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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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El lobo que acaricia a las ovejas

Hay quienes dicen que las ideologías de izquierda y derecha ya no existen y que fueron sustituidas por la “dicotomía” de caudillismo versus modernización.

A escala latinoamericana uno de los principales exponentes de esta tesis es el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, quien asegura que: “No envuelve a la América Latina ninguna ola ideológica hacia un lado o hacia el otro. El debate no es izquierda o derecha. La preocupación no debiera estar en quienes representan partidos, con opciones matizadas hacia derecha o izquierda, sino —a la inversa— en aquéllos que no se representan más que a sí mismos aunque invocan a las masas desde la televisión y prometen tierra para los campesinos y empleo para los (trabajadores) urbanos”.

En esa misma onda, en Nicaragua hay quienes aseguran que los partidos ya no se diferencian por doctrinas ideológicas, que el FSLN es igual al PLC y por eso Daniel Ortega se entendió tan bien con Arnoldo Alemán y se está entendiendo igual con el presidente Enrique Bolaños. Los barbudos comandantes guerrilleros se convirtieron en elegantes empresarios y banqueros a quienes les interesa que haya libertad y democracia —dicen—, aceptan la libre empresa con justicia social y sólo rechazan el neoliberalismo.

En realidad, hayan o no definiciones ideológicas de los partidos, el pluralismo y la alternancia en el poder son buenos y necesarios, inclusive con el FSLN, pero siempre y cuando éste se hubiese convertido en una confiable fuerza política democrática. Mas a todas luces esto no ha ocurrido y por tanto no se puede confiar en estratagemas y cantos de sirena que lo único que pretenden es facilitar el retorno del sandinismo al poder.

La verdad es que el problema nunca ha sido ideológico. Lo perverso del comunismo en la Unión Soviética —leninista y estalinista—, no fue la ideología sino la devastación material y el genocidio (por las hambrunas, la colectivización, los desplazamientos forzados de las minorías nacionales y las represiones políticas) de casi cien millones de personas.

En Cuba lo repugnante no es la ideología de Fidel Castro sino la tiranía de 44 años y su despiadada represión contra periodistas independientes, disidentes y personas que sólo quieren emigrar para trabajar y vivir en libertad.

En la Nicaragua sandinista lo malo no era la ideología sino la catástrofe económica, la degradación moral, la intolerancia, la falta de libertad económica y política, la represión contra los medios de comunicación y los periodistas independientes, etc.; así como la “exportación de la revolución” que causó la guerra a la que el FSLN culpa de todos sus fracasos.

La ideología es sólo una categoría intelectual, la manifestación de una “falsa conciencia” (según Carlos Marx) y una “visión del mundo parcial e inconexa”, de acuerdo con la expresión de Humberto Eco. De manera que no es por lo ideológico que el FSLN representa una amenaza a la democracia y la libertad, sino por lo que hizo cuando gobernó y que no ha querido reconocer ni rectificar.

Seguramente que si los sandinistas volvieran al poder no podrían hacer lo mismo que en 1979-1990. Pero no porque no quisieran hacerlo sino porque las circunstancias son diferentes a las de 1979, cuando fueron apoyados por los países comunistas e inclusive por gobernantes democráticos que creyeron en las promesas de pluralismo político, economía mixta y no alineamiento internacional que enarbolaron para facilitarse la toma del poder.

Pero si el FSLN ha defendido a la tiranía de Saddam Hussein debemos suponer que quisiera hacer aquí lo mismo que el derrocado asesino de Bagdad; si justifica los fusilamientos y los procesos estalinistas en Cuba es porque le gustaría hacer igual en Nicaragua. Y en último caso, un nuevo gobierno sandinista sería como el “bolivariano” de Hugo Chávez en Venezuela, que no se identifica como izquierda y se apoya en las instituciones democráticas, pero ha hecho graves daños a la libertad, la democracia, la empresa privada, la prensa independiente y en general a la nación venezolana.

Ahora el lobo está acariciando a las ovejas, pero con toda seguridad que no es porque las ama, ni porque se convirtió en una mansa criatura, sino para darles confianza mientras llega el momento de asestarles el zarpazo.  

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