Leonardo Centeno [email protected]
Cuando don Eenrique Bolaños fue electo presidente de Nicaragua, fuimos muchos los que pensamos que el país se volcaría a un despertar empresarial nunca antes visto, y que el tan esperado “despegue económico” estaba asegurado, debido a que un empresario asumía el poder político.
En estos 15 meses el presidente ha mantenido un discurso de atracción de inversiones y de “fomento” a las exportaciones a todas luces, lo que para cualquier estudiante de tercer año de economía, administración de empresas o ingeniería industrial suena lógico y coherente cuando se trata de combatir la pobreza creando empleos y acumulando riquezas.
Sin embargo, hoy en día y desde la óptica económica, el país se encuentra sumido en un caos institucional, donde las instancias gubernamentales que fomentan la producción hacia lo interno, y las encargadas de abrir nuevos mercados, no trabajan bajo agendas de interés común, y reducen su contacto a aspectos coyunturales; este trabajar de forma desarticulada y sin puntos de referencia, permite obtener resultados escasos, a un alto costo para los contribuyentes, y creando un alto grado de incertidumbre entre los grupos meta.
PROMOCIÓN DE EXPORTACIONES
Como la moda ahora es “tocar” de cualquier forma el tema de las exportaciones, esto ha hecho que los proyectos, programas y algunas direcciones generales de diferentes instituciones del Gobierno, como Inpyme (con sus proyectos de Ruedas de Negocios, C.A., y Células Broker), Mag-For, INTA, CEI, Mific (con la DGCE, DGFE, CETREX, PNC, PTP, e Innovación Tecnológica), el MIREX (con nuestros embajadores en el exterior), Inatec (usa los recursos disponibles para capacitar a las empresas, para competir con los prestadores privados de servicio), DGI (fomentando con tablas de impuestos especiales a los sectores priorizados) y el FNI (con los fondos de reconversión productiva de largo plazo, que resultan igual de caros que los recursos disponibles para capital de trabajo de corto plazo), intervengan de forma desarticulada en el fomento a las exportaciones, cuando lo más sensato es fortalecer a las instituciones existentes, como el Mific (DGCE), CETREX, CEI mismo, y APENN que se especializan en el tema. No resuelve nada al empresario exportador el que intervengan cada vez más instituciones, pues se abren muchos frentes, con poca profundidad. ¿Qué sentido tiene, entonces, que existan instituciones abocadas exclusivamente a ese campo?
No hay duda que es imperativo que el Gobierno fomente las exportaciones, sin embargo para los empresarios debe estar claro quién, dónde y cuándo les dará qué tipo de apoyo; lo contrario de esto será que la asistencia se convierta en un “acertijo”, donde las instituciones gubernamentales compiten entre ellas, por acceder a recursos de la cooperación internacional, así como con las asociaciones privadas.
FOMENTO HACIA LO INTERNO
Cuando se observan las actividades de fomento hacia lo interno, el problema pareciera intensificarse, principalmente cuando se analizan las cadenas productivas de los subsectores priorizados por el Gobierno, y el número de eslabones que las componen, que se encuentran ubicados entre los sectores primario, secundario y terciario. No sólo son cuantiosos los proyectos e instituciones llamados a atender los eslabones en cada sector, sino que los objetivos que ellas tienen para cada eslabón de la cadena productiva, no coinciden del todo. Por lo que es posible que nos encontremos con el caso de bienes cuya producción se fomenta en el sector primario, pero su transformación (en el sector secundario) adolece de algún tipo de fomento, y estaremos exportando simples materias primas sin valor agregado alguno. Lo contrario también es peligroso, encontrarnos fomentando la transformación (sector secundario) de bienes del sector primario cuya producción no se fomenta en el país, con la consecuente importación de dichas materias primas de forma más caras.
ALGUNAS IDEAS
El Consejo Nacional de Planificación Económica y Social (Conpes), como órgano de concertación y consulta del gobierno con la sociedad civil, debe de enviar a todas las instituciones hacedoras de políticas institucionales, los “lineamientos generales de país”, a los cuales la sociedad da mayor importancia, entre ellos retos, deseos de los nicaragüenses, oportunidades del entorno, etc.
Con estos insumos el Mific debería de haber iniciado un proceso de consulta con: (a) todas las instituciones del Gobierno que velan por la parte productiva y (b) motivar a que cada una de ellas trabaje esos lineamientos con su sector empresarial, meta con miras a desarrollar una política productiva, de forma tal que ésta articule los tres sectores de la economía, antes mencionados (primario, secundario y terciario), con subsectores seleccionados cuyos eslabones, independiente del sector en que se encuentren, deben contar con prioridad.
Por ahora lo único que nos queda es pedirle a Dios que nos libre de la falta de competencia de la raza “tecnócrata”, pues la política productiva del país no hay duda que está a merced de la falta de visión de aquéllos que la manejan.
El autor es ex Director Ejecutivo del Inpyme.