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LA PRENSA/G. Miranda

“Si se une al Ejercito y la Policía se pierde la especialización”

Dadas las cada vez más coincidentes misiones ¿convendría unir al Ejercito y la Policía en una especie de Guardia Nacional para ahorrar dinero? El General Javier Carrión, jefe del Ejercito de Nicaragua se opone a esta propuesta que forma parte del debate que cancilleres, jefes de las fuerzas armadas y policiales de Centroamérica sostendrán hoy […]

  • Dadas las cada vez más coincidentes misiones ¿convendría unir al Ejercito y la Policía en una especie de Guardia Nacional para ahorrar dinero? El General Javier Carrión, jefe del Ejercito de Nicaragua se opone a esta propuesta que forma parte del debate que cancilleres, jefes de las fuerzas armadas y policiales de Centroamérica sostendrán hoy en Managua sobre la agenda de Estados Unidos en la región, y que incluye también temas como la reestructuración de los ejércitos, la redefinición de sus misiones y un plan de desarme.

Xiomara Chamorro [email protected]

La propuesta del gobierno de Nicaragua, en materia de control y limitación de armamento en la región centroamericana, dentro de un balance razonable de fuerzas, presentada en enero pasado, enfrentará hoy una prueba “de fuego” cuando se analice con los militares y policías de la región en el encuentro del Consejo Intersectorial de Defensa y Seguridad de Centroamérica, que se realiza hoy en Managua.

Para la ocasión, llega al país el Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Políticos-Militares de los Estados Unidos, Lincoln Bloomfield, así como los ministros de Relaciones Exteriores, de Defensa y Gobernación de Centroamérica.

Uno de los objetivos del encuentro, que revelará el grado de consenso entre los militares centroamericanos sobre el tema, tiene que ver con la modernización de los Ejércitos de la región y si realmente los recursos que se gastan en el rubro de Defensa atienden las nuevas amenazas del orden internacional, tema que también será abordado en la Cumbre de presidentes que se realizará el próximo tres de septiembre en Belice.

El jefe del Ejército de Nicaragua, general Javier Carrión, al referirse a la reestructuración de las fuerzas militares, considera que en el país se ha avanzado más que en el resto de la región, pero las fuerzas civiles creen que llegó el momento de acelerar nuevos cambios.

En una entrevista con LA PRENSA, Carrión expone el punto de vista de los militares nicaragüenses.

Desde la perspectiva de los Estados Unidos, ¿qué significa reestructurar los ejércitos de Centroamérica, pero también qué significa para Nicaragua, para el Ejército de Nicaragua y para la región?

Hay que entender que la reestructuración de un ejército es una cosa normal y se da cada cierto tiempo en circunstancias cambiantes, tanto internas como internacionalmente, por lo tanto es una norma de la vida cotidiana en una institución militar estarse examinando cada cierto tiempo. En el caso de Nicaragua, desde los 90 nosotros hacemos una reestructuración militar que tiene que ver con misiones, doctrina, reducción de personal, con el enfoque de la defensa, entonces Nicaragua, a partir del 95, en un esfuerzo por encontrar cuál es el ejército que requiere, converge en un consenso político y sale el Código Militar. En este caso nosotros estamos más avanzados que el resto de Centroamérica porque ya desde entonces estamos discutiendo sobre terrorismo, narcoactividad, depredación del medio ambiente.

