problema de drogas, por lo que me preocupé mucho.
Se distanció de los amigos de la infancia y se unió a un grupo que tocaba rock. Era gente rara. Corría en el patio de su casa, sin ningún motivo, formando círculos y usualmente parecía pensativo, con la mirada perdida durante muchos minutos, como meditando sobre la inmortalidad del cangrejo o si se tratara de resolver alguno de los enigmas del universo, asegura Luis Manuel Martínez, de 19 años, al relatar el drama que le tocó vivir a su amigo en el escabroso mundo de la drogadicción.
Todo empezó cuando regresó de los Estados Unidos, donde reside su mamá. Algunos aseguran que la adicción la adquirió allá. “Sólo los más cercanos notábamos el cambio. No era el mismo. Con sus amigos rockeros se reunía todas las tardes para ‘ensayar’, es probable que en esas reuniones se dedicaban a consumir substancias, aunque no puedo asegurarlo ya que nunca lo miré drogándose”.
“Pese a que se desunió de nuestro grupo nos continuábamos viendo. Llegaba a su casa a recibir clases de guitarra, pues teníamos el mismo profesor y de paso me ayudaba en mis clases de inglés”.
“El no haber perdido el contacto con él considero que fue de mucha ayuda para que lograra salir de esa difícil situación. Siempre supo que tenía en mí un amigo en quien confiar y que lo apoyaba también en las malas. Aunque accedió a ingresar a un programa de rehabilitación, el primer año y medio entraba y abandonaba las clínicas con frecuencia. Confieso que hasta llegué a creer que nunca se recuperaría”.
“Una noche, mientras su papá dormía, sin motivo aparente tomó su guitarra y lo atacó. Luego del incidente fue ingresado nuevamente (y por última vez) a un centro asistencial donde consiguió superar la adicción. Sin embargo, nunca volvió a ser el mismo, las secuelas de las drogas le provocaron lagunas mentales y algunos síntomas nerviosos”, relata acongojado Martínez.
Los síntomas que presenta un adicto y que se describen anteriormente se repiten una y otra vez en todos los casos: retraimiento, irritabilidad, alcoholismo y tabaquismo, comportamiento disfuncional, insomnio, así como también la pérdida de las facultades intelectuales y el aislamiento son algunas de las señales más visibles.
A tan sólo una cuadra del colegio su mejor amigo se fumaba un tremendo pito de marihuana, trasportando su mente a galaxias aún sin explorar, sin saber que el daño que causaba a su cerebro es irreversible. Adrián Soza Ortiz, es otro testigo del terrible daño que pueden causar las drogas en un ser querido.
La escena desencadenó una serie de críticas hacia el joven, sus compañeros de clases le aconsejaron –—por su bien— que se apartara de ese camino, el cual no le deparaba un buen futuro.
“Era un chavalo normal, buena onda, pero después que lo vimos comenzó a faltar a clases y a pelearse con los estudiantes hasta que en una ocasión lo expulsaron por una semana. Cuando regresó ya no era el mismo. Al poco tiempo después abandonó los estudios y se dedicó a tomar licor todos los días”.
“Cuando me enteré que había dejado el colegio me enfadé mucho, porque era un joven inteligente y que con su buen carácter agradaba a todos, pero todo eso se acabó cuando se enroló en las drogas. Tal vez el tener mucho dinero y la falta de comprensión y comunicación con sus padres provocaron que cayera en el vicio”.
“Mi amigo vive en una casa donde cada uno anda en lo suyo, se pasa casi todo el día solo y es casi nula la comunicación con sus padres. Tiene una vida muy solitaria y considero que la falta de consejo, apoyo y la depresión lo obligaron a tomar ese camino. Es triste ver el deterioro que sufre una persona joven después de consumir drogas”.
Vidas recuperadas
Por su parte, Wendy* una huelepega rehabilitada que está por salir del programa de Niñas Madres de Casa Alianza, tiene una mirada vivaz y su conversación es elocuente, lo que nos dice que su contacto con la droga no duró mucho tiempo, de lo contrario sus dificultades de comunicación serían más notorias.
“Yo me escapé de la casa cuando tenía 13 años, porque mi mamá mucho me pegaba, me dejaba enllavada para que yo no saliera y mi papá abusaba de mí, pero ella no me creía… Así que me escapé un día que mi mamá estaba con mi hermanito en el hospital, me fui con mi novio y él me inició en la pega”, relata Wendy.
“Durante el tiempo que estuve en ‘eso’ podía consumir hasta diez vasos de pega al día, unos muchachos de Casa Alianza nos visitaron una vez allá por la Fanisa, donde nos manteníamos oliendo pega y nos hablaron del Refugio de Niñas. Me fui a meter ahí, pero no por rehabilitarme sino por escapar de mi mamá, me cambié el nombre para que no me hallaran, pero a los días me volví a ir…”.
