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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos

Ramiro Sacasa Gurdián

Elevo una plegaria de amor a los cielos donde ya se encuentra mi madre, doña Lillian Gurdián Herdocia de Sacasa Guerrero, ocupando un lugar preferencial en el paraíso reservado para los justos. Ella fue una mujer extraordinaria que irradiaba una bondad transparentemente celestial, mostrando un cariño sincero para los demás, con una profunda sencillez y calor humano que son la muestra de la verdadera grandeza; fue uno de los ángeles del cielo que habitó en la Tierra y que hoy enciende su luz eterna en la morada de Dios.

En su corazón sólo había lugar para la bondad, el amor y el respeto a los demás. Enseñó a sus hijas e hijos el valor de la amistad siendo ella su mejor amiga. Creció con una firme convicción cristiana y un concepto profundo sobre los valores espirituales y sociales, teniendo a Jesucristo en su corazón. Su alegría de vivir y su espíritu positivo estuvieron presente en cada momento de su vida. Como afirmara siempre mi recordada abuelita Celita: Madre en la vida sólo una. Esta es una lección de amor que me lleva a reflexionar sobre la convicción de amor, entrega y respeto que le deben los hijos a sus padres.

La primera virtud de mi madre fue la devoción y entrega a su familia, a la que enseñó a caminar, a sonreír, a tener fe, a luchar contra las adversidades y a sentir compasión por los demás. Los recuerdos de mi madre son emotivos y hermosos. Aún en sus últimos momentos estuvo pendiente hasta de los detalles. Fue madre y amiga no sólo de sus hijos sino de sus sobrinos y sus nietos. Daba consejos con la seguridad de una intención positiva y transparente. Entregó a la posteridad su ejemplo virtuoso de desprendimiento, honestidad y sencillez.

Su segunda virtud fue su vocación social. Con su grupo de amigas tomó la misión de ayudar a los niños del comedor infantil de las misioneras catequistas de Lumen Cristi. Con amor y devoción, como una muestra de calor humano y entrega a las causas sociales, ella misma le cocinaba a los niños. También colaboró con el asilo de ancianos en Masaya, con el grupo de San Cayetano.

Su tercera virtud fue la lealtad a los principios políticos de mi padre, el doctor Ramiro Sacasa Guerrero. Junto a él nos formó en los valores de la integridad, la justicia y la equidad social. Lo acompañó siempre en su difícil y prolongada carrera política, en la tarea de rescatar el liberalismo para la posteridad, apoyándolo a fundar el Partido Liberal Constitucionalista. Compartió el lema de mi padre en su firme manifestación de que “la lealtad se debe a los principios y no a los hombres”, salvando para la historia la vigencia del liberalismo. Que Nicaragua y el liberalismo aprendan de las lecciones de democracia, respeto y civismo de la vida y muerte de Ramiro y Lillian. Sus hijos son ahora responsables de restaurar y renovar los valores sociales y la democracia nicaragüense, enrumbándola hacia la honestidad y el progreso.

Dios le permitió el milagro de regresar a Nicaragua y abrir sus ojos a un nuevo amanecer. Pudo despedirse de sus hijos, sobrinos y nietos recuperando su conciencia por más de dos horas antes de morir, y mostrando una vez más sus extraordinarias convicciones cristianas y espirituales. Ella sembró amor en su vida y hoy lo está cosechando. Infinitas gracias mamá por tu legado de amor y de unidad. Tus hijos están unidos gracias a tu ejemplo, a tu mano conductora extendiéndose siempre para marcar el camino. Tus hijos se enorgullecen de tu vida, de tus consejos, de tus palabras y de tu ejemplo. Tus hijos se inclinan ante tu recuerdo y figura maternal, ante tu legado ético y estela moral que es y será motivo de orgullo para quienes compartimos tu visión de familia.

En nombre de la familia Sacasa Gurdián agradezco a quienes nos acompañaron a elevar esta plegaria de amor por el alma de una mujer increíblemente especial y bondadosa que ahora acompaña a mi padre en su morada eterna. La vida y la muerte son parte de la eternidad. Y como dijo Cicerón: La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos. Que Dios la reciba en el Paraíso, donde ella con su vida y su ejemplo, se ha ganado un lugar en los cielos, como una estrella que se encendió en el firmamento y que nos iluminará eternamente. Mamá: Ésta no es una despedida, nos veremos en la eternidad.

El autor es Superintendente de Pensiones. Resumen de la oración fúnebre que pronunció en los funerales de su madre, doña Lillian Gurdián de Sacasa.  

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