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Aunque la Policía de Nicara-gua sostiene que éste es el país más seguro de Centroamérica, entre los ciudadanos existen distintas percepciones de esa seguridad y creo que la mayoría de los habitantes de Managua preferiríamos una ley contra las pandillas.
Tanto la Policía como la Procuraduría de la Niñez consideran innecesaria una ley contra las pandillas, argumentando que la violencia juvenil de Nicaragua es menor que la de Honduras, donde ya el presidente Ricardo Maduro decidió prohibirlas y declaró la “guerra a la delincuencia”.
Podrán mostrar con estadísticas que aquí las pandillas han matado menos gente que en Honduras en un determinado tiempo, pero eso no indica que la población de Managua o de otras ciudades nicaragüenses vive con seguridad.
Hay zonas de Managua donde ya no se puede entrar ni salir después de las siete u ocho de la noche, porque las pandillas se apropian de los territorios. Los habitantes allí viven secuestrados de hecho.
Hay vías de Managua, consideradas céntricas o protegidas por la Policía, donde después de las nueve de la noche los ciudadanos que circulan en sus vehículos pueden ser asaltados.
Conozco el caso de una mujer que viajaba sola en su carro por la Carretera Norte y dos hombres en sendas motos la siguieron desde donde fue el Cine González hasta Portezuelo, y se salvó porque otro conductor llegó en su ayuda.
Podrán decirme que ésos eran ladrones y no propiamente una pandilla. Sí, pero es que los pandilleros “evolucionan”, comienzan peleando entre sí, luego haciendo asaltos pequeños y después hasta asesinan por encargo, como matones profesionales. Eso ha sucedido en Honduras, y en Nicaragua podríamos estar cerca de padecerlo, si es que no lo sufrimos ya.
En otra ocasión, cerca de la Rotonda Santo Domingo un hombre se metió por la ventana de un carro en que viajaba una pareja. Comenzaba la noche y varios ciudadanos miraron perplejos la lucha entre el asaltante y sus víctimas que al final lograron lanzarlo a la calle.
A un fotógrafo de LA PRENSA lo asaltaron en el Gancho de Caminos al mediodía, dos hombres armados con puñales. Nadie lo auxilió y un comerciante le dijo, no sé si como excusa o advertencia: “Eso aquí ocurre diario y ayer a un hombre le pegaron un machetazo para robarle…”
Esto no aparece en las estadísticas, por supuesto. En los últimos cinco meses, los pandilleros sólo cometieron cinco homicidios, dijo la Policía. Eso significa que vivimos en un país seguro, aunque hay lugares de Managua donde ni la misma Policía se atreve a entrar, según cuenta la gente que allí sufre el acoso de las pandillas.
Cada semana encontramos uno o dos muertos en los periódicos. Lo mataron por robarle, lo persiguió la pandilla y lo alcanzó en la puerta de su casa. Tal vez uno o dos lo mataron. “No es pandilla”, pensará el estadístico. ¿Dónde se entrenan esos asesinos ahora, si no es en las pandillas juveniles? Hace falta la ley.