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El General de Hombres Libres

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El gran mérito histórico del general Augusto C. Sandino fue sin duda haber dirigido la lucha armada contra la intervención militar de Estados Unidos, en defensa de la soberanía nacional.

Por eso el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Director Mártir de LA PRENSA, escribió que: “Dígase lo que se quiera de él, Sandino es el más grande héroe de nuestra Patria en los tiempos modernos y su memoria debe ser guardada con cariño en el corazón de todo nicaragüense”.

Sandino nació el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, Masaya, como hijo fuera de matrimonio de don Gregorio Sandino y Margarita Calderón. Vivió hasta la adolescencia junto a su madre, pero el padre siempre lo reconoció y finalmente lo llevó a vivir a su hogar. Entonces Augusto Calderón adquirió como primer apellido el de su padre, Sandino, quien era un hombre de ideas liberales y dueño de una regular biblioteca, en la que el joven Augusto pudo saciar sus inquietudes intelectuales.

Por una pelea personal Sandino huyó del país en 1920 y se fue a La Ceiba, Honduras, donde trabajó como mecánico. Después viajó a Guatemala. Allí estuvo por un corto tiempo, y en 1923 llegó a Tampico, México, donde trabajó en una empresa subsidiaria de la South Penn Oil Company, primero, y en la Huasteca Petroleum Company, después.

En México Sandino se impregnó de las ideas anti-imperialistas que estaban en boga en ese país, y le molestó la intervención de Estados Unidos en respaldo de un levantamiento militar, en Veracruz, de Adolfo de la Huerta, contra el gobierno revolucionario.

En 1926, estando convulsionada Nicaragua por la guerra civil de los liberales contra los conservadores, Sandino regresó al país y se fue a Las Segovias, donde se colocó como trabajador de la mina San Albino. Organizó a los obreros de dicha empresa minera y creó una pequeña banda armada de 29 hombres, con quienes el 2 de noviembre de 1926 atacó el pueblo de El Jícaro. Después marchó a Puerto Cabezas donde se puso a la orden de los mandos militares del Partido Liberal, que lo miraron con desconfianza.

Cuando tropas norteamericanas desembarcaron en Puerto Cabezas y la declararon zona neutral, Sandino, ayudado por unas prostitutas porteñas, logró recuperar algunas armas que los liberales habían arrojado a la bahía. De allí partió a Prinzapolka, y luego marchó en el flanco derecho del Ejército Constitucionalista, que avanzaba hacia Managua.

El 4 de mayo de 1927 el general José María Moncada pactó en Tipitapa con el representante de Estados Unidos, Henry Stimson, para poner fin a la guerra, pero Sandino se rebeló y se fue a las montañas con su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, desde donde libró la guerra contra la ocupación militar estadounidense y las fuerzas gubernamentales conservadoras, primero, y liberales, después.

Sandino luchó en Las Segovias hasta el 1 de enero de 1933, cuando terminó la ocupación militar yanqui y llegó a acuerdos con el presidente liberal, Juan Bautista Sacasa. Sin embargo, el jefe de la Guardia Nacional creada por Estados Unidos antes de desocupar el país, Anastasio Somoza García, miraba en Sandino a un peligroso rival y fraguó su asesinato, que se perpetró el 21 de febrero de 1934, en Managua, después de asistir a una cena oficial con el Presidente de la República.

Este texto fue elaborado por Redacción de Opinión, en base a datos recopilados del libro Sandino, de Neil Macaulay.