- Don King insiste en tal similitud
Edgard Tijerino M. [email protected]
Más allá de lo discutible del tema, Don King se ha esforzado en hacernos ver semejanzas entre Ricardo Mayorga y Roberto “Manos de Piedra” Durán, considerado el mejor púgil latino de todos los tiempos.
Durán, todos lo recordamos, tenía la fuerza de un huracán. Hablaba, se movía y peleaba, como si un viento impetuoso lo empujara. Fue en todo momento, una exaltación, un entusiasmo permanente, una mágica energía. Y lo más importante, se tenía una fe bárbara.
Como Ricardo podríamos decir, pero con ciertas variantes, algunas significativas.
Fajador nato, Durán acostumbraba ir directamente al cuerpo del enemigo y someterlo a un bombardeo implacable, como lo hacían Ketchell, Dempsey o Marciano. Para lanzarse contra las bayonetas tomando todos los riesgos, hay que tener una formidable resistencia, y de Durán se decía que era capaz de cabecear granadas.
Mayorga como Durán, es violento por naturaleza y sólo entiende que debe ir al frente con todo, confiando en su exuberante poder y su capacidad para absorber sin inmutarse. Su ataque es más a la brava, no entiende de ángulos favorables ni de quiebres elaborados, simplemente ataca, a como sea.
Tanto Durán como Mayorga tienen esencia de matadores, pero la línea de boxeo del panameño era mejor definida, se le podía someter a estudio. Mayorga es a ratos un jeroglífico que el propio Champollión no hubiera podido descifrar.
Hay boxeadores imprevisibles como Naseem Hamed, pero no tan consistentes como Durán y Mayorga, que pelean con sus pies bien asentados, no brincan, no van hacia atrás, no tratan de pasar golpes desequilibrando sus movimientos.
Vamos, Durán fue un atacador más formal que Ricardo, y eso explica por qué Forrest ha invertido muchas horas extras estudiando el video de Mayorga, y todavía debe estar haciéndose preguntas incómodas, sin respuestas.
Gilberto Mendoza, el presidente de la AMB, me dijo en Temécula después de ver caer a Forrest: “El gran enigma es ¿cómo poder torear a Mayorga? si nunca sabés cómo vendrá hacia ti?
Mentalmente, Mayorga se aproxima a Durán. “Yo estoy claro. He sido, soy y voy a seguir siendo un atropellador. Pienso, que lo fundamental es no darle tregua al rival, no darle tiempo para pensar, llevarlo hacia atrás, ponerle encima toda la presión posible, mantenerlo ocupado con su preocupación”, me dice con una naturalidad y una sencillez eriza pelos.
UN MATADOR
Ricardo Mayorga es un rompe-huesos que se encuentra atravesando un período de aprendizaje, pero –como ya lo hemos dicho-, lo más importante, lo fundamental para sostener esa agresividad agobiante, es su esencia de “matador”.
“No sé. Me parece muy abierto y eso es grave, sobre todo frente a un rival que sabe disparar y acomodarse en la distancia. Debe aprender como Durán a entrar con más protección y una idea más clara”, me dijo el colega Fernando Páramo después de verlo contra Andrew Lewis, pero contra Forrest, sin grandes avances, Mayorga fue capaz de simplificar con más autoridad y rapidez.
Hay diferencias fácilmente captables entre Durán y Mayorga, aunque todos los destructores se parecen. Durán fue siempre un mejor boxeador, pero más predecible que Ricardo durante sus arremetidas. Y esa es por ahora, la mejor arma del nica.