¿Qué es lo que pasa a partir de los 90 entrando al siglo nuevo? Se indujo una gran discusión teórica, cayeron los países socialistas, no hay Pacto de Varsovia, no hay Guerra Fría y viene un replanteamiento de todas las doctrinas militares y cada una va encontrando su misión. En países como los centroamericanos, que tienen un efecto muy cercano de una guerra importante para Estados Unidos como el Plan Colombia, viene a determinar que Estados Unidos en sus criterios doctrinarios las fuerzas armadas de Centroamérica estén orientadas ahora, en una actividad de seguridad interna, de luchar contra el terrorismo, narcoactividad, tráfico de personas, de tal manera que ellos examinan que las fuerzas policiales no son suficientes como garantía de que estas actividades puedan ser resueltas por estas instituciones policiales, más aún, algunos de estos fenómenos como la narcoactividad, están siendo asumidos como un asunto de seguridad nacional porque pueden llegar a destruir un Estado como es el caso de Colombia, entonces la orientación de la doctrina norteamericana es que las fuerzas armadas centroamericanas no estén pendientes de guerras entre los Estados, sino que tengan más funciones de guardia nacional, que es la que tuvieron en el pasado cuando se dieron las guerras de los 80 en Centroamérica. Entonces la estructura de Centroamérica cambió por las pláticas de paz que cambiaron el concepto de las fuerzas armadas que habían en la región, ahora viene un ajuste en la doctrina norteamericana de qué otras cosas pueden ser las fuerzas armadas y esto es más o menos lo que estamos conociendo nosotros en lo que el general Hill, jefe del Comando Sur, presentó en una reunión de seguridad de Centroamérica. Sin embargo, esto requiere de una serie de discusiones internas en cada uno de los países, porque él apela al liderazgo civil y político para examinar misiones y elementos constitutivos de los ejércitos, es decir, apela a una renovación en los Estados centroamericanos del papel y misión de las fuerzas armadas. Esto no lo vemos como un elemento distorsionante al constante examen de modernización de toda fuerza armada, no lo vemos tampoco como distorsionante para la carrera militar, porque si bien es cierto que la Constitución determina que la primera misión de las fuerzas armadas es salvaguardar la soberanía, la independencia y la integridad del territorio, mientras se hagan esas otras misiones, nuestro Ejército tiene grandes ocupaciones a lo interno, estamos apoyando la seguridad ciudadana en el campo, estamos apoyando la defensa civil, en la ecología, y tenemos insertado actividades en el campo de la narcoactividad y terrorismo por lo tanto estamos avanzados en lo que Estados Unidos ahora ha comenzado a ver como importante.

Esa doctrina parece que tratara de policializar al Ejército dándole misiones, como la lucha contra el narcotráfico o el terrorismo, que son más bien misiones de la Policía. El canciller (Norman Caldera) en declaraciones a LA PRENSA no descartó incluso la posibilidad de discutir la organización de una sola fuerza, una especie de guardia nacional.

Desde el punto de vista de la doctrina, uno puede tener como Estado una Policía o un Ejército, o bien una Guardia Nacional. El problema no es tanto que el ahorro de fuerzas nos lleva a una concentración de una sola fuerza policial-militar, sino que el problema hay que verlo desde otro ángulo. Obviamente las misiones policiales y militares no son en esencia las mismas, sin embargo hay muchas áreas de cooperación, pero el problema es el siguiente: Cuando el fenómeno de una descomposición o amenaza al Estado sobrepasa una fuerza policial, como es el caso de los países andinos, las fuerzas armadas se involucran en el fenómeno, pensar entonces en hacer policías a los militares o militarizar a los policías no es verlo desde una perspectiva correcta. La situación actual en los países andinos y en Centroamérica es que por necesidad del Estado, las fuerzas armadas han tenido que aplicar su doctrina, su estrategia y sus acciones operacionales contra esta amenaza como la narcoactividad, porque no es la amenaza de una pandilla actuando contra la Policía, es una conspiración con grandes cantidades de dinero, con grandes recursos tecnológicos que sobrepasa a veces las mismas fuerzas del Estado, por lo tanto el hecho de ver que misiones contra la narcoactividad y el terrorismo tengan que ser actuadas por las fuerzas armadas, no es nada descabellado ni una invención de los militares para subsistir en un sistema nacional, sino que es la necesidad de un Estado para poder sostenerse como un Estado.

