- Tras 12 kilómetros de peregrinar Santo Domingo de Guzmán, patrono de la capital volvió a su sitial en
Las Sierritas de Managua - Párroco Orlando Aguilar espera que fiestas se cristianicen en el 2004
Hilda Rosa Maradiaga C. y Antonia Calero [email protected]
Engalanado de rosas blancas, girasoles y mariposas; al ritmo de la contagiante música de chicheros, mucha pólvora, la euforia de miles de promesantes, y rompiendo tradiciones, Santo Domingo de Guzmán dejó la capital. Regresó a la Iglesia de Las Sierritas de Managua en su acostumbrado recorrido de todos los 10 de agosto.
Este año, contrario a la tradición de realizar una vigilia durante la noche del 9 de agosto en la Iglesia de Santo Domingo de Managua, el sacerdote Orlando Aguilar mandó a cerrar la Iglesia a las 10 de la noche.
“Tendría que caer fuego, porque se ha irrespetado la casa de Dios”, dijo el cura en su sermón durante la misa realizada a las 6:00 a.m. para despedir al Santo. Aguilar, sin restar méritos y reconociendo que gran cantidad de los participantes de las fiestas realmente son cristianos creyentes del Santo milagroso, criticó que algunas personas asisten sólo a sacar provechos personales de la fiesta religiosa.
Justo cuando el cura estaba terminando el sermón, hizo su entrada el mayordomo de las fiestas y alcalde de Managua, Herty Lewites, custodiado de antimotines y personal de la Alcaldía, con música de chicheros. “¡Callen esa música y desalojen el templo!”, gritó el sacerdote, quien no entendía por qué tanto bullicio que distraía y no dejaban oír el sermón a las personas que estaban en la misa.
“No sigamos a personas, todo pasa, menos Jesucristo”, exhortó el sacerdote, quien indicó su esperanza de que un día estas fiestas se cristianicen.
Con una lluvia de aplausos, Minguito fue levantado en hombros para bailar al ritmo de chicheros y del zangoloteo de los cargadores tradicionales, durante más de media hora, para luego ser subido al barco.
El mayordomo Lewites, hizo la entrega del Santo a los cargadores tradicionales en el Gancho de Caminos, donde también se bailó hasta el cansancio antes de salir hacia Las Sierritas.
FERVOR EN LA MORITA
Otro momento de euforia entre los promesantes y acompañantes del Santo fue su paso por el puente La Morita, donde hubo un derroche de pólvora y lluvia de aplausos para la diminuta imagen que bailaba de un lado para otro, como diciéndole adiós a Managua.
En el camino se juntó a la imagen José Antonio Alvarado, quien no paró de bailar junto a los promesantes que lograron penetrar el cordón de seguridad que los policías antimotines llevaban alrededor de la imagen.
En mitad del recorrido también apareció el precandidato a la Alcaldía de Managua, Evert Cárcamo, quien levantaba los brazos –igual que lo hacen los candidatos electorales en sus campañas– saludando a las personas que se encontraban a las orillas de las calles esperando el paso de la multitudinaria procesión.
HOY CONCLUYE LA FIESTA
Con lágrimas en los ojos, pero sonriendo llegaron a la Iglesia de Las Sierritas de Managua, los cargadores de Santo Domingo, quienes durante diez horas realizaron el recorrido en las principales avenidas de la capital, bailando al son de los chicheros.
“Es algo muy especial para nosotros, por eso lloramos, el recorrido es largo y doloroso, a veces pensábamos que no lo lograríamos y aquí estamos, nos causa vergüenza llorar”, dijo Oscar Romero Sánchez, un legendario cargador.
El párroco de la Iglesia Santo Domingo, padre Leonel Baltodano dijo que el sufrimiento forma parte de la celebridad de las fiestas patronales. “Ha sido una fiesta de celebridad de unidad, ya que Minguito une al pueblo, aquí bailamos todos, reímos y nos quejamos todos, es algo compartido”, manifestó el párroco.
Baltodano expresó que hoy concluirán las fiestas del patrono de Managua con una procesión que iniciará a las 8:00 a.m. por las calles de la localidad; a las 10:00 a.m. se oficiará una misa a nombre del Santo y sus feligreses. Se estima que la imagen regresará a su trono a eso de las 11:00 am.
PLEGARIA
Este año Santo Domingo llevaba una petición a sus pies. “Tu pueblo tiene hambre. Queremos trabajo para sobrevivir humildemente. Intercede por nosotros”, rezaba la plegaria que fue leída por el sacerdote antes que el Santo saliera de la Iglesia.
LO PROMETIDO ES DEUDA
Adultos y niños pintados de negro los “diablitos”; mujeres y niñas vestidas con güipil, las vaquitas y por supuesto los borrachos no hicieron falta en la procesión.
Danny Enrique Espinoza Gutiérrez, uno de los “diablitos” dijo que todos los años participa de la traída y llevada del Santo en pago de una promesa por la salud de su hijo. “Estuvo bien mal, tenía flema en los pulmones y casi se me muere, le hice esta promesa a Minguito y él me lo salvó”, indicó el promesante.
Ronald Mairena, también embadurnado de grasa, dijo que su promesa es en agradecimiento al Santo porque a él le debe la vida. “Casi me muero, estuve muy enfermo y el Santo me tiene aquí, bailándole”, aseguró.
Y como todos los años, doña Juana Francisca Villalta, de 99 años, quien se autodenomina “la vaca vieja”, bailó sin descansar en la procesión, cargando a su vaquita.
“Le bailo a Santo Domingo desde que estaba en el buche de mi madre, ella me heredó esta creencia y tradición, después del terremoto de 1931 yo quedé padeciendo epilepsia y el Santo me ha ayudado a sobrellevar la enfermedad de la mejor manera, por eso le bailo cada año con más devoción, hasta el día que me muera”, dijo.
De igual manera la señora Yelba Rosa Hernández, de 54 años, dijo que participa de la tradición desde que tenía cinco años y ha heredado la misma a sus hijos y nietos.
A la entrada a la Iglesia de Las Sierritas de la pequeña imagen los devotos cantaron a coro “Santo Domingo nuestro patrono mira a tus hijos, bendícelos”, en medio de sollozos gritaban, aplaudían y con pañuelos hacia arriba demostraban su alegría.
Junto a “Minguito” ingresó a la iglesia Cindy Carolina Rivas quien avanzaba de rodillas pagando una promesa, sus familiares le proporcionaban camisas y trapos como alfombras para que no se lastimara “es por mi hija de 5 años, cuando estaba por dar a luz tuve problemas y el médico me dijo que las dos podíamos perder la vida por eso le pedí a mi Santo”, explica Rivas.
Y aunque la imagen se encontraba en el interior de la iglesia los promesantes continuaban llegando con sus rostros agotados y sin pedir clemencia.
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