Edgard Tijerino M. [email protected]
SANTO DOMINGO.- Hace unos años, estando en Laussane, Suiza, cuando se decidió abrirle espacio a los profesionales en los torneos internacionales de béisbol, más allá del retorno al bate de madera, le pregunté a Manolo González Guerra, todavía vivo por supuesto: ¿Qué tanto considera los afectará este cambio, teniendo que enfrentar a una oposición más competitiva?
Igual que yo, Manolo no le dio mente a la posibilidad de ver en acción a big leaguers activos en los equipos de EE.UU., Dominicana, Puerto Rico, México y Venezuela, pero sabía que los asiáticos crecerían en peligrosidad, y que aún recurriendo sólo a elementos de las ligas menores y ciertos veteranos, ellos, los todopoderosos cubanos, se sentirían tan amenazados como los habitantes de Pompeya a la orilla del Vesubio, escuchando sus rugidos.
“Será más difícil pero tenemos suficiente material para mantenernos arriba”, me respondió con una simpleza cobijada de arrogancia, algo característico en él y que supo conservar a un lado del paso del tiempo.
No fue así… Lo comprobamos en los Panamericanos de Winnipeg cuando los cubanos estuvieron a punto de hundirse antes de resurgir espectacularmente a base de agallas y clase, y luego al verlos perder la Copa Intercontinental en Melbourne frente a Australia, y el título Olímpico contra EE.UU., cuando Ben Sheets hizo una aparición a lo “Frankestein” erizando los pelos y congelando los bates de los antillanos en Sidney.
Ciertamente, así como le está ocurriendo a Michael Shumacher en Fórmula Uno, el paralelogramo de las fuerzas comenzó a moverse de diferente forma en el béisbol internacional, y Cuba se vio afectada.
Más todavía al ver desaparecer a varios de sus estimables veteranos, y temerosos de la cacería de los scouts, tener que dejar en casa a peloteros de grandes proyecciones, entre ellos Kendry Morales y Maels Rodríguez.
Sin llegar a impresionar, Cuba venció 5-0 a Panamá y 4-0 a Brasil, cayendo inobjetablemente 7-1 ante México, y cediendo el liderato del grupo A.
Hoy, Cuba enfrenta a Dominicana en la etapa de vencer o morir… Su eliminación sería lo más sorprendente de estos Panamericanos, porque EE.UU. vino con universitarios como en los viejos tiempos, en tanto Dominicana no pudo organizar un trabuco y sólo pudo reunir algunos veteranos con ciertos elementos combativos.
Se llegó a suponer, que la final probable sería Cuba-Dominicana, no un duelo angustioso de cuartos de final como el que presenciaremos hoy… Pese a todo lo ocurrido, Cuba que no pudo conectar jonrón en los tres juegos clasificatorios, es señalada como favorita por sus antecedentes.
Claro, con José Ariel Contreras, con José Ibar, con Maels, con Yobal Dueñas, con Morales, con Cañizarez, Cuba podría haber atravesado al galope el mar de los dificultades, pero a los reemplazos les ha quedado muy ancha la chaqueta.
Sin embargo, como me advertía el colega Raúl Arce ayer en la Sala de Prensa, no se puede subestimar a Cuba, sería una grave imprudencia. Aún sangrando el “Monstruo” impone respeto, aunque aquel temor que provocaba, se ha estado evaporando.
