Ricardo A. De León Borge
El 11 de abril recién pasado la dictadura comunista cubana ejecutó a tres personas que habían secuestrado una lancha con el propósito de huir de Cuba, con la esperanza de libertad. Otros 75 disidentes han sido encarcelados hasta con penas máximas que suman un total de 1,454 años de cárcel.
En Europa la condena a esos atropellos ha sido unánime, algo que ha sorprendido ya que por lo general tiende a ser benevolente con las dictaduras de izquierda. Estos acontecimientos han provocado también la reacción de intelectuales de izquierda como los premios Nóbel de Literatura Gunter Grass y José Saramago, y el uruguayo Eduardo Galeano, que han condenado las ejecuciones.
En América Latina sólo soportan los insultos de los funcionarios comunistas de la “Isla dilapidada”, sin tomar ninguna acción concreta. En Nicaragua los periodistas Guadamuz y Lets, fueron a protestar frente a la Embajada de Cuba, y de inmediato se activaron los comité de solidaridad con Cuba que llegaron a la sede diplomática cubana para insultarlos y amenazarlos, demostrando su incompatibilidad con la libertad de expresión de los sistemas democráticos.
Como un reconocimiento a la dictadura castrista, en otro acto de irresponsabilidad internacional se reeligió a Cuba como miembro de la Comisión de Derechos Humanos, de la ONU —que es presidida por Libia— cuando es un país que en 44 años no ha celebrado ninguna elección democrática, que encarcela y asesina a la gente, y que, según el Comité Cubano pro Derechos Humanos en un cálculo conservador, sitúa en una cifra no inferior a los 25,000 las muertes causadas por la revolución cubana.
Cualquier avance que pueda haber logrado la revolución cubana en el campo social y educativo queda anulado por la bárbara y sanguinaria represión que todavía prevalece.
Licenciado en Relaciones Internacionales