Fernando A. Malespín Ferreti
Si abandonaran el país los caudillos Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, ¿Nicaragua encontraría por fin el camino de la felicidad? La respuesta es no, porque las instituciones del Estado son conducidas por sus incondicionales causantes del caudillismo que es un cáncer para la nación. El pacto histórico más dañino para Nicaragua ha sido el celebrado secretamente entre el aspirante a caudillo y los políticos inmorales que le ofrecen lealtad hasta la muerte a cambio de repartirles los bienes del Estado. Entre más grande es el botín más virtudes descubren a su caudillo los cómplices de la corrupción.
El Poder Ejecutivo debe impulsar reformas a las leyes para que desaparezcan de las instituciones del Estado todos los parásitos nombrados de dedo y los cargos profesionales honestos y capaces que rindan cuenta de sus actos a la nación y no a los caudillos.
Es urgente romper las cadenas que atan la cultura política y renovar el liderazgo con sangre nueva impregnada de valores morales.