La cabeza de Francisco Hernández de Córdoba fue expuesta a la intemperie varios días, puesta sobre una estaca de madera. Los restos encontrados no la tenían. Los desastres que obligaron a abandonar la ciudad en 1610 se atribuyeron al asesinato del Obispo, Fray Antonio de Valdivieso en 1550
Era el mes de junio de 1526. El gobernador Pedrarias Dávila convocó a la población en la Plaza Mayor, el hermoso sitio que había trazado Juan Meco, después de la fundación de la ciudad en 1524. Pero no se trataba de ninguna festividad, más bien había un profundo silencio.
Se escucharon oraciones cuando el prisionero fue llevado al centro de la Plaza, cerca de donde estaba Pedrarias, impasible apenas sobándose la barba. No era la primera vez que daba una orden semejante. Ya en Panamá había rodado la cabeza de su propio yerno, Vasco Núñez de Balboa, igual que la de los capitanes Valderrábano, Botello, Hernando Muñoz y Fernando Argüello.
El prisionero quedó viendo a su antiguo compañero de expediciones y aventuras. Esperó alguna señal que suspendiera la ejecución. Pedrarias hizo un gesto apenas perceptible, suficiente para que el verdugo bajara con fuerza la espada y cortara la cabeza de Francisco Hernández de Córdoba, el fundador de Granada y León.
ENTERRADO SIN CABEZA
La cabeza de Hernández de Córdoba fue puesta sobre una estaca y expuesta durante días hasta que fue retirada sin conocerse su destino. Mientras el propio día de la ejecución varios vecinos le solicitaron a Pedrarias permiso para sepultar el cuerpo sin cabeza en la Iglesia de La Merced, bajo el Presbiterio.
En 1531 falleció Pedrarias y fue enterrado a la par de Hernández de Córdoba. En 1610, luego de una serie de desastres se decidió el traslado de la ciudad al sitio donde actualmente se encuentra. La ciudad quedó en ruinas y comenzó a ser también sepultada y llamarse León Viejo. En 1858, Maximiliano Von Sonnenstern publicó un mapa de Nicaragua donde aparecen referencias de la desaparecida ciudad.
En mayo del año 2000 los arqueólogos del Instituto Nicaragüense de Cultura, Edgard Espinoza y Ramiro García, localizaron el Presbiterio de la Iglesia de La Merced y dos tumbas. Luego de acuciosos estudios establecieron que a uno de los restos le faltaba la cabeza y el otro correspondía a una persona de elevada estatura, concluyendo que eran los de Hernández de Córdoba y Pedrarias, a lo que había hecho referencia el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo.
Ironías de la vida, durante 469 años los restos de la víctima y del victimario permanecieron juntos. Cuando Pedrarias murió el homenaje fue para él, al momento del descubrimiento fueron para Hernández de Córdoba, cuyos huesos recibieron honores en Granada, Managua y León. A ambos personajes los sepultaron de nuevo en la Plaza Mayor, bajo la estatua de Hernández de Córdoba que por muchos años estuvo en la Vieja Catedral de Managua.
Dentro de esas contradicciones de nuestra historia, en marzo de 1912, se decretó que la unidad monetaria se denominara Córdoba. Igual la moneda oficial de Panamá se llama Balboa. A pesar de que las cabezas de ambos rodaron por orden de Pedrarias las transacciones económicas hacen que todavía sigan rodando sus apellidos.
BIBLIOGRAFÍA
Historia de León Viejo. Alfonso Argüello
Fray Antonio de Valdivieso. Pastor, Profeta y Mártir. Clemente Guido Martínez
Breve guía de León Viejo. Comisión Nacional. Pro-Excavaciones de León Viejo.
Antonio de Valdivieso. Un obispo dominico en la Nicaragua del siglo XVI, promártir de América.
Memorial del Capitán Francisco Hernández de Córdoba. Instituto Nicaragüense de Cultura.
León Viejo. Pompeya de América. Jorge Eduardo Arellano.
Historia natural y general de las Indias. Gonzalo Fernández de Oviedo.
Historia eclesiástica de Nicaragua. Edgard Zúñiga.
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