Roman, Times, serif»>
Alemán y la dignidad nacional
La principal consecuencia de las acciones políticas y judiciales que el presidente Enrique Bolaños ha impulsado contra la corrupción, es el encarcelamiento de Arnoldo Alemán, sin dudas el personaje más representativo de todos los corruptos y no sólo de Nicaragua sino que de Iberoamérica en general.
Hay que decirlo con toda franqueza: El encarcelamiento y procesamiento de Arnoldo Alemán ha permitido a la mayoría de los nicaragüenses recobrar el sentido de dignidad nacional y abrigar la esperanza en que el poder público se puede ejercer con integridad y transparencia. Y además ha motivado que la comunidad internacional mire de nuevo con respeto a esta nación que históricamente ha andado de salto en salto entre gobernantes que compiten por ser a cual más ordinario, despótico y corrupto, con algunos excepcionales oasis de integridad como en los Treinta Años Conservadores y las administraciones del doctor René Schick Gutiérrez, Violeta Barrios de Chamorro y ahora Enrique Bolaños.
Por eso es que liberar a Arnoldo Alemán por la razón y con el pretexto que sea —político, legal o episcopal—, sería lo peor que le podría ocurrir a la sociedad nicaragüense. Y si desgraciadamente llegara a ocurrir, el orgullo nacional medio recobrado gracias al enjuiciamiento y encarcelamiento del ex presidente que es quizás el más corrupto de toda la historia nacional, se trocaría en vergüenza nacional.
Se dice que la existencia de una nación se basa en la toma de conciencia de lo que es el fundamental interés nacional; y que este interés se funda, primero, en el mantenimiento de la integridad territorial, segundo en el sentimiento de pertenencia y enraizamiento al país donde se nace y se vive; y tercero, en la confianza en la justicia y la seguridad jurídica, y la convicción de que los delincuentes, incluso los políticos, serán medidos y castigados con la misma vara justiciera con la que se mide y castiga a todos los demás criminales.
En los últimos años diplomáticos extranjeros y observadores internacionales han dicho, aunque en voz baja, que en todas partes hay dirigentes políticos pero en Nicaragua hay delincuentes políticos. ¡Qué vergüenza! Por razones comprensibles los diplomáticos extranjeros no lo dicen públicamente, pero lo comentan en privado, y no para escarnecer a los nicaragüenses sino para alentarlos a repudiar la corrupción que es el principal impedimento a cualquier posibilidad de desarrollo económico y progreso social.
Sin embargo, desde que Arnoldo Alemán y Byron Jerez están encarcelados y otros de sus compinches huyen de la justicia, los diplomáticos y observadores extranjeros nos están viendo con respeto y confiando en que no somos un pueblo irredento sino una nación capaz de volver por sus fueros y dignidad.
Por su parte, los altos mandos del FSLN, que por medio de la jueza Juana Méndez y de su control de la Corte Suprema de Justicia tienen en sus manos la llave de la cárcel de Arnoldo Alemán, para mantenerlo en el calabozo donde debe purgar sus penas, o ponerlo en libertad, saben que lo dicho anteriormente es cierto y que si lo soltaran se cubrirían de indignidad y humillarían a toda la nación.
En estricto sentido de legalidad, cualquiera que sea el fallo que dictare la Corte de Justicia Centroamericana sobre el caso de Arnoldo Alemán, éste no debe ser liberado sino más bien sentenciado por los delitos que ya la justicia ordinaria comprobó.
Es cierto que el artículo 3 del Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia señala que sus resoluciones y doctrina “tendrán efectos vinculantes para todos los Estados (…) que participen en el Sistema de Integración Centroamericana…” Pero el artículo 159 de la Constitución de Nicaragua indica que “las facultades jurisdiccionales de juzgar y ejecutar lo juzgado corresponde exclusivamente al Poder Judicial”. Y el artículo 182 Cn. establece que: “No tendrán valor alguno las leyes, tratados, órdenes o disposiciones que se le opongan (a la Constitución) o alteren sus disposiciones”.
De modo que no hay dónde ni cómo perderse. La Corte Centroamericana de Justicia puede fallar lo que quiera, pero la decisión sobre Arnoldo Alemán le corresponde única y exclusivamente a la justicia nicaragüense, o al partido político (FSLN) que la domina, porque desgraciadamente así son las cosas en Nicaragua.