Jaime A. Pastora R.
Leí en LA PRENSA (8 de agosto) el artículo “Ganaderos aprenden a controlar la mastitis en bovinos”. Nicaragua es un país agrícola y ganadero por sus características naturales, como tipo de suelo, clima, regiones donde están bien definidas las estaciones lluviosas, secas y otras donde llueve todo el año, o no llueve del todo.
Sin embargo nuestros gobernantes no han tenido la sabiduría de implementar políticas serias y transparentes para explotar técnica y científicamente lo que el gran Arquitecto del Universo o la Naturaleza nos ha dado en abundancia.
Nuestra población es mayoritariamente campesina y nuestros ganaderos, sobre todo los chontaleños, saben mucho de ganadería. Aquí viene cualquier Chico de los Palotes y hace alardes porque encontró una vieja enfermedad en nuestra ganadería, como la mastitis. Cualquier vaquero sabe lo que es la mastitis y es imposible un censo que determine cuántas vacas se encuentran afectadas a nivel nacional, ya que no es una enfermedad perenne. Una vaca puede tener mastitis hoy, y dentro de una semana estar completamente sana si se implementa un buen tratamiento médico.
Es imposible contrarrestar la mastitis sin antibióticos. Tampoco es necesario un laboratorio para el control de la enfermedad, cuya instalación requiere una inversión de cinco a seis millones de dólares. Lo que se necesita es implementar un buen programa de sanidad animal y buenas medidas de higiene. Cualquier técnico o profesional agropecuario conoce las medidas profilácticas para la prevención de la mastitis, pero que el ganadero, el vaquero o el peón las pongan en práctica eso son otros cien pesos.
La mastitis es una enfermedad antigua en el hato de Nicaragua y no es la más grave.
La enfermedad más grave de Nicaragua es la pobreza.