La empresa privada española que distribuye la electricidad en Nicaragua, Unión Fenosa, ha logrado en dos años lo que la revolución sandinista, los movimientos izquierdistas y los indigenistas radicales no pudieron hacer durante décadas: Que la gente odie a España y vuelva a respirar por las heridas de la conquista de hace 500 años.
En realidad, la percepción negativa que la población nicaragüense tiene sobre España, gracias a Fenosa, ha invalidado la visión benevolente que los hispanistas nicaragüenses y la Cooperación Española consiguieron crear a base de grandes esfuerzos e inversión de recursos. Este sentimiento negativo hacia España lo grafica una expresión del presidente del Instituto Nicaragüense de Energía (INE), Octavio Salinas, quien informó a la revista 7 Días que los representantes de Fenosa le golpean la mesa en las reuniones. “En la colonia vino Pedrarias Dávila y 500 años después nos vienen estos españoles”, dijo el funcionario.
La verdad es que hay una grita generalizada contra Unión Fenosa, en primer lugar por el aumento en los recibos, pues aunque el INE sólo ha aprobado dos incrementos de tarifas (de ocho y dos por ciento respectivamente), en la realidad y en promedio el servicio ha subido un 150 por ciento, desde que la empresa española se hizo cargo del negocio.
Fenosa también se ha hecho odiosa debido al cobro por alumbrado público hasta en lugares donde no lo hay, y por el cobro del llamado consumo no registrado, que es un abuso porque nadie tiene por qué pagar las pérdidas de una empresa privada ni por lo que consumen y no pagan los demás. Está bien que Fenosa reclame y haga arreglos de pago con quienes por el motivo que fuera no pagaron por el servicio. Pero es intolerable que quienes pagan cumplidamente su consumo sean obligados a hacerlo también por el consumo de otros, como si fuera poco lo que ya está pagando la población por la piñata sandinista, la corrupción del gobierno de Arnoldo Alemán y las quiebras bancarias fraudulentas.
Igualmente hay que cargar a Fenosa la culpa de desacreditar la estrategia de privatización, pues por su culpa la gente percibe que ésta es mala y ha hecho que olvide las penurias —mal servicio, apagones frecuentes, burocratismo, despilfarro, etc.— que sufría cuando el servicio eléctrico era estatal.
En realidad, lo malo no es la privatización en sí misma, como lo demuestra el sector de generación eléctrica que ha mejorado la calidad de la producción y hasta exporta parte de ella. Lo negativo es la forma turbia en que se privatizó la distribución de la energía eléctrica, y sobre todo la falta de competencia, pues a diferencia de la generación que fue vendida a varias empresas, la distribución quedó en manos de una sola, que sustituyó el monopolio estatal por el privado, el cual, aunque el presidente del INE dice que no es monopolio sino “monomansia” (exclusividad en la compra y venta), tiene los mismos efectos perniciosos.
Por supuesto que el problema de la energía eléctrica es mucho más complicado que la turbiedad en la privatización del sector distributivo y los conflictos de la sociedad con Unión Fenosa. Lo fundamental en este caso es el alto costo de producción eléctrica y la incapacidad gubernamental de aprovechar el gran potencial energético del país. Es inaudito que teniendo Nicaragua inmensos recursos hídricos el 80 por ciento de la energía sea producida a base de petróleo y sólo el 20 por generación hidroeléctrica. Costa Rica, en cambio, a pesar de que tiene mucho menos recursos hídricos que Nicaragua, genera el 80 por ciento de su energía mediante plantas hidroeléctricas y sólo el 20 por ciento es de producción térmica.
Sin embargo, mientras no se pueda resolver el problema estructural hay que aplicar medidas en beneficio de los consumidores, incluyendo a la industria, la agricultura, el comercio, el turismo y los servicios. Por ejemplo, cesar el cobro indiscriminado de energía no registrada, trasladar a las alcaldías el pago del alumbrado público, supervisar la lectura de los medidores, educar a los consumidores en el ahorro de energía y reformar la Ley de la Industria Eléctrica.
Y si a Fenosa no le parece, que se vaya y se vuelva a licitar el negocio de la distribución eléctrica.