José María Uriarte
Después de leer el artículo Educación básica y competitividad, del economista Juan Ramírez, me quedé buscando al final el letrero de “continuará”, pues la parte medular no la pude encontrar. El economista de marras pasa de la obviedad a la contradicción. Todo el mundo está consciente de la relevancia de la educación básica, salvo quizá los miembros del CNU; sin embargo, ante el lujo de República Dominicana que según el autor contrata sólo bachilleres en los sectores farmacéutico y electrónico, Nicaragua contrata abogados como cajeros de banco o ingenieros industriales para distribuir pizzas. Entonces entra en juego una variable que nuestro economista parece soslayar, y es la pobreza y el desempleo que mientras no se solucionen toda inversión en capital humano se echará en saco roto.
El sistema educativo nicaragüense está tan deteriorado que si la inversión per cápita se equiparara con la de Costa Rica la calidad de la educación no se elevaría ni en un 15 por ciento. Asimismo, sobre el incremento de recursos internos y externos que señala Ramírez, no hay que ir muy lejos. En la edición del lunes 8 de septiembre de LA PRENSA, se publicó una nota sobre la sub-ejecución presupuestal de muchas entidades de Gobierno, entre ellas el Ministerio de Educación. Esto me hace temer que si la comunidad internacional pusiera a la disposición del Ministerio de Educación 250 millones de dólares, lo más probable es que sus funcionarios se pongan a llorar o corran a contratar un contingente de consultores especializados que les ayuden a gastarlos.
Aprendiz de economista.