Irving Prado
Hace unos años los vecinos de la rotonda Los Cocos, en Altamira D’Este, en Managua, nos sentíamos tranquilos porque vivíamos en un lugar sano donde nuestros niños podían salir a jugar sin ningún problema, y los viejitos salirse debajo del palo de acacia a refrescarse un poco en los calores de Semana Santa
Pero la instalación de una radioemisora acabó con la tranquilidad. El tráfico insoportable de música a todo volumen proveniente de un taxi o de cualquier otro vehículo que visita la radio a cualquier hora del día, tuberías de aguas negras rotas de vez en cuando, hicieron de aquella pacífica rotonda un infierno.
Lo peor de todo no es el ruido, ni los carros, sino que no hay nadie que responda ante estas anomalías. ¿Ante quien quejarse?, es la pregunta que nos hacemos los vecinos.
Dicen que el señor Fausto Carcabelos —recién nombrado presidente de Telcor— fue puesto para resolver muchos de los problemas de dicha institución. Ojalá pues que además de poner fin a esas anomalías promueva una ley que obligue a los dueños de radios instalarse en áreas no residenciales, para que no perjudiquen a los demás. Una ley basada en el principio de que “el respeto al derecho ajeno, es la paz” quebrantado en la rotonda Los Cocos.