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Acerca de la relación entre la moral y lo genital

Luis E. Duarte

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Acerca de la relación entre la moral y lo genital


Luis E. Duarte




Puedo contar con los dedos de una mano las clases de educación sexual que tuve en mi vida de estudiante. Recuerdo la polémica que tuve con mi profesor de cuarto grado cuando le aseguraba casi poniendo las manos sobre el fuego, que los hombres como las mujeres tenían vagina. Mucho después y por mi cuenta, descubrí que lo que tienen ambos géneros en común es la vejiga. Desde entonces he conocido mucha gente que esperó tener relaciones hasta el matrimonio y muchos otros más que decidieron tener una vida sexual activa. Cada quien tomó la decisión que le pareció correcta, pero al fin de cuenta el éxito o fracaso de sus relaciones ha dependido de otras cosas más que de sexo.

Me sorprende sin embargo que un libro de educación sexual propuesto por el Ministerio de Educación cree tanta polémica bajo el lema de conservar “valores y tradiciones” culturales. No creo que las personas que tienen relaciones sexuales sean seres humanos sin valores y que los o las vírgenes tengan mejores valores que los demás, por el simple hecho de no haber tenido sexo.

Por otra parte, cuando se trata de escoger el camino de la vida privada los valores no son colectivos sino individuales. Es un derecho humano buscar la felicidad y no se puede negar o criticar la manera en que alguien maneja su vida íntima. Las personas que están orgullosas de la cultura de doble moral no se dan cuenta que los valores de una sociedad son consensuados de manera que dignifiquen a la sociedad y a todos sus integrantes por igual, sin repetir historias que un adolescente de hoy en día no cree, ni comparte.

Con o sin educación sexual los jóvenes van a decidir por su propia cuenta tener o no sexo, porque entre otras cosas mi generación y las que me siguen consideramos que más importante que el sexo es el amor. Tener relaciones o no, ni siquiera depende de tu educación religiosa o familiar, sino de tu decisión individual.

Algunos de los viejos “valores” justifican que los hombres puedan tener uso de una moral diferente sin ser criticados, mientras las mujeres se reducen a objetos o se denigran cuando deciden hacer lo mismo que ellos. Muchos desearan tener a la mitad de la población económica activa en la cocina, estas personas prolongan el lema chauvinista que las no vírgenes son unas cualquiera, entre muchas otras cosas del tradicional machismo.

Todo eso forma parte de una cultura de falsa sexualidad. La realidad es otra. Antes de los 25 años el 85 por ciento de las nicaragüenses en el campo y el 70 por ciento en la ciudad han convivido con alguien por lo menos una vez, según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP). De igual manera, en Nicaragua la mayoría de las mujeres decide más por la unión de hecho estable (33 por ciento) que por el matrimonio (26 por ciento). La mitad de las mujeres de Nicaragua inician su vida sexual antes de los 18 años, de ellas el 14.4 por ciento lo hace antes de cumplir 15 años ( según estudios del PNUD). A los 19 años más del 45 por ciento de las adolescentes ya son madres, están embarazadas o lo han estado alguna vez. Según el Minsa, 30 por ciento de los embarazos se registra en mujeres adolescentes (entre diez a 19 años). Una encuesta de la Universidad Centroamericana indicaba que algunos adolescentes preguntan todavía si alguien se puede embarazar con besos.

Pese a este comportamiento “no tradicional” de gran parte de los jóvenes, los mismos estudios indican que gran mayoría desea tener una familia y la consideran como figura de reconocimiento social, lo cual contradice la crítica de muchos de que una vida sexual activa es un peligro para la institución familiar.

La moral no está en los genitales. Valores universales que deben ser enseñados sin miedo son el respeto, la solidaridad, la honestidad, la sinceridad entre personas y el amor de pareja.

Cabe señalar que en un país multiétnico y multicultural como Nicaragua, las tradiciones y los valores no son únicos para todos. En este caso, no se puede pretender vender a una comunidad tan divergente como la nuestra un esquema de valores único y centrado en un grupo cultural muy específico. La mentalidad de los nicaragüenses no sólo está dividida en Atlántico y Pacífico, y entre católicos y protestantes, sino también entre campo y ciudad, norte y sur, pero particularmente entre jóvenes, adultos y adultos seniles.

La función de la escuela no es transmitir valores, peor si tienen marcadas tendencias religiosas o que llevan al estudiante a prejuicios por su comportamiento privado. La escuela debe brindar información de carácter científico y promover valores que sean válidos para todos los criterios, es decir, la tolerancia, el respeto mutuo y la convivencia con el otro, a pesar de ser y pensar diferente. La escuela no debe pedir ingenuamente a los jóvenes que no tengan sexo y está obligada a dar información sexual y sobre sexualidad porque es un derecho humano, el derecho a una educación integral y laica, aunque procurando respetar a aquellos adolescentes que han decidido la castidad como una opción individual.

El autor es periodista.