Desde ese punto de vista usted considera que ante estas nuevas amenazas, no es necesario plantearse reformas constitucionales para darle un contenido diferente al Ejército, porque en su opinión ya la Constitución contempla que cuando los fenómenos sociales sobrepasen la capacidad de la Policía, el Ejército asume responsabilidades. No lo ve tan dramático el cambio.

No es tan dramático porque la Constitución establece que el Ejército preserva la seguridad nacional y que el presidente de la República hace uso de este instrumento cuando hay casos de desastres, crisis internas o guerras, ya está en la Constitución, partiendo de eso es que las reformas al Código 181 de 1995, asume ya en la ley militar, determinadas misiones que nosotros coadyuvamos con la Policía en la lucha contra el terrorismo y la narcoactividad, pero en la Fuerza Naval, porque no pueden haber dos fuerzas navales, una de la Policía y otra del Ejército.

Hay otro planteamiento, que es económico: Este es un país pobre que no tiene recursos para manejar dos fuerzas, que cada vez requieren de mayores recursos, de mayor tecnología porque estamos frente a un ejército poderoso como el narcotráfico, de ahí el planteamiento de “un solo ejército”, de una sola institución que vea ambas cosas, ¿qué tan fuerte es para usted esa propuesta? ¿La aceptarían?

Planteada así esa pregunta, hay que ir a reformar la Constitución que establece un Ejército y una Policía, pero el problema no está en ver que la Policía y el Ejército podrían hacer las mismas cosas, como estaban antes, se pierde la esencia de la especialización de lo que es un instrumento del Estado, lo que el Ejército irá renovando a futuro, modernizándose, no de cara a un combate regular entre Estados, aunque tenemos problemas limítrofes, pero lo que nosotros estamos planteando es que el Ejército, con los recursos que tiene, es que el Ejército hace la vigilancia en el mar para la flota pesquera nacional y al mismo contra la narcoactividad, entonces aquí hay un cuerpo especializado que es altamente tecnificado que es la Fuerza Naval que ya está constituido, entonces para qué comenzar a discutir desde dónde se va a originar un mando si todos dependen del jefe supremo que en este caso es el presidente de la República. Desde el punto de vista de la seguridad en el campo, nosotros apoyamos a la Policía porque la Policía tiene que concentrarse en los aspectos torales de las misiones de seguridad ciudadana más sentidas en las grandes ciudades, de tal forma que si se ve simplistamente que el Estado se ahorraría recursos, pero si se ve desde la perspectiva de Estados modernos y de misiones especializados con cuerpos especializados, lo más correcto es estar a como estamos ahora y en el camino ir desarrollando modalidades de cooperación y de perfeccionamiento que le permitan al Estado mejorar la lucha contra estos flagelos y no replantearse una reingeniería donde volvamos a ser lo que teníamos en 79, que todo estaba bajo un mismo mando militar porque eso confunde las misiones y las perspectivas de los funcionarios militares y policiales, no se puede hacer una combinación de ambos para que un solo cuerpo vea dos cosas distintas.

Este tema de la reestructuración del Ejército, ¿cómo se expresa dentro del gobierno esta discusión entre civiles y militares? ¿Dónde hay divergencias, dónde hay afinidad?

La discusión del modelo de la defensa nacional pasa por la definición política de lo que es un Estado y qué queremos de que ese Estado tenga como objetivo para los próximo años. La preocupación nuestra es que en el ámbito actual del país, donde entramos a elecciones municipales el próximo año, donde hay una politización de la lucha electoral, porque hay dos partidos grandes en la Asamblea, hay una bancada pequeña y hay la intención de crear un nuevo partido, es que nosotros tenemos que tener cuidado de no irrumpir en el tema de discusión de la defensa nacional bajo perspectivas políticas, sino bajo la perspectiva del Estado Nación que queremos. Usualmente son discusiones que llevan un par de años, pero terminan en la mesa de los Poderes del Estado, del papel de la población acerca de la defensa nacional para que tome conciencia de lo que significa defender su nación y su población.

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