Edgard Tijerino M. [email protected]
SANTO DOMINGO.- Con el pelo tan revuelto como el de Albert Einstein, las camisas empapadas por el sudor del esfuerzo supremo, el corazón en los dientes, latiendo acelerado como el Cerro Negro cuando ruge, y los puños crispados como los de Ricardo Mayorga agrediendo a Vernon Forrest, la Selección Nacional de Béisbol reaccionó vigorosa para transformar un 0-2 adverso, en un 5-2 favorable, conservando su invicto y arañando una medalla en el béisbol panamericano.
El hasta anoche mejor equipo del torneo, lo siguió siendo con un relevo autoritario de Cairo Murillo, una defensa sólida y oportuna, y una productiva ofensiva de 10 hits, que terminó desarticulando el pitcheo canalero.
La combinación de estos factores hizo desaparecer el fantasma de la frustración, que desde siempre cobra vida cuando se trata de enfrentar el reto de los difíciles e irrespetuosos panameños.
El equipo nica, que llegó sigilosamente a este evento, utilizando las pantuflas de la discreción, salió bruscamente de la oscuridad, se proyectó consistentemente y es ahora, después de sepultar dudas, el más impactante de todos.
Aunque Cuba o Dominicana nos esperan en la vuelta de la esquina, la posibilidad de la proeza es tan viable que nadie duerme, acariciándola.
