Justo Pastor [email protected]
Desde la primera vez que leí en LA PRENSA las declaraciones sobre un supuesto proyecto de convertir al volcán Masaya en un incinerador de la basura de Managua, protesté por dos razones. Primera, porque soy auténtico hijo de Nindirí, territorio donde se asienta el complejo volcánico más interesante de Nicaragua; y segundo, porque creo que es una solemne barbarie —por muy necesario que sea el saneamiento ambiental de la capital— convertir un Parque Nacional en un basurero.
El Volcán Masaya, o Popogatepe, como lo llamaron nuestros antepasados, cuyo paisaje cósmico es como el cortinaje de un inmenso teatro, es sin duda alguna el más admirado componente pétreo de la naturaleza del país, de cuya presencia se tiene conocimiento a partir del 10 de abril de 1525, cuando Pedrarias Dávila informó al rey de España: “Sale una boca de fuego muy grande que es y se ve 15 leguas como de día”. Fuego que en 1527 fray Francisco de Bobadilla exorcizó por creer que era el fuego eterno o la entrada al infierno.
Luego, en 1529, el cronista Fernández de Oviedo lo describió con todo su contenido ígneo y legendario, y en 1534, fray Bartolomé de Las Casas realizó por más de dos años oficios religiosos bajo el resplandor de su lumbre. El Domingo de Ramos de 1538, fray Blas del Castillo descendió al cráter de Nindirí para recoger el abundante oro que suponía él se convulsionaba en el fondo de dicho cráter. Desde entonces estudiosos, científicos y religiosos, como fray Toribio de Motilinia, visitaron y describieron de manera amplia la naturaleza fulgurante y maravillosa de este volcán, hasta el 2 de marzo de 1840 cuando el arqueólogo Stephens, descubridor de las ruinas de Copán, ascendió a observar el panorama que desde el apagado cráter San Fernando se extendía ante sus ojos, ante lo que exclamó emocionado: “Este es el poder del gran arquitecto que ha diseminado sus maravillosas obras por toda la superficie del globo. No puedo menos que pensar cuán derroche de bendiciones ha derramado la Providencia sobre esta favorecida tierra. En mi patria este volcán sería una fortuna.” Así indicó Stephens la posibilidad de aprovechar este recurso natural para el esparcimiento y la recreación.
El tiempo transcurrido y a su paso se ha continuado describiendo, con abundancia de detalles, todo el potencial geológico y biológico, cultural y educativo, su historia y sus leyendas, su flora y su fauna, incluyendo su evolución ambiental y modificaciones; es decir, todo un universo ecológico para la vida y la felicidad del puesto sobre la Tierra donde se asentó misteriosamente un cacicazgo de raíces milenarias.
En septiembre de 1972, en el Parque Nacional de Grand Tetón (EE.UU.) se reunió la Segunda Conferencia Mundial sobre Parques Nacionales, que recomendó a los gobiernos de Centroamérica establecer un Sistema de Parques Nacionales, lo que luego dio lugar a la reunión sobre manejo de recursos naturales, en San José de Costa Rica, del 9 al 14 de diciembre de 1974, que excitó a los gobiernos del área a tomar acciones inmediatas sobre el establecimiento y desarrollo de parques nacionales.
Del 8 al 21 de febrero de 1975, bajo esta exhortación se realizó en la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua, un seminario bajo la dirección del doctor Jaime Incer Barquero y la supervisión del ingeniero Claudio Gutiérrez Huete, con la asesoría técnica del doctor Kyran D. Telen, un experto en Áreas Silvestres y Conservación del Medio Ambiente de la FAO/PNUD para Centroamérica, donde se presentó el Plan Maestro elaborado por el mismo doctor Barquero y el ingeniero Gutiérrez, que vino a crear en Nicaragua el Parque Nacional Volcán Masaya, esencia y orgullo del patrimonio geográfico e histórico nacional, así como natural y cultural.
Bello paisaje de esta tierra que sin embargo se dice que pueden convertirlo en basurero porque representa una opción viable para incinerar la basura de La Chureca, el gran basurero de Managua. Qué sacrilegio, qué chiste más chistoso, qué barbaridad esa propuesta loca y descabellada.
Es verdaderamente extraña esa “bonita” idea por venir de donde viene. Seguramente esa idea se relacione con un pasaje bíblico que dice: “Dios escogió las cosas necias del mundo para avergonzar a los sabios.” Pareciera mentira que mientras en el mundo entero se buscan cada día lugares para la industria turística y el desarrollo de la cultura, en Nicaragua se habla de convertir el Parque Nacional Volcán Masaya en “santuario” de la basura.
Pero los sensatos deben cuidarlo y preservarlo, dejando que el famoso chiste o la idea loca se escriba como una anécdota más en las páginas de la historia del Volcán Masaya.
El autor es historiador