“Después quedé embarazada, no sabía qué hacer y me di cuenta del Refugio de Niñas Madres. Me aceptaron de nuevo y hoy mi hijo tiene cuatro meses… gracias a Dios nació sano. Mañana termino el curso de costura y si todo sale bien me voy a casar con un muchacho de León, él es cristiano y se preocupa por mí. Me quiere. Mi mamá y yo ahora nos llevamos bien y ya nos perdonamos”.
Michael* es otro adolescente de 15 años, rescatado por Casa Alianza. Él se encuentra en la fase inicial de rehabilitación y aunque consumía pega junto con la marihuana y el alcohol, no se notan mucho los daños que le pudieron haber causado estas drogas a lo largo de tres años.
“Mi hermano mayor también fue drogadicto y fue él quien me dijo que viniera aquí para rehacer mi vida, que aquí me iban a ayudar como lo ayudaron a él. Al inicio yo solo consumía marihuana, pero era muy cara. La pega era más barata, pero tenía que robar para poder comprarlas”.
“Quiero que mi mamá mire mi cambio y que ahora valgo la pena. Ella no nos quería, siempre nos corría de la casa, pero estoy seguro de que cuando vea que puedo ganarme la vida con mi trabajo de soldador y que volví a estudiar, me va a querer otra vez”, cuenta Michael un tanto nervioso. En su dura mirada no se asoma ni una lágrima, pero el dolor se ve reflejado en sus ojos.
En guerra avisada…
Por si todavía tenés dudas con respecto a las drogas y crees que sos de los pocos privilegiados que pueden “controlarla”, pensá en que no todos los cuerpos son iguales. Existen casos documentados de personas que con sólo una vez haber consumido cocaína o heroína han “quedado arriba” y en otros han muerto por razones cardíacas, porque no sabían que padecían del corazón.
Además, una vez que te volvés dependiente de la droga perdés el control de tus impulsos y valores. Robar el dinero y las cosas a la familia e incluso de las amistades se vuelve una práctica cotidiana y cuando se les cierran las puertas de los lugares conocidos, terminan por robar en la calle.
Una piedra de crack o una inyección de heroína cuestan unos 75 córdobas, la bolsita de cocaína tiene un valor aproximado de 50 córdobas y la medida de marihuana 20 ó 25 córdobas. Pero existen drogas (aunque no reconocidas como tales), que cuestan de siete a diez córdobas. Estamos hablando de la pega.
Esfuerzos que valen
Según la capitana Rosa Argentina Vílchez, jefa del Departamento de Prevención de Drogas de la Policía Nacional en Plaza El Sol, “en el caso de las drogas ilegales las más consumidas en nuestro país son, en este orden y según las últimas estadísticas que hemos recabado: cocaína, crack, marihuana y heroína”.
La pega aún no está reconocida por la legislación como una droga. “Sabemos que lo es, pero no podemos hacer nada para impedir su libre circulación y consumo en la calle, mientras no haya una ley que así lo exprese. Lo único que nosotros podemos hacer desde el Departamento de Prevención es concienciar a padres y jóvenes sobre las consecuencias del uso de drogas y cómo evitar la presión de grupo”.
DARE (Educación para Resistir el Uso de Drogas, por sus siglas en inglés), es un programa patrocinado por la embajada americana e involucra a 70 oficiales en cada departamento que llegan a los colegios de primaria a dar charlas a los estudiantes.
Camino a la rehabilitación
En Nicaragua existen varios centros de rehabilitación, dos de los más conocidos son Casa Alianza y REMAR. En el primero, se especializan en la atención de niños y adolescentes que consumen principalmente pega. La recuperación va por etapas.
La primera es la educación en la calle. Después son llevados a los programas residenciales como el centro de crisis y hogares. En éstos, ellos aprenden algún oficio a la par que terminan sus estudios de primaria o secundaria. También reciben atención sicológica y apoyo para controlar el deseo de volver a drogarse.
“Basados en nuestra propia experiencia, porque no existen estadísticas al respecto, existen unos 1,500 niños huelepega en Nicaragua. De ellos un 70 por ciento son varones y el resto mujeres. Creemos que ha sido un gran logro la regulación de venta de pega, pero aún falta mucho por hacer”, dijo Mario Banda, director del programa de calle en Casa Alianza.
En REMAR, las personas en rehabilitación no tienen límites de edades, pero existen programas especiales para los adolescentes que son enviados por MIFAMILIA. “En la primera fase se les envía a Cofradía o Masatepe a unas casas de campo donde permanecen de uno y medio a dos meses hasta que se desintoxican”.
“Luego, en la segunda fase van a los talleres de capacitación donde aprenden algún oficio. Tenemos la fábrica de chile, la bloquera, el taller de soldadura y la carpintería”, explicó José María Machado, director a nivel centroamericano de REMAR.
En este centro ingresan un promedio de 120 personas al mes, de ellas 100 son hombres y 20 mujeres, pero no todos completan su rehabilitación.
* Los nombres de los menores fueron cambiados para proteger su identidad.
