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El indulto a Gorriarán

El presidente provisional saliente de Argentina, Eduardo Duhalde —quien mañana entrega la banda presidencial a Néstor Kirchner—, indultó al ex coronel golpista Mohamed Alí Seineldin y al terrorista Enrique Gorriarán Merlo, junto con 16 militantes del izquierdista Movimiento Todos por la Patria (MTP) que en 1989 y bajo el comando de Gorriarán asaltaron un cuartel de Infantería Mecanizada (La Tablada), y siete ex militares que se sublevaron con Seineldin en enero de 1990 contra el gobierno del ex presidente Carlos Menem.

El indulto a Seineldin y Gorriarán ha provocado una intensa controversia política y jurídica en Argentina. Pero también en Nicaragua interesa el caso de Enrique Gorriarán Merlo, quien vino en 1979 combatiendo al lado de los sandinistas y al frente de las brigadas internacionalistas trotzkistas de América del Sur. Luego ocupó una importante posición dirigente en el aparato de seguridad y represión del naciente régimen sandinista, y el 17 de septiembre de 1980 encabezó el comando que asesinó en Asunción, Paraguay, al ex dictador Anastasio Somoza Debayle.

Pero no es por eso, lógicamente, que el indulto a Gorriarán Merlo ha provocado controversias en Argentina. Según comentó editorialmente La Nación de Buenos Aires el jueves de esta semana, el problema es porque, ante todo, Seineldin y Gorriarán, cuyas acciones causaron numerosas muertes (14 el primero y 39 el segundo), no le pidieron perdón a la sociedad por sus crímenes ni han demostrado arrepentimiento por lo que hicieron.

“Hay cuantiosos antecedentes doctrinarios acerca de que la aplicación del indulto debe ser restrictiva y no permisiva. El pretexto argüido (por el presidente Duhalde) en el sentido de que de esta manera quedaría clausurada una etapa porque “en la Argentina ya no existe esa política de armas en la mano” es endeble: la definitiva pacificación del país y el imperio de la concordia son los frutos todavía inmaduros de la voluntad mayoritaria de los argentinos y no el producto del perdón concedido a los responsables, precisamente, de haber intentado revivir las trágicas metodologías violentas que todos pretendemos superar”, señaló La Nación.

En realidad, en cualquier parte del mundo el indulto sólo debe aplicarse en casos muy especiales y a favor de reos que han hecho reconocidos méritos. Pero en nuestros países —en Argentina como en Nicaragua— se usa el indulto como instrumento de politiquería, de beneficios personales y de corrupción, como aquí, que la Asamblea Nacional lo concede inclusive a reos que según la ley no pueden ser indultados, tal es el caso de los narcotraficantes.

El indulto, como se sabe, es el perdón de la pena que se le impuso a un delincuente, cuando la autoridad competente estima que el castigo fue excesivo; o porque el crimen que cometió el indultado no fue de extrema gravedad o lo cometió en circunstancias atenuantes; o cuando el preso ha cumplido una parte importante de su condena y muestra una conducta ejemplar y un sincero arrepentimiento del mal que hizo a la sociedad y a otras personas; o cuando el o los gobernantes quieren hacer un acto de generosidad.

No obstante, el indulto es algo muy delicado porque rompe de hecho el principio elemental de legalidad y justicia, de que una vez demostrado que el reo es efectivamente culpable del crimen o de los crímenes que se le imputan, y condenado, no cabe sino que cumpla la pena establecida por la ley y que pague a la sociedad por el daño que provocó. Cualquier violación a este principio es causa de injusticia e impunidad, y por eso el indulto sólo debe aplicarse en casos extraordinarios y a favor de reos por delitos de menores daños a terceros.

Precisamente por eso es que el editorial antes citado de La Nación de Buenos Aires, afirma que “este indulto lesionará nueva, innecesaria e injustamente el principio de justicia, facilitando aún más la impunidad que se halla lamentablemente instalada en nuestra sociedad. Nada de esto contribuye, precisamente, a que el país se encamine a un futuro próspero y fundado en los sólidos cimientos de la convivencia, la paz social y la justicia”.

Es lo que nosotros hemos dicho siempre del indulto y por supuesto que compartimos ese criterio del mencionado diario argentino.  

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