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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Tecnicismos y Sinvergüenzada

Eduardo Enrí[email protected]

Los “honorables” magistrados y magistradas se enojan cuando leen u oyen críticas sobre el Poder Judicial, pero la verdad es que ese Poder es un desastre. De los cuatro probablemente sólo es peor el Poder Electoral, pero eso porque sinceramente esos señores que se buscaron para regir las elecciones ya están más allá del pesar y la vergüenza que uno pueda sentir. Pero eso no es nada halagador para los magistrados judiciales que presiden un Poder cada vez más descarado. Se supone que los miembros del Poder Judicial deberían ser uno de los pilares del sistema democrático y del desarrollo de un país, pero aquí ocurre totalmente lo contrario, aquí son garantes más bien de sus propios intereses, de los de sus caudillos a los que les deben el cargo, y de sus compinches.

Actualmente hay tres casos que definen claramente el triste estado de ese Poder. En los tres los sinvergüenzas están por salirse con la suya, pero no porque hayan demostrado que tienen la razón, sino porque han tenido la capacidad de enredar las cosas y aprovecharse –junto con los jueces– de lo que los abogados llaman “tecnicismos”, para no tener que pagar por sus faltas.

El más antiguo de todos es el caso de Agroinsa vs. Iniser. Ahí están en juego varios millones de dólares del patrimonio estatal, o sea de todos los nicaragüenses, y lo más probable es que lo perdamos.

Si dejamos a un lado la ineptitud y falta de agallas de que han hecho gala los abogados que ha contratado el gobierno, la verdad es que la juez ni siquiera ha examinado el fondo del asunto. O sea, ni sabe ni le interesa saber si en realidad la maquinaria del Ingenio Victoria de Julio, que reclama Agroinsa, estaba o no cubierta. Eso sí, está lista a entregar ese cachipil de riales a los demandantes sólo porque a un abogado se le olvidó meter un escrito o fotocopiar todo el expediente. Ese es un “tecnicismo” dirían los abogados. Una total sinvergüenzada, diría yo.

En orden cronológico de fallo le sigue el caso de los policías de Bluefields vinculados al narcotráfico. Están libres por cuestiones de papeleo, no importan las pruebas y testificales en el expediente o la investigación de la propia Policía que los encontró en “faltas graves”.

Y ahora le sigue el caso del ex presidente Arnoldo Alemán. Sus abogados y los mismos magistrados liberales en la Suprema están esperanzados en que el fallo que emitirá la Corte Centroamericana de Justicia diga que la inmunidad del Parlamento Centroamericano lo cubre por ser diputado, porque entonces su líder saldrá libre. O sea, no están considerando las pruebas en su contra. Eso no importa, lo que importa es si pueden encontrar alguna ranura por donde lo puedan sacar. ¡Y en esto participan activamente los magistrados liberales!

Un sistema que hace leyes tan sinvergüenzas y que son acatadas sólo cuando conviene está más que podrido.

¿Y cómo cambiar ese sistema? Esperanzas de que se cambie a través de los actuales magistrados (nueve de ellos recién electos) no hay ninguna. La verdad es que en la Corte hay tres tipos de magistrados: el que está haciendo el negocio de su vida usando las influencias; el que está ahí para obedecer ciegamente a su caudillo porque sin él no sería nadie; y el blandengue, que por falta de pantalones calla, se encierra en su oficina y sólo sale para recibir su cheque. ¿Así cuándo?

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