César Grijalva
Un proverbio romano dice que «por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos”. No veo que se arrepientan los sandinistas después del asesinato de miles de campesinos durante la década de oscurantismo y terror de julio de 1979 a abril de 1990.
No veo su arrepentimiento después del robo masivo a las arcas del Estado, del éxodo de nicaragüenses, de la impunidad de decenas de criminales cuyos delitos quedaron en el olvido por la amnistía, del endeudamiento del país en millonadas de dólares y el fraude de las multimillonarias donaciones que el mundo obsequió al pueblo de Nicaragua, pero jamás llegaron a sus manos.
Tal vez sólo algunos representantes de la Iglesia podrían suponer que es cierto el arrepentimiento proclamado por Daniel Ortega. La ley de Withern formula que la suposición es la madre de todos los errores. La Iglesia Católica no puede jugar con millones de vidas humanas que reclaman prosperidad y claman por justicia.
No sé quién dijo que todos los partidos políticos mueren de indigestión por sus propias mentiras. No quisiera ver que nuestra Iglesia sufra de indigestión cuando más se necesita su apoyo moral para nuestro porvenir como nación de paz.