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La conciencia crítica
El Vicepresidente de la República, doctor José Rizo Castellón, oficializó el martes pasado sus desavenencias con el presidente Enrique Bolaños y se autoadjudicó el rol de “conciencia crítica” del Gobierno, según reportó LA PRENSA en su edición del miércoles recién pasado.
Pero el vicepresidente Rizo no puede adjudicarse ni ejercer semejante función. En realidad, ningún político y mucho menos quien ejerce un cargo gubernamental —aunque esté peleado, distanciado, resentido o lo que sea con el Presidente de la República— podría ser la conciencia crítica del Gobierno, sencillamente porque ésta no es una función política, ni siquiera jurídica, sino una cualidad ética.
Y menos autoridad moral para ser conciencia crítica del Gobierno tiene el vicepresidente Rizo, al hacerse acompañar en su pronunciamiento público contra el presidente Enrique Bolaños, por quienes representan y defienden a una persona acusada de cometer graves abusos de poder, el ex presidente Arnoldo Alemán, quien gracias a la denuncia de los medios de comunicación independientes y a la lucha del presidente Bolaños contra la corrupción, se encuentra ahora procesado y encarcelado.
La conciencia, como se sabe, es la facultad moral de distinguir entre el bien y el mal, en tanto que la crítica es el arte, fundado en una indiscutible autoridad ética, de juzgar con certeza las acciones de los demás. De manera que conciencia crítica es la facultad y la capacidad al mismo tiempo de enjuiciar el comportamiento del otro, en este caso del Gobierno, para lo cual es indispensable tener una reconocida e incuestionable autoridad moral.
Sólo la sociedad puede ser conciencia crítica de los gobernantes que ella misma elige para que bien administren el interés público. Pero como la sociedad, como suma o totalidad de los habitantes de la nación no puede por sí sola ejercer la función de conciencia crítica, delega esta capacidad en el instrumento mas idóneo que hay en un país libre, como es la prensa independiente. Aunque no todos pueden desempeñar ese delicado rol moral, sólo los que ejercen la libertad de expresión e información de manera ética, profesional, responsable y veraz.
La verdad es que el conflicto del vicepresidente Rizo con el presidente Bolaños es sólo una pelea ordinaria por poder y esferas de influencia gubernamental. Y sin duda que el doctor Rizo tiene derecho a reclamar un pedazo mayor del pastel gubernamental, o al menos funciones efectivas en la Administración Pública. A lo que no tiene derecho es a querer engañar a los ciudadanos con el cuento de que su asociación con el arnoldismo significa ser conciencia crítica del Gobierno.
En el sistema político de Nicaragua, la función del Vicepresidente de la República es inocua pero al mismo tiempo compleja y paradójica. El mal arranca desde que la Vicepresidencia es ocupada por una persona que fue rival del Presidente en la lucha dentro del partido por la candidatura presidencial. En consecuencia, es inevitable que el Presidente mire a “su” Vicepresidente como una sombra amenazante que está al acecho de su fracaso o desaparición por cualquier motivo, para sustituirlo en el puesto de mayor poder institucional, y de mejor remuneración.
De manera que la relación entre ambos personajes oscila entre la lealtad y la deslealtad del Vicepresidente, pero también entre la confianza y la desconfianza del Presidente, así como en el incesante cuestionamiento del Vicepresidente a lo que dice y hace el Presidente.
Ahora bien, así como es irrelevante el cargo vicepresidencial tampoco los pleitos del Presidente con el Vicepresidente le importan un comino a los ciudadanos, que sólo quieren que los dos empleados públicos mejor pagados de Nicaragua trabajen con eficiencia y honestidad en el desempeño de sus cargos.
Por otro lado, el Presidente no puede despedir al Vicepresidente como si fuera uno de sus ministros, ni el Vicepresidente puede obligar a aquél a que le reconozca funciones y privilegios que no están establecidos en la Constitución y la ley común. Sin embargo, con un poco de responsabilidad y voluntad de servicio ellos podrían establecer una relación de complementariedad y confianza, en vez de la rivalidad conspiracionista que los enfrenta ahora.
Por supuesto que esto es fácil de decir, pero muy difícil de hacer, sobre todo entre políticos como los de Nicaragua.