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“Mercados exigen máxima velocidad para competir”

Uno de los peores defectos de las economías latinoamericanas es esperar y eso ha sido denominado por este especialista como “síndrome del embarazo constipado” y en el marco de los tratados comerciales, que obligan a buscar la competitividad esa actitud debe cambiar y orientarse hacia el aprendizaje de los que han alcanzado el éxito. María […]

  • Uno de los peores defectos de las economías latinoamericanas es esperar y eso ha sido denominado por este especialista como “síndrome del embarazo constipado” y en el marco de los tratados comerciales, que obligan a buscar la competitividad esa actitud debe cambiar y orientarse hacia el aprendizaje de los que han alcanzado el éxito.

María Antonia López Manzanares [email protected]

Este especialista estará en los próximos días en Nicaragua transmitiendo sus enseñanzas. Durante la entrevista telefónica que sostuvimos es fácil percibir que se trata de un señor de trato amable, lo que probablemente le ha servido de mucho para llegar a quienes le interesa adquieran sus vastos conocimientos sobre la dirección empresarial.

Sin embargo, inmerso en todos los cambios de la economía mundial, era una oportunidad para aprovechar que Miguel Ángel Cornejo vertiera sus opiniones sobre la nueva relación comercial que Centroamérica quiere establecer con Estados Unidos mediante un Tratado de Libre Comercio y de paso aprovechar la experiencia mexicana para despejar algunas dudas sobre lo que ha significado para su país una situación similar durante diez años.

La experiencia mexicana en su TLC con Estados Unidos al parecer ha tenido algunos inconvenientes y eso se ha transmitido en temores hacia la región centroamericana. ¿Podría decirse que debido a eso México está retrocediendo en lo acordado con el país vecino?

No es que se esté retrocediendo. Lo que sucede es que en todas las sociedades hay algunos grupos disidentes porque esta apertura comercial les perjudica, pero el Tratado de Libre Comercio sigue sellado, no se puede renegociar, sigue avanzando. Pero la balanza de estos años es favorable. México incrementó considerablemente sus exportaciones con Norteamérica.

Por supuesto, la actividad económica también se vio favorecida con el Tratado. Los empresarios que se negaron a modernizarse y a tener un cambio de actitud frente a la competencia son los que se quedaron rezagados y son los que seguirán protestando.

Ahora, obviamente la globalización, es un fenómeno inevitable. Estamos globalizados en marcas, en productos y sigue avanzando inexorablemente, y los que se oponen tienen una guerra perdida.

¿Qué alternativas pueden tener esos sectores rezagados, no se pueden recuperar?

De hecho no sólo América Latina, sino el mundo entero se está dividiendo en rápidos y lentos. Ya no es que el pez grande se come al chico… sino el veloz le gana al lento. Hay países grandes, con fortalezas económicas, pero que se han visto lentos frente a la nueva competencia. Estamos frente a tiempos de máxima velocidad para estar al mismo nivel competitivo.

En estos momentos lo que sucede es que hay productos con calidad muy superior a los producidos por otros con menor calidad que compiten en el mercado. Eso obliga al empresario a pensar en modernizarse, buscar fusiones, colaboraciones, no sólo para competir sino enfrentar esa nueva fase del mercado.

Lo que debemos tener es un cambio de actitud, porque no cambiaron las reglas del juego, sino el juego completo.

La velocidad es la marca esencial para estar a la altura de la nueva competencia.

Pero en este asunto de la competitividad, ¿cómo pueden los países pequeños como los centroamericanos alcanzar ese nivel frente a los fuertes como Estados Unidos?

En esencia la competitividad empieza con un cambio de actitud mental. No debemos temer tanto a la competencia, como a nuestra propia incompetencia y aquí lo que tenemos que hacer es aprender de los mejores.

Hay una pregunta que debemos hacer ¿de dónde se aprende más: del fracaso o del éxito? Usualmente la mayoría de las personas dicen que se aprende más del fracaso. Alfred Nóbel, decía: “El hombre verdaderamente inteligente, aprende más del fracaso que del éxito”.

Nada más que el señor se dio un baño de pureza, porque puso un ser verdaderamente inteligente. Hay personas que fracasan y fracasan y nunca aprenden nada.

Por ejemplo, una persona que pone su automóvil en reversa y choca contra un poste, la primera reacción de esa persona es voltear a ver si alguien lo miró y si es así sonríe porque el del error fue él, se baja, ve la cajuela apachurrada e insulta al poste. Aquí la pregunta, es que si habrá aprendido algo después de ese accidente.

El gran desafío es aprender de los que ya tuvieron éxito. La lección que dio Japón a nivel mundial en los años 50 es que fue el enano que se subió a los hombros del gigante, porque era no competitivo, tenía el 40 por ciento de la ciudad destruida, tenía dos millones de muertos, un ingreso per cápita anual de 20 dólares anuales y se preguntaron “¿qué hacemos?” y la repuesta que encontraron fue “tenemos que aprender”, luego pensaron “¿y de quién vamos a aprender?”, lo hicieron de los que ya lograron el éxito, porque ellos ya trazaron la ruta.

Entonces, eligieron a los mejores para hacer cámaras fotográficas y se fueron a Alemania a aprender, lo mismo sucedió con los automóviles y aprendieron de los americanos, saben hacer relojes porque aprendieron en Suiza. Es lo que se empezó a practicar en México. Nos tenemos que juntar para aprender de los mejores, y es un principio muy sencillo “engancharse a una estrella”.

Los centroamericanos tienen que aprender e identificar quiénes les pueden enseñar. Aunque hay una colegiatura que deben pagar y se llama “humildad por aprender”. En estos países de América Latina muchas veces no se da porque el éxito causa envidia, es un mal endémico, porque no sabemos admirar a los que han triunfado, es un inconsciente colectivo.

