- Joven irlandesa trata de llamar la atención y conseguir ayuda económica para construir un centro de equitación para la rehabilitación de niños con discapacidad
Noelia Sánchez RicarteCORRESPONSAL/[email protected]
Marianne Du Toit, una mujer irlandesa de porte elegante, alta y con mucha dificultad para comunicarse en español, dice haber viajado a lo largo de un año, a través del mundo, en compañía de sus dos caballos a los que llama “Misha” y “Tufein”, que significan “Yo” y “Tú mismo”, respectivamente.
Hace un año, justamente el pasado 15 de junio, esta mujer inició su singular travesía en Buenos Aires, Argentina, y desde entonces ha viajado por Bolivia, Brasil, Venezuela, luego llegó hasta San José, Costa Rica (no pasó por Colombia ni Panamá) y ahora atraviesa nuestro territorio. Su meta es llegar a Nueva York, Estados Unidos, y construir una escuela de equitación.
A Marianne sólo la acompañan sus dos caballos, uno que monta y otro para cargar sus alforjas y la carpa; además lleva un cuaderno en el cual escribe las experiencias vividas en cada lugar que visita y un libro que contiene mapas de los lugares hacia donde se dirige.
UNA AVENTURA Y UNA ESCUELA
Una amplia sonrisa espontánea, que surge en esta irlandesa al hablar de caballos, denota el cariño que siente por estos animales. Marianne comentó que aunque su viaje es una aventura que quiso llevar a cabo, su propósito es construir una escuela de equitación para niños con discapacidad en Irlanda.
“Voy a construir una escuela y necesito ayuda de empresas, tengo ayuda de empresas en Irlanda para hacer este viaje, quise ir a caballo para una aventura, pensé en hacerlo como caridad y así buscar fondos para la escuela. Espero que cuando lleguemos a Estados Unidos van a haber más empresas que colaborarán”, dijo Marianne, refiriéndose a que, en cada lugar, pretende llamar la atención para canalizar más ayuda.
TRAVESÍA DIFÍCIL
Marianne confiesa que la travesía ha sido muy difícil, sobre todo, si se toma en cuenta que viaja sobre la ruta con dos caballos. “Me gustan todos los países, algunas cosas difíciles y algunas cosas más fáciles. Fui a Argentina, luego a Bolivia, aquí fue muy difícil porque en el altiplano de la montaña hay mucho frío en la noche”, comentó.
En Bolivia recuerda que tuvo que dormir en la montaña, en su carpa, porque no había mucha gente, ni casas, en una distancia a veces de entre 50 ó 70 kilómetros.
Luego llegó a Brasil, “aquí mucho calor por el clima tropical, hay muchos insectos para mí y para los caballos; en Venezuela estuvo difícil también porque tuve que ir sobre la carretera, en asfalto, porque al lado de la carretera hay botellas y es peligroso para los caballos”.
A pesar de los inconvenientes, Marianne se siente satisfecha de la gente que, de alguna manera, la ha ayudado en los países que ha visitado.
En varios lugares dice haber encontrado gente que le ayudó a conseguir contactos para tener donde dormir durante su viaje y a veces cuando no los encontraba, tenía que pedir un espacio “primero es más importante para los caballos un espacio seguro: comida, agua y después algo para mí”, dijo.
NICARAGUA
A eso de las seis de la mañana del pasado miércoles, Marianne salió de Rivas, rumbo al Norte, continuando con su recorrido.
Planea llegar en los próximos días a Managua, luego a León, de ahí a Chinandega, pero aún no está clara si continuará su viaje hacia El Salvador, o bien antes a Honduras y luego a El Salvador.
“Voy a atravesar Nicaragua y ahora no sé si puedo ir de Potosí a La Unión (El Salvador), puede ser en ferry o en barco, si no tengo que ir a Honduras y después a El Salvador, luego iría a Guatemala, México y finalmente a los Estados Unidos”, agregó.
TAMBIÉN EN BICICLETA
Marianne Du Toit, no sólo se ha plantado el reto de recorrer a caballo el mundo, sino también en bicicleta. Ella recordó que hace unos ocho años, recorrió unos dos mil kilómetros por los países europeos.
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