Marlon José Navarrete E.
El archipiélago de San Andrés, así como los cayos Roncador, Serranía y Quitasueño, son y serán un dilema tanto para Nicaragua como para Colombia.
San Andrés es una isla muy poblada y desarrollada en infraestructura y áreas turísticas y genera mucho dinero en impuestos para Colombia. Por otro lado, el narcotráfico está fuertemente asentado y las oficinas gubernamentales son colombianas.
Nicaragua jamás renunciará a su derecho de soberanía sobre esos territorios, y si hay justicia recuperará San Andrés.
Pero en caso de suceder esto: ¿Podrá Nicaragua asumir estos territorios no sólo geográficamente sino en el control del gobierno local, de sus instituciones y la población? ¿Y tendrá la fortaleza y los instrumentos legales y armados para combatir al poderoso narcotráfico que aún el Ejército colombiano no ha podido con ellos?
¿Quién se encargará de los impuestos? ¿Querrán los pobladores de San Andrés pagarlos al gobierno de Nicaragua? ¿Renunciará Colombia a esa recaudación?
Otro gran problema es que la población de San Andrés no quiere ser colombiana por el abandono al que están sometidos, pero tampoco quieren ser nicaragüenses. Quieren ser otro país, independizarse. ¿Tendría Nicaragua capacidad para resolver el problema diplomáticamente? De otro modo tendría que enviar tropas a sofocar los deseos independentistas de la isla e inevitablemente habría violaciones a los derechos humanos y derramamiento de sangre, habría una guerra y el impacto en la economía sería desastroso.
Tal vez la solución sea que Nicaragua alquile San Andrés a Colombia, mientras paulatinamente van desalojando dicho territorio, pues hay que tomar en cuenta la cantidad de colombianos que tienen vida hecha en la isla. Se le pasaría a Nicaragua una parte mayoritaria de las recaudaciones de la isla y ondearía la bandera de Nicaragua. Aunque no se sabría la historia de qué país se enseñaría en las escuelas de San Andrés.