Si bien se necesita aprender de los que han alcanzado el éxito, también se requiere de algún aporte, y en este caso debe ser financiero, porque es allí donde al parecer se tienen más problemas para echar a andar un proyecto.

Lo que sucede es que el gran secreto es pensar en grande y empezar en pequeño. Uno de nuestros clientes es una empresa de supermercados, ahora es calificado como una de las mejores del mundo. Cuando ellos iniciaron no tenían el capital de una empresa americana, pero aplicaron principios de valor agregado, de servicio al cliente, de velocidad de respuesta, de valores como la entrega puntual, la cortesía, las actitudes. Finalmente, les fueron dando fortaleza, prestigio, autogeneración de fondos.

Otro ejemplo son los chilenos, que obviamente nos sorprenden. Hay que ver el proceso que siguieron las empresas que tenían tecnología atrasada, falta de recursos y empezaron a aliarse, a buscar recursos con empresas locales e internacionales para aprender.

No esperaron a que viniera un torrente de dinero, porque de nada serviría si la actitud de la gente no ha cambiado. Le puede entregar una máquina a una persona con una actitud negativa y le garantizo que va a destruir la máquina. No se requiere solamente de dinero, sino de capital emocional para enfrentar un reto.

¿Quiere decir, entonces, que Centroamérica debería abrirse totalmente a Estados Unidos, o debe cuidar su producción nacional, aplicar aranceles y otras medidas?

Hay una cosa que puede ser una miopía enorme. Creo que no puede ser una apertura del 100 por ciento, hay segmentos que van a tardar más de poder estar a la altura de una competitividad. Y esos segmentos pueden ser lanzados porque ya están preparados para ello. Es un programa gradual. México de hecho está haciendo un programa gradual. Todavía no se pueden importar coches de Estados Unidos porque perjudicaría mucho la industria automotriz nacional.

El motivo de conflicto ahorita en México, es la apertura agrícola, han pasado ya diez años y obviamente las reformas para apoyar al campo mexicano no se han dado a la velocidad necesaria. Pero no es un problema del empresario mexicano sino también del gobierno para ir haciendo que sus reformas estructurales de leyes y ordenamiento faciliten las oportunidades en las cuales los sectores formen alianzas para enfrentar esta nueva competencia.

Hace diez años en uno de mis libros anuncié que íbamos a perder el 50 por ciento de nuestras empresas, pero perdimos el 60 por ciento. Me quedé corto. Y eso fue porque muchas empresas se quedaron esperando, no motivaron el cambio.

En América Latina tenemos el síndrome del “embarazo constipado”, siempre estamos esperando un milagro que nos resuelva la vida. Y esto no es de esperar sino hacer que las cosas sucedan. No se requiere de enfrentar el cambio, sino de ser líder del cambio, provocar el cambio dentro de la empresa para estar a la altura de los nuevos tiempos.

¿Por dónde cree que debería orientarse la negociación de las siguientes rondas del TLC Centroamérica-Estados Unidos?

Debe buscarse una fortaleza dentro de la propia zona. Se deben prestar apoyo entre las empresas de la región y América Latina. Tienen que hacer alianzas.

El Plan Puebla Panamá es un ejemplo, los empresarios mexicanos que se han metido en esta modernidad están apuntando hacia los mercados centroamericanos porque su objetivo es llevar un mejor precio de su producto a nivel local, pero habría que pensar en hacer esas alianzas.

Nosotros como mexicanos ya lo hemos vivido. Cuando entramos al TLC con Estados Unidos éramos monoexportadores, pero esos ingresos provenían del petróleo, pero ahora el 90 por ciento de las exportaciones está diversificado. Nos obligaron a buscar otros mercados.

A Nicaragua particularmente le interesa el sector agropecuario, porque es allí donde se fundamenta su economía. Estados Unidos ha optado una posición de no negociar la reducción de subsidios a sus productos agrícolas. ¿Eso le significará pérdidas a este país subdesarrollado?

Por supuesto. Todos los segmentos agropecuarios en el mundo tienen desventajas por sí solos. Por ello se trata de darle valor agregado a la materia prima. No es lo mismo exportar bananos o fresas que mandar mermeladas.

La búsqueda de agregarle inteligencia a la materia prima nacional es donde está el cambio. Resulta curioso que los países más pobres a nivel mundial son los mayores productores de materia prima natural.

Hay países como Suiza que no tienen los recursos naturales suficientes, pero ellos exportan marcas no productos. El gran desafío es cómo agregar materias primas ya elaboradas con valor agregado que es lo que hace la gran diferencia.

Pero Estados Unidos debería flexibilizar su posición al menos con los países centroamericanos…

Nosotros estamos padeciendo lo mismo. Sabemos que el granero del mundo es Estados Unidos, obviamente, a la infraestructura legal y financiera que tienen no hay país que le pueda comparar.

Pero también tenemos que pensar que no son el único mercado del mundo. Tenemos uno en Europa, Asia, otro regional. Muchas veces nos eclipsa mirar hacia el norte cuando al sur tenemos una gran cantidad de oportunidades.

ESPECIALISTA DE ESPECIALISTAS

Es fundador de una entidad educativa que lleva su mismo nombre y del Colegio de Graduados en Alta Dirección en México.

Ha escrito una serie de libros relacionados al liderazgo, la productividad, calidad total, y en esencia la calidad humana.

De estos centros de estudio ha logrado promocionar a más de 20 mil egresados.

Recibió la Gran Medalla de la Excelencia Europea.

Ha participado en más de cuatro mil quinientas conferencias en el mundo, por lo cual es considerado como el más escuchado en esos temas.

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