Ve, hombré. Mirándolo bien, toda la vida ha sido lindo ser guardia… bueno, lindo desde el punto de vista económico porque en otros aspectos han hecho chanchadales de todo tipo y de todo grosor. La cosa es que en los tiempos de mi general Somoza García, los majes éstos —especialmente los grandotes— estaban pijudos: tenían de todo y para todo. Lo mismo pasó en los tiempos de mi general Somoza Debayle a quien, de pasadita, le rendían una pleitesía total, lo admiraban sobre todas las cosas y le cuidaban “sus” bienes con la fidelidad que se compra con plata y con el arte de compartir lo robado. (Cualquier parecido con el estilo Tamalón es pura copia).
En los tiempos de la robolución la cosa siguió igual pero con un giro especial. Mi general Ortega se desvivía cuidándolos de la CIA, del FBI, del Pentágono, de la Contra, de las transnacionales, del capitalismo, y del «diversionismo» ideológico dándoles de todo: casa, licores finos, cigarrillos «made in USA», vehículos, gasolina, betamax (¿qué habrán hecho esos chunches?), televisores a colores, juguetes lindos para sus niños… Era tanta la «confianza» que les tenía que él los compraba y ellos, revolucionarios íntegros, preferían ser comprados por la fuerza del proletariado que ser adquiridos por el Imperio.
Después, en esta era de democracia (ja, ja, ja, ja) pasamos a los tiempos de mi general Cuadra quien encontró un camino hecho, pero lo perfeccionó. «Esto es un negocio y vamos a manejarlo como tal». Y se afinó la cosa: acciones en los bancos, movimientos en la bolsa de valores, compras de tierra, inversiones múltiples que acolchonadas con contrabandos y cosas que se logran haciéndose de la vista gorda, han asegurado la calidad de vida de estos sufridos hombres de uniforme.
En estos últimos años —siempre en la era del «ja, ja, ja, ja»— le ha tocado suave a mi general Carrión. Ya encontró todo montado, la maquinaria aceitada y funcionando para sí misma, y sólo es cuestión de mantenerla de esta forma. Cualquier inconveniente, ¡para eso está la Policía! Ahí están los corruptos, ahí están los vende armas, ahí están los «paga con coca». Acá, del lado verde olivo, sólo hay gente entregada que, para no andar ni morir «limpio», tiene negocios limpios en bancos y empresas limpias. ¡¡Mamá, yo quiero ser guardia